CONACED: Propuestas y apuestas educativas
Confieso que cuando en el 2004 recibí la invitación de la Presidencia de la República para ser parte del grupo constitutivo del Consejo Nacional de Educación (CONACED), mi primera reacción fue de duda. Por dos razones. La primera, era un entidad inexistente hasta ese momento por lo que no habían referencias ni ubicación de sus reales propósitos. La segunda, era importante ubicar quiénes conformarían el grupo, lo que definiría el perfil de la entidad.
La primera duda me la aclaró el proyecto de Decreto Ejecutivo 1030, que indicaba que sería un órgano consultivo con el propósito fundamental de: ”analizar, orientar y proponer sobre los avances de las políticas de Estado, dirigidas a mejorar la calidad en todos los niveles del sistema educativo, en articulación con los objetivos del desarrollo nacional”. Entendí con esto que, aceptando, podía ayudar a mi país más que a un gobierno, aportando algo al avance al derecho de todos y todas a una educación con calidad y equidad a lo largo de la vida.
La segunda duda se me aclaró de una vez al conocer la trayectoria y compromiso de los integrantes de CONACED, y que además funcionarían ad honorem: Stanley Heckadon Moreno, antropólogo y sociólogo, director de Comunicaciones y Programas Públicos del Instituto Smithsonian de Investigación; Carmen Miró, demógrafa, miembro del Consejo Superior de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO); y presidenta del CELA, Paulina Franceschi, coordinadora del Informe Nacional de Desarrollo Humano del PNUD; Ceferino Sánchez, ex rector de la Universidad de Panamá (UP) y ex secretario nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación; Alma de Fletcher, secretaria ejecutiva del Consejo Nacional de Transparencia; Yauda Kuzniecky, catedrático universitario, miembro de la Junta Directiva de La Prensa y de la Biblioteca Nacional; Andrés Culiolis Bayard, catedrático Titular de Pedagogía en la UP, miembro del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, y la Comisión de Educación de la Conferencia Episcopal Panameña; Vicente Pascual, empresario entusiasta por la educación que falleció; y Olga Sinclair, artista plástica que, por razones de trabajo, tuvo luego que separarse del grupo.
Conformado el Consejo, nos dedicamos a una intensa labor en los últimos años, que nos llevó a conocer mucho y mejor las complejidades de la educación panameña a partir de los estudios existentes, y el contacto interactivo y crítico con funcionarios, educadores, expertos internacionales, y la sociedad civil. De este trabajo reflexivo surgieron dos textos importantes: Un “Documento para la Acción en el Sistema Educativo Panameño en 2006”; y su “Monitoreo y Seguimiento” en el 2008, que brindó información y análisis descriptivos para identificar los avances, debilidades y oportunidades que tiene la gestión técnico-política del Ministerio de Educación para la toma de decisiones y lograr una educación de calidad para todos.
Ya próximo a finalizar la vigencia del Consejo, creo que nuestro esfuerzo y trabajo no fue debidamente valorado, e incluso irrespetado por el Gobierno Nacional. Si no, el Estado lamentable de la educación panameña hoy sería otro. Pero creo que valió la pena por todo lo que aprendimos, y por todo lo que quisimos enseñar de buena fe, a pesar de los oídos sordos y las puertas cerradas de los círculos de poder. Por el contrario, estoy seguro que las semillas de nuestras propuestas y apuestas educativas, lograron animar diversos procesos y espacios de trabajo donde de seguro fructificarán.
(raulleisr@hotmail.com)