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Condenados al peligro


Dos viviendas que fueron íconos del corregimiento de Calidonia durante la primera mitad del siglo pasado fueron sin lugar a dudas la Casa Müller y la casa Canavaggio, la primera ya desaparecida estaba ubicada en la avenida central y la segunda aún se observa en la avenida Nacional.
La Casa Canavaggio dejó atrás su llamativo aspecto y en la actualidad es un viejo caserón condenado por la Oficina de Seguridad del Ministerio de Vivienda (MIVI) que amenaza con desplomarse en cualquier momento.
En un recorrido efectuado por El Panamá América en el inmueble, se pudo observar el avanzado deterioro en los balcones, escaleras, techos y paredes.
En el patio trasero hay gran cantidad de basura que es arrojada por los propios inquilinos, la que se mezcla con las aguas que por allí circulan, provocando olores desagradables y dando origen a la producción de una gran cantidad de mosquitos.
Según informan algunos de los moradores, en la casa no se hace limpieza debido a que hay inquilinos que se niegan a pagarle los 25 centésimos de cuota quincenal al aseador.
El viejo caserón, que a pesar del estado en que se encuentra pareciera adversar al tiempo, alberga a 84 familias, la mayoría niños en edad escolar, los que corretean en los débiles balcones, que se están desprendiendo paulatinamente.
Inicialmente esta casa tenía 126 cuartos, sin embargo, debido a que han la planta baja funcionan algunos establecimientos como abarrotería, lavamáticos, tapicerías, etc., la cantidad de departamentos disminuyó a la cifra actual.
La casa una vez tuvo techo, pues lo que queda son unas hojas de zinc corroídas con enormes huecos, que ya cumplieron su función. Según los residentes de la casa, cada vez que llueve se les moja las pocas pertenencias que tienen.
Lina Richards, quien aseguró ser la residente que más tiempo tiene de habitar en el primer piso de la casa Canavaggio, manifestó que han sido abandonados por las autoridades en los últimos años, pues nunca se ha presentado una de ellas a tratar de solucionarles parte de los problemas que confrontan.
Manifestó que no quiere que le reparen toda la casa, pero que al menos les ayuden con el techo y los balcones, que del resto se pueden encargar los inquilinos.
Richards sostuvo que existe el temor de que algún infante se caiga desde uno de los balcones, pues debido al constante desprendimiento de sus barandales se han visto en la necesidad de colocarles alambres, tapas de abanicos, pedazos de hierro y madera.
Otra de las residentes, Valerie Richards de Mora detalló que antes que la casa fuera condenada, pagaban 10 balboas a un cobrador de apellido Ortega, quien posteriormente decidió aumentar el cobro en cinco balboas más, supuestamente para mejorar la vivienda, sin embargo, las labores nunca se hicieron.

101 años de Panamá América

 
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