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Concertación necesaria


El conflicto que sacude las entrañas de Colombia tuvo dolorosa repercusión en Panamá el 15 de octubre, con la irrupción de fuerzas irregulares colombianas en la localidad darienita de Nazaret. Todo Panamá resonó ante el golpe artero como resuena en una Iglesia el ominoso diapasón de una campanada de rebato.
Nuestro clima tropical tiende a producir indolencia, cuando después de una crisis o de un siniestro el país vuelve a una calma pasajera. En tiempos normales el clima tórrido hace que la despreocupación se acompañe de la imprevisión. Pero en los tiempos que corren estamos comprometidos a ser previsores. Tenemos el deber de desplegar esfuerzos en nuestro quehacer cotidiano para ser activamente solidarios con los panameños y panameñas, que por ser miembros de la Fuerza Pública o por ser habitantes del Darién, deben cumplir una vigilia permanente.
Es imperativo ayudar en la búsqueda de soluciones a los problemas que nos plantea la situación colombiana, singularmente en la región fronteriza. Hace algunos meses, cuando el presidente Clinton fue a Cartagena de Indias para impulsar, junto al presidente Pastrana, el Plan Colombia, hizo un llamado a todos los países vecinos de Colombia para que cooperasen con ese Plan. Después de ese llamado, no ha habido voz autorizada de ninguno de esos países que indique que se preparan para cooperar con el Plan. Deliberadamente se han mantenido a distancia, presumiblemente, por su elevado componente militar. Han manifestado interés en estar conceptual y operativamente libres de todo compromiso con ese Plan, que viene siendo un semillero de debates y controversias.
Brasil, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela, comparten el interés de que se ponga fin al drama de la tierra de Santander con el advenimiento de la paz y la concordia entre los colombianos. Los cinco países comparten, asimismo, el interés de que nuestros respectivos territorios y nuestras poblaciones no sean afectados por el conflicto colombiano. A los cinco países los une, en suma, un interés nacional que justifica una concertación de acciones. Los mueve un interés nacional que hace urgente que "permanezcamos juntos, porque se hace tarde...", como le decía Jesús a los Apóstoles antes de que se iniciara el drama que lo llevó a la cruz.
Los cinco países vecinos de Colombia comparten también intereses en la preservación de la diversidad biológica. Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela, y desde luego, Colombia, tienen intereses comunes en la preservación de la riqueza amazónica. También Panamá tiene en Darién una riqueza en biodiversidad reconocida a nivel mundial, que ha merecido la cooperación internacional con financiamiento de proyectos, cuya ejecución puede verse frustrada por el conflicto colombiano.
La situación en Darién, como lo han expresado voces autorizadas, demanda una acción vigorosa dirigida al fortalecimiento de la Fuerza Pública panameña, a la atención de los problemas sociales y económicos de la provincia y al uso de los recursos que la diplomacia moderna le ofrece al gobierno panameño. En la esfera de la política internacional y de la diplomacia panameña, han germinado ideas y se han hecho propuestas que sin duda son positivas, pero cuyos resultados no tendrían efectos inmediatos.
El giro de los acontecimientos de Darién, en el área fronteriza con Colombia, exige una acción pronta, eficaz y dinámica. En los últimos tiempos se ha puesto de relieve que el problema de los refugiados y de las incursiones de fuerzas irregulares colombianas, son problemas comunes a los cuales tienen que hacerle frente los países fronterizos de la hermana república bolivariana, dándose la coincidencia de que Panamá, Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela, junto con Colombia, tienen abiertas las vías de la consulta y la concertación para, al menos, poner en práctica medidas conjuntas para establecer la paz y la seguridad en sus fronteras.
Con esta finalidad tendría amplia justificación promover fórmulas de consulta y concertación con Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela para hacerle frente a los problemas comunes que confrontan en sus territorios limítrofes con Colombia. Para el logro de este objetivo sería juicioso que una representación oficial de Panamá, en la que participen el Ministro de Gobierno y Justicia, el Ministro de Relaciones Exteriores, El Director de la Policía Nacional y el Director Ejecutivo del Consejo de Seguridad y Defensa del Estado, previos los arreglos pertinentes por los canales diplomáticos, visitaran a los cuatro países que, al igual que Panamá, tienen fronteras comunes con Colombia, a fin de intercambiar información, así como también conocer las medidas de prevención, seguridad y asistencia a los refugiados que se vienen desarrollando en cada una de las jurisdicciones afectadas, para poder formular un plan de acción mancomunado. Una acción de esta naturaleza daría lugar a la cooperación de los organismos internacionales y muy singularmente, de la Oficina del Alto Comisionado de la Oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados.
Los cinco países, al invocar el interés nacional, tendrían razones sobradas para recordar juntos y recordarle al mundo, que existe la OEA, que existe el Grupo de Río, que existe Naciones Unidas. Tanto el organismo regional (OEA), como el organismo mundial (ONU) han sido criticados por sus burocracias que los hace, en ocasiones, llegar tarde a las acciones requeridas. En esas críticas y en las argumentaciones que pretenden sustentarlas nos alejamos de una realidad: la prevención de los conflictos internacionales, el mantenimiento de la paz es uno de los mandatos fundamentales de las Naciones Unidas. En su seno, en la última década del siglo XX, se discutió mucho sobre la necesidad de que las Naciones Unidas solventara los arcaísmos, las limitaciones que le impedían cumplir eficazmente ese mandato fundamental. Se aprobó un documento de indudable valor intelectual y de indudable potencialidad para servir de base a nuevos modos y nuevas funciones para el mantenimiento de la paz en el mundo. Están contenidas en el documento denominado Agenda para la Paz, que fue complementado por una Agenda para el Desarrollo. Naciones Unidas fue coherente al aprobar estos documentos, con la visión de que la paz descansa sobre materias diversas que superan el concepto de que la paz es solamente la otra cara de la guerra.
Se ha dicho que vivimos en una paz americana, garantizada por la hegemonía de los Estados Unidos, que es tan fuerte, tan sólida, tan compleja, que le infunde a esa potencia extraordinaria una dinámica, una autonomía en las decisiones y en las acciones. Ante los peligros que corre la región latinoamericana por el riesgo de contagio que los Estados Unidos le atribuyen a lo que han calificado de cáncer colombiano, los países vecinos de Colombia debemos ser creativos y encontrar fórmulas latinoamericanas de solución a los problemas latinoamericanos.

101 años de Panamá América

 
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