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Conclusiones de la visita papal


Es evidente que el monopolio de atención que en la opinión pública norteamericana adquirió el nuevo escándalo sexual del presidente Bill Clinton, terminó frustrando la mayor parte del impacto inmediato de la visita del papa Juan Pablo II a Cuba, en lo que fue dado en llamar, según medios europeos, "el último acontecimiento histórico del siglo XX".
Por ende, no es realista esperar cambio alguno en breve plazo en la política de aislamiento y embargo, seguida por los sucesivos gobiernos estadounidenses prácticamente desde el momento mismo en que Castro entró a La Habana en enero de 1959 al frente de sus columnas guerrilleras, poniendo fin al gobierno dictatorial corrupto de un sargento elevado a jefe de Estado, Fulgencio Batista, quien era apoyado por las mafias de juego norteamericanas, con multimillonarias inversiones hoteleras y de recreo en la isla.
Partimos de una base: Castro haría al Papa concesiones que jamás daría a Estados Unidos y viceversa. La ocasión era preciosa e irrepetible para poner fin a un conflicto sin sentido que va para 40 años, en circunstancias en que Norteamérica ya ha hecho las pases con la mayoría de sus enemigos, Vietnam y China, entre otros, con quienes guardaba dolorosas cuentas de sangre derivadas de pavorosos conflictos bélicos, que no es el caso de Cuba.
Y así se hizo. El Papa pronunció una condena categórica del embargo, como nunca antes, al tiempo que reiteró el derecho de Cuba a forjar su propio derrotero. Castro, por su parte, se comprometió a liberar algunos presos políticos y a ampliar el radio de acción de la Iglesia en la isla.
Si en los meses próximos se dan pasos concretos en uno y otro sentido, esto es el aflojamiento del embargo y la ampliación del estrecho marco de libertades en Cuba, ello debiera provocar reacciones positivas en Estados Unidos, en preludio de una transición democrática en la isla.
En lo demás, Castro y el Papa tuvieron más coincidencias que diferencias, como cuando el Sumo Pontífice criticó al neoliberalismo, en la forma que hoy se impone en el mundo, en perjuicio de los más pobres; lo mismo que cuando reconoció las dotes humanas del desaparecido "Che" Guevara, pese a su controvertida historia.
Por otra parte, el papel jugado por el pueblo cubano durante la visita fue ejemplar y entusiasta, dejando en evidencia que la fe cristiana continúa incólume tras tres décadas de comunismo ateo. Pero quedó igualmente claro su nacionalismo, el mismo que le ha permitido soportar las penurias del duro bloqueo y el aislamiento, sin soslayar los momentos dramáticos en que, dando vivas al Santo Padre, coreaba: ¡libertad, libertad! Y ello, pese a que tan sólo unas semanas antes, había concurrido masivamente a las urnas, a ratificar con su participación el sistema unipartidista, con un increíble 98% de votación.

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