Con los ojos siempre al norte
Un 7 de septiembre, pero de 1813, se usó por primera vez el término "Tío Sam" para hacer referencia a Estados Unidos.
Según la creencia popularizada y adoptada como cierta, el origen se remonta a la guerra de 1812, cuando un grupo de soldados que se encontraban en Nueva York recibieron barriles de carne con las iniciales U.S.Am., obviamente correspondientes a las palabras United States of America.
Como parte de una broma, los jocosos soldados tomaron dichas iniciales como las del proveedor y empaquetador de alimentos Samuel Wilson, hombre honesto y de una conducta intachable.
Aparentemente, eso inspiró a los congresales estadounidenses, que el 15 de septiembre de 1961 reconocieron a Wilson como el "progenitor del símbolo nacional" de ese país del norte.
Este "tío bueno" es hoy, junto con la Estatua de la Libertad, la imagen que representa a los Estados Unidos. Un "tío bueno" que desde siempre se lanza al ataque contra aquellos a quienes no puede llamar "sobrinos" y prefiere pensarlos como súbditos maleables. Un tío que poco interés demuestra ante necesidades reales de los países históricamente condenados a la pobreza y a la marginalidad, y demasiado interés por sus ínfulas de gran potencia.
Ninguno de los Estados del Nuevo Mundo que han sufrido por años sembrando semillas independentistas para por fin cosechar su "libertad", olvidará jamás la presión constante ejercida por Estados Unidos, sus intromisiones, sus masacres, su falta de apoyo a países en vías de desarrollo que -mal que le pese- también forman parte de ésta, nuestra América.
El gentilicio de un nacido en Estados Unidos es "estadounidense". Americanos somos todos, desde el Cabo Morris Jesup hasta las Islas Diego Ramírez. Americanos somos todos los que sentimos el orgullo de despertar cada mañana en la América del Sur, Central o del Norte.
Americanos somos todos los que alguna vez lloramos por nuestros hermanos latinoamericanos muertos en invasiones aparentemente "justas", pero siempre con algún objetivo oculto; americanos somos los que continuamos lamentando los miles de desaparecidos durante las dictaduras instauradas mediante golpes de Estado que el Tío Sam ayudó a perpetrar y mantuvo durante tantas décadas de horror.
Americanos somos los que sentimos dolor por encontrarnos siempre amenazados por un tío que vive al acecho de los pueblos más débiles y los que cada día intentamos seguir adelante, sin bajar los brazos, cuando nuestra realidad nos hace llorar de impotencia frente a dos alternativas: mirar siempre al norte o agachar la cabeza.