Conciliación
La conciliación, como alternativa para resolver disputas, merece ser comentada para beneficio de cuantas personas tengan diferencias con otras, especialmente, económicas. Inclusive, es una modalidad para resolver conflictos, superior a un arbitraje. Es menos costosa en tiempo y en dinero. No hay diferencias, por crudas que sean, que no merezcan por parte de quienes las tienen, hacer un intento de conciliación.
Un conciliador es un técnico debidamente reconocido por la ley, una vez capacitado, cuyo exclusivo papel es el de actuar con el fin de ayudar a las partes en controversias a encontrar solución a su problema. No tiene facultad decisoria. Su única misión es la de tratar que las personas, caballerosa y razonablemente, logren la solución.
Una de sus maravillosas ventajas, es que en ella nadie pierde. Si tras un acuerdo de conciliación no logran entenderse, las partes quedan como estaban. Pueden entonces enfrascarse en una sofocante lucha en la esfera judicial o mediante un arbitraje que sería, en tal caso, mejor opción.
No entendemos cómo no se recurre en cantidades a la conciliación. Mediante ellas, pleitos que llevan años sin resolverse, pueden terminar en una o dos reuniones mediante una conciliación.
Nos permitimos, dada la experiencia que tenemos sobre el tema, sugerir a nuestros colegas abogados que cuando tengan que asesorar a sus clientes o redactarles un contrato, que establezcan que por cualquier diferencia que durante su vigencia surja entre ellas, se remitirán a un arbitraje para zanjarlas, previo intento de conciliación. En ella no hay debate y jamás hay perdedores. Sólo se busca el entendimiento; si las partes no lo logran, quedan como estaban. Si se entienden, ambos resultan beneficiadas en tiempo, económicamente y poniendo punto final a los sinsabores.
Un conciliador es un técnico debidamente reconocido por la ley, una vez capacitado, cuyo exclusivo papel es el de actuar con el fin de ayudar a las partes en controversias a encontrar solución a su problema. No tiene facultad decisoria. Su única misión es la de tratar que las personas, caballerosa y razonablemente, logren la solución.
Una de sus maravillosas ventajas, es que en ella nadie pierde. Si tras un acuerdo de conciliación no logran entenderse, las partes quedan como estaban. Pueden entonces enfrascarse en una sofocante lucha en la esfera judicial o mediante un arbitraje que sería, en tal caso, mejor opción.
No entendemos cómo no se recurre en cantidades a la conciliación. Mediante ellas, pleitos que llevan años sin resolverse, pueden terminar en una o dos reuniones mediante una conciliación.
Nos permitimos, dada la experiencia que tenemos sobre el tema, sugerir a nuestros colegas abogados que cuando tengan que asesorar a sus clientes o redactarles un contrato, que establezcan que por cualquier diferencia que durante su vigencia surja entre ellas, se remitirán a un arbitraje para zanjarlas, previo intento de conciliación. En ella no hay debate y jamás hay perdedores. Sólo se busca el entendimiento; si las partes no lo logran, quedan como estaban. Si se entienden, ambos resultan beneficiadas en tiempo, económicamente y poniendo punto final a los sinsabores.