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Conclusiones: Ahora y después


EN SEGUIMIENTO a mis dos artículos anteriores, deseo plasmar en éste algunas conclusiones de las tantas impresiones a las que tuve acceso durante tres semanas en Asia, las cuales concluí en Singapur, hace unos días.
No cabe duda que el proyecto de ampliación del Canal es una obra que va a tener un impacto global de gran magnitud. La connotación internacional de nuestro país a raíz de su realización también será mayor, factor de ventaja que debemos responsablemente utilizar como herramienta de política internacional en nuestro beneficio. En los distintos países que visité, las opiniones fueron, como ya dije, favorables al proyecto y, en gran medida, la industria espera la decisión para, a partir de allí, cambiar ciertos parámetros en función de lo que va a significar en unos años la Ruta Panamá ampliada y con toda la capacidad de competir. Cierto es, como dije, que el tema peajes es de interés, pero creo que en la medida que exista seguridad en el tiempo en cuanto al aumento proyectado, ese factor se minimiza. El negocio seguirá siendo negocio, las proyecciones lo dicen.
Pasado el 22 de octubre, si el proyecto es aprobado por el pueblo panameño, como personalmente espero que sea, debe salir la ACP a explicarlo con detalles, ampliamente, en foros idóneos, no solo de la industria marítima y del transporte, que en buena medida saben de él, sino ante potenciales fuentes de interés y de divulgación para participar de los variados procesos de contrataciones, de destintas índoles, que se deben dar en los próximos años. Digo esto porque pude notar en muchas ocasiones que el proyecto lo conocen, unos más que otros, quienes tienen interés directo en el tránsito de naves y carga por el Canal, no así, quienes pueden ser agentes multiplicadores de la gran variedad de oportunidades que el proyecto puede generar en todos sus años de duración. Hay muchas actividades compatibles con el relanzamiento de nuestra posición geográfica, cuyos representantes deben conocer por las oportunidades que se les pueden ofrecer para invertir y desarrollar actividades vinculadas con este sector en Panamá. Considero que Singapur es un potencial jugador, entre otros.
Estando en dicho país, participé en una interesante conferencia sobre financiamiento marítimo en general. Dentro de la gama de información planteada, mucha de la cual era eminentemente técnica y relacionada con las instituciones bancarias y distintos fondos de inversión que en adición y de manera autónoma participan de este sofisticado mercado, me llamó poderosamente la atención una conferencia dictada por un estudioso investigador de las tendencias del mercado de construcción de buques, sobretodo en aquellos países que se han distinguido en esta actividad, tales como Korea del Sur, Japón y ahora China, y de qué manera esta última. La tendencia es hacia los megabuques y los pedidos de las grandes navieras lo van demostrando. El mercado de portacontenedores, carga a granel y tanqueros en sus distintas categorías, son los que predominan, sin decir con ellos que no se están y seguirán construyendo los Panamax, ya que también se destacan en los pedidos a futuro. Pero el negocio de construcción-astilleros-comienza a variar. Japón comienza a bajar su perfil y liderazgo, y China repunta en la industria de manera impresionante, aumentando ya su capacidad instalada de astilleros y construyendo muchos más para satisfacer su propia demanda; es decir, la de sus propios navieros, que comienzan en alguna medida también a incursionar en el mercado internacional de manejo de carga hacia el exterior, lo cual es natural, la carga se genera allí. En unos pocos años serán los primeros, Korea segundo y Japón tercero. Esa realidad se llama PRC.
El tema de la bandera de conveniencia es otro factor que compite ya contra nosotros. Si bien Panamá sigue siendo privilegiada por la industria que compra y financia naves, las economías emergentes del sur de Asia comienzan a competir en el mercado del financiamiento y están abriendo sucursales de sus propios bancos en capitales como Singapur, en abierta competencia con los demás bancos internacionales conocidos, con la diferencia de que sólo financian naves que porten su pabellón, abriendo el espacio a Indonesia, Vietnam, India, Malasia, entre otras. Cierto es que muchas de estas naves son ya de muchos años e interesan poco a nuestro registro, sobre todo por su incapacidad de cumplir con los variados requerimientos técnicos de seguridad; pero no deja de ser cierto, que esas economías van creciendo y más temprano que tarde serán mayores jugadores en un mercado en el que también Panamá tiene que ganar o perder, dependiendo de las decisiones acertadas que debemos tomar y que estamos tarde, más en materia de eficiencia administrativa de nuestro registro comparado con otros dos que nos compiten cerca.
No obstante, el factor de seguridad jurídica y confianza en el sistema judicial para casos de ejecución de créditos marítimos, es un factor que nos favorece ya que esa banca internacional que sigue activa y financiando, conoce nuestra jurisdicción y las múltiples pruebas que la misma ha tenido en el tiempo respecto de su aplicabilidad y rapidez para resguardar sus créditos cuando sobrevienen los incumplimientos. Esto sigue siendo un punto a favor de Panamá que no podemos perder y que debemos reforzar, no sólo vía tribunales sino de un moderno centro de arbitraje marítimo.
El 22 de octubre, como yo lo veo, se inicia una etapa de grandes compromisos para Panamá, tanto en el área internacional como en la nacional. En la primera, el inicio, continuidad y conclusión exitosa del proyecto dentro de los parámetros conocidos del mismo. En la segunda, la obra y sus beneficios económicos deben ser, en realidad, un impulsador importante y efectivo del bienestar de todos los panameños, sobre todo de los que menos tienen. Debe seguir siendo nuestra gran ventaja comparativa y el factor de transformación de nuestro país hacia un centro marítimo integral de categoría mundial.
El gobierno actual, pasada esa fecha, será poco lo que le queda por hacer. El auge económico que experimenta el país debe continuar y el proyecto del Canal contribuirá en gran medida a que ello sea así. Se inician también las movidas preelectorales en todos los partidos de cara al 2009. Corresponderá a todos los demás, los que no somos gobierno hoy y que aspiramos a serlo mañana, comenzar a estructurar planes coherentes que sirvan de plataforma creíble para aspirar a gobernar bien a partir del 2009.
Como he dicho ya muchas veces, debemos sustentarle al país, con responsabilidad y sentido de modernidad política, para qué deseamos gobernarlo y cómo lo vamos a hacer, tarea esta, por demás, compleja en el entorno actual, pero no imposible.
Espero haber podido contribuir con experiencias y conclusiones que nutran el gran debate nacional, muchas veces secuestrado por lo insustancial. No se trata, como escribió mi querido amigo Edwin Cabrera de "rasgarme las vestiduras por el proyecto"; se trata, nada más, de aportar visión, sensatez y madurez política respecto de un tema que nos debe ser muy caro a todos. Eso es todo.

101 años de Panamá América

 
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