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Con la llave del miedo


Desde hace algún tiempo se ha sugerido a la población no dejarse dominar por el miedo infundado desde las altas esferas de poder: miedo al terrorismo, al comunismo, al narcotráfico, a la violencia social, al PRD, etc., pero creo que se ha demostrado que existen otros miedos, los miedos de los gobernantes.

Recientemente la Asamblea Nacional sesionó “a puerta cerrada”, “custodiada” por la fuerza pública, para aprobar el proyecto de Ley denominado “Ley Langosta”, que reforma 6 leyes y tres códigos nacionales, debido a la incapacidad de sustentar la causa de este muy sui géneris proyecto de ley, que provocó el rechazo de la ciudadanía a dicho proyecto, incluso de sus beneficiarios. En esas sesiones la mayoría de los diputados se limitaron a votar a favor del proyecto y no a sustentarlo.

Esta conducta denota mucho miedo. Miedo de los gobiernos a consultar con la ciudadanía y no poder “lucirse” como el gran hermano, que todo lo puede y que es capaz de resolver cualquier problema. Miedo a que surjan en las discusiones y consultas ciudadanas verdaderas, las limitaciones conceptuales, profesionales e ideológicas de que puedan carecer algunas autoridades. Miedo a que se les arrebate el “liderazgo” ganado en grandes batallas mediáticas, huecas de contenido y por supuesto de rigor científico, miedo a que se expongan sus limitaciones en el manejo de la cosa pública, y por supuesto, miedo a no concretar aspiraciones personales desde del poder.

Los miembros de nuestro órgano legislativo están secuestrados en la cárcel de muchos miedos y por eso prefieren sesionar sin ningún debate, haciendo de nuestra todavía incipiente democracia, algo muy frágil. Son presos del miedo a no contar con el beneplácito del Ejecutivo y en consecuencia, no manejar prebendas, canonjías y sobre todo, dinero, para bien de la comunidad o de ellos. Ese miedo es tan grande, que cualquier barbaridad que se les ordene, ellos siempre han estado dispuestos a convertirlas en ley, por lo menos desde 1983 hasta hoy, aún si la población entera se manifiesta en contra de tal iniciativa como en el caso de la “ley langosta”; la “ley carcelazo”, eliminación de carreras públicas, etc.

América Latina superó las dictaduras militares, produjo en las urnas gobiernos de todos los colores y tendencias ideológicas pero siempre desde la colonia, combatió con las armas o las ideas, los autoritarismos. Por eso el caudillismo fue enterrado en el pasado; ahora es tiempo de gobernar con la sociedad, porque los problemas sociales son permanentes y los gobiernos pasan, y porque el conocimiento difundido por la comunicación globalizada no es exclusividad de nadie. Los que no entienden esto y sólo quieren satisfacer vanidades o intereses materiales, gobernarán desde la cárcel de sus conciencias, cerradas, como dijo Rubén Blades: ¡con la llave del miedo!

101 años de Panamá América

 
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