Con la misma vara, y una cuarta más
Con un descaro increíble, cuando el PRD asumió la administración del Estado después de su escuálida victoria electoral de 1994, sus más conspicuos voceros entonaron un coro monocorde y sumiso, orquestado desde el Palacio de las Garzas para desacreditar al gobierno que presidió Guillermo Endara.
Para los fines de su propaganda, todos los males de la República se los achacaron al gobierno de la ADO-Civilista, que había logrado rescatar un país arruinado, como resultado del contubernio entre los cuarteles y sus obsecuentes colaboradores del PRD.
Sin el menor rasgo de decencia política, después de recibir la administración del Estado en mejores condiciones que ningún otro gobierno de nuestra historia, y que eran diametralmente opuestas al desastre que imperaba en 1989, el gobierno Pérez Balladares dedicó sus primeros, sus segundos y todos sus esfuerzos a menoscabar la gestión de su predecesor.
Esa estrategia perseguía : 1) limpiarse de las lacras de su pasado político 2) encubrir sus propios fracasos, trasladándoselos a sus opositores 3) ocultar su agenda contraria a los intereses del pueblo que había prometido "llevar al poder" y 4) allanarse el camino hacia la reelección.
Cuando su líder y sus seguidores quedaron al descubierto y el pueblo sepultó bajo una avalancha de rechazos las pretensiones reeleccionistas, entonces el PRD adoptó una doble agenda :
1) cambiaron a su abanderado y le cambiaron el discurso, para tratar de confundir al electorado;
2) acusaron a la oposición de desestabilizar al país, cuando los desestabilizadores siempre han sido ellos;
3) mientras creyeron que la reelección prosperaría se vanagloriaban de su gobierno, pero cuando el pueblo la rechazó arguyeron que sólo habían sido seguidores del programa económico del gobierno Endara ;
4) después de haber negociado a espaldas del pueblo la continuación de la presencia militar norteamericana, cuando quedaron al descubierto se transformaron en furibundos nacionalistas;
5) después de haber bloqueado la implantación de la Carrera Administrativa, en los últimos meses de su gobierno desataron un proceso de incorporaciones irregulares ;
6) después de subordinar descaradamente a sus designios toda la estructura del Estado, de repente se volvieron defensores recalcitrantes de la institucionalidad, con el propósito de atarle las manos al nuevo gobierno;
7) después de haber alardeado y abusado de su aplanadora parlamentaria, pretendieron venderle al país el cuento de la oposición constructiva, basada en su control de la Asamblea Legislativa;
8) estuvieron dispuestos a venderle su alma al diablo para controlar la Asamblea y la Contraloría, pero cuando se les frustró la jugada se declararon supuestos partidarios de la gobernabilidad, aunque su verdadero propósito es sabotear y entorpecer al nuevo gobierno, para pavimentar el retorno al poder.
Sin razón y con saña, el PRD hizo escarnio de un gobierno que no sólo había rescatado al país que ellos habían contribuido a destrozar, sino que había sido, cándidamente a mi juicio, excesivamente condescendiente y generoso en la denuncia de sus fechorías.
Después de haber gobernado por cinco años, con los resultados desastrosos que están a la vista, como forma de precaverse contra el escrutinio público de su gestión, vuelven a la doble agenda y ahora se visten con ropaje de víctimas y de defensores de la justicia y la institucionalidad. Y hasta se atreven a considerarse injustamente atacados cuando se les pone al descubierto.
Las intenciones de los verdaderos dirigentes del PRD (los que están tras las bambalinas, pero que ya comienzan a aparecer) no son otras que las de recobrar el poder. Que nadie se engañe con los falsos propósitos de enmienda. Y para lograr ese fin se vuelven amnésicos, si les conviene o se disfrazan de víctimas, si es necesario.
La denuncia pública y justificada de sus verdaderas intenciones no debe escandalizarles. Sus aspavientos están fuera de lugar.
Si ellos, sin razón, en su momento se prodigaron en la diatriba y en la mentira, por qué reclaman ahora cuando, con razón y fundamento, se denuncia su doble moral política.
Quien se erige en juez no debe olvidar que también será juzgado y que con la vara que mida será medido, y con una cuarta más.
Para los fines de su propaganda, todos los males de la República se los achacaron al gobierno de la ADO-Civilista, que había logrado rescatar un país arruinado, como resultado del contubernio entre los cuarteles y sus obsecuentes colaboradores del PRD.
Sin el menor rasgo de decencia política, después de recibir la administración del Estado en mejores condiciones que ningún otro gobierno de nuestra historia, y que eran diametralmente opuestas al desastre que imperaba en 1989, el gobierno Pérez Balladares dedicó sus primeros, sus segundos y todos sus esfuerzos a menoscabar la gestión de su predecesor.
Esa estrategia perseguía : 1) limpiarse de las lacras de su pasado político 2) encubrir sus propios fracasos, trasladándoselos a sus opositores 3) ocultar su agenda contraria a los intereses del pueblo que había prometido "llevar al poder" y 4) allanarse el camino hacia la reelección.
Cuando su líder y sus seguidores quedaron al descubierto y el pueblo sepultó bajo una avalancha de rechazos las pretensiones reeleccionistas, entonces el PRD adoptó una doble agenda :
1) cambiaron a su abanderado y le cambiaron el discurso, para tratar de confundir al electorado;
2) acusaron a la oposición de desestabilizar al país, cuando los desestabilizadores siempre han sido ellos;
3) mientras creyeron que la reelección prosperaría se vanagloriaban de su gobierno, pero cuando el pueblo la rechazó arguyeron que sólo habían sido seguidores del programa económico del gobierno Endara ;
4) después de haber negociado a espaldas del pueblo la continuación de la presencia militar norteamericana, cuando quedaron al descubierto se transformaron en furibundos nacionalistas;
5) después de haber bloqueado la implantación de la Carrera Administrativa, en los últimos meses de su gobierno desataron un proceso de incorporaciones irregulares ;
6) después de subordinar descaradamente a sus designios toda la estructura del Estado, de repente se volvieron defensores recalcitrantes de la institucionalidad, con el propósito de atarle las manos al nuevo gobierno;
7) después de haber alardeado y abusado de su aplanadora parlamentaria, pretendieron venderle al país el cuento de la oposición constructiva, basada en su control de la Asamblea Legislativa;
8) estuvieron dispuestos a venderle su alma al diablo para controlar la Asamblea y la Contraloría, pero cuando se les frustró la jugada se declararon supuestos partidarios de la gobernabilidad, aunque su verdadero propósito es sabotear y entorpecer al nuevo gobierno, para pavimentar el retorno al poder.
Sin razón y con saña, el PRD hizo escarnio de un gobierno que no sólo había rescatado al país que ellos habían contribuido a destrozar, sino que había sido, cándidamente a mi juicio, excesivamente condescendiente y generoso en la denuncia de sus fechorías.
Después de haber gobernado por cinco años, con los resultados desastrosos que están a la vista, como forma de precaverse contra el escrutinio público de su gestión, vuelven a la doble agenda y ahora se visten con ropaje de víctimas y de defensores de la justicia y la institucionalidad. Y hasta se atreven a considerarse injustamente atacados cuando se les pone al descubierto.
Las intenciones de los verdaderos dirigentes del PRD (los que están tras las bambalinas, pero que ya comienzan a aparecer) no son otras que las de recobrar el poder. Que nadie se engañe con los falsos propósitos de enmienda. Y para lograr ese fin se vuelven amnésicos, si les conviene o se disfrazan de víctimas, si es necesario.
La denuncia pública y justificada de sus verdaderas intenciones no debe escandalizarles. Sus aspavientos están fuera de lugar.
Si ellos, sin razón, en su momento se prodigaron en la diatriba y en la mentira, por qué reclaman ahora cuando, con razón y fundamento, se denuncia su doble moral política.
Quien se erige en juez no debe olvidar que también será juzgado y que con la vara que mida será medido, y con una cuarta más.