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Con los ojos bien abiertos


Cualquiera diría que de lo primero que se cuidaría un presidente electo, sería de cometer los más visibles errores de su predecesor.

Martín Torrijos, aparte de sus muchos pecados del populismo más barato, incumplimiento de promesas, desparpajo en la corrupción pública y demás, le ha escupido al ojo de este pueblo, colocando en los ministerios e instituciones de su gobierno a un rosario de prendas de la dictadura, ni hablar de haberse limpiado con la Constitución, al nombrar militares y ex militares en las instituciones de seguridad pública. Así, la Patria Nueva rápidamente se fue convirtiendo en chiste de caricaturas, un hazmerreír diario, cosa que a sus funcionarios les tocó hacerse de la vista gorda y el rostro de palo.

Es posible que el mayor logro de La Patria Niú haya sido el redefinir la expresión, “caradura”. Entretanto, Ejecutivo y secuaces han mantenido un silencio impávido y cómplice ante las sinvergüenzuras de sus subalternos, irónicamente quemando -cuales “oligarcas”- sólo a los perros más flacos.

Entretanto, la “renuncia” parece ser una figura olvidada o prohibida en la desprestigiada administración del PRD. Ningún grado de exhibida, vergüenza, pena, ni pudor, ha logrado que un solo “politicuaco” de éstos se dé la auto baja de una percha política.

En muchos casos, el desatino de Martín no ha sido tanto lo inadecuado del nombramiento en sí (es decir, que el ungido no fuera legalmente idóneo para el puesto), sino lo que indica el nombramiento sobre el carácter y buen juicio del gobernante, al seleccionar un sujeto cuyo honor, sinceridad, u honradez se encuentren públicamente cuestionados, como para ejercer un puesto con mando y jurisdicción. Cosa que nos lleva al caso de marras.

Respetado Sr. Presidente Electo: Ruego me permita adelantar algunas cosas clave que, al elegirlo, el pueblo panameño (me incluyo) ha afirmado. Primero, este pueblo le ha dicho que NO al PRD. Segundo, a usted se le ha dado tremendo voto de confianza. Estamos seguros de que se cometerán errores en el camino, como es natural y humano; pero confiamos en que tenga la valentía y la humildad para reconocerlos. Y quizás este sea el momento para comenzar. Un nombramiento como el de la Gobernación de Kuna Yala, nos recuerda a un pasado demasiado reciente.

Asimismo, lo que queremos en la Policía Nacional es una solución policial, no militar. Hay otros que el pueblo estará vigilando con ojo justo, pero crítico. No hay vergüenza en recular. La vergüenza estaría en caer en el mismo error dos veces seguidas, con los ojos bien abiertos.

101 años de Panamá América

 
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