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Concertación para educar mal


Por qué los chilenos somos campeones mundiales en calidad de vinos, salmón, celulosa, pan, leche o aguacates? Por la presencia de claros derechos de propiedad, libertad de gestión, economía abierta y competencia: todo lo que no tenemos en el desastre de la educación media y básica.
El dirigismo necesita estandarización y rigidez prohibitiva. La planificación anula la competencia y los incentivos ligados a los derechos de propiedad, conduciendo a una gestión rígida, cara y de mala calidad. Los recursos no se cuidan y no hay incentivos para un buen servicio. Lo peor, más en educación, es que los programas, textos y pruebas oficiales eliminan los matices, ideas y enfoques de progreso. Este siempre es novedoso, no conocido por los planificadores y resulta de competir por servir mejor a la gente. El sistema chileno está condenado a ir detrás del progreso. Las innovaciones tecnológicas, culturales y productivas -el pan de cada día- no se pueden incorporar, porque no son del conocimiento del ministro, los profesores, intelectuales, políticos y "expertos".
Hoy se prohíbe enseñar economía y administración, y sólo se permiten dos programas de mala matemática y mal castellano, que tienen a la mitad de los jóvenes convertidos en buenos para nada. Los ministerios de Educación y Cultura son un botadero de dinero, como lo eran los del vino y el pan, y huelen a totalitarismo, tipo Stalin, Fidel, Hitler o Franco. Es increíble que no lo comprendan los "intelectuales", "expertos" y "políticos" que hablan de democracia y de derechos humanos.
Acabamos de presenciar el show de la prueba de aptitud nacional. ¿Cuánto cuesta? No se sabe, porque un cálculo correcto debiera incluir el trabajo de burócratas, el costo de institutos y programas de preparación y el tiempo de jóvenes y profesores desviado a preparar un examen oficial, en vez de los estudios normales y de primera que habría en un mercado educacional abierto, libre y competitivo. Y todo esto para la selección en las universidades, que deberían tener sus propios criterios.
Copiar las tonterías y prácticas dictatoriales de otros países no tiene sentido. Hay que copiar sólo lo bueno, de manera libre y competitiva, según las preferencias de los estudiantes y sus familias. El Estado planificador -y, por supuesto, el docente- ha sido el gran fracaso del último siglo.
Hay que sacar a los totalitarios arcaicos, trasplantados de los años 60 o de las luchas religiosas y a los "intelectuales" apegados a estudios y organismos pagados con nuestros impuestos, que hablan de mil causas de la crisis educacional, sin siquiera mencionar la falta de competencia y libertad.
* Prof. de economía y fue presidente del Banco Central de Chile.
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