¿Condonación financiera?
Es de domino público que en todo el país existe un gran déficit de viviendas dignas, sobre todo en la capital y áreas aledañas, así como en Colón, debido en gran parte a la migración de personas del interior de la nación hacia las principales ciudades en busca de mejores oportunidades para sus familias. El Banco Hipotecario Nacional (BHN) es el vehículo oficial de los gobiernos para facilitar a familias de escasos recursos adquirir una vivienda digna dentro de sus limitaciones económicas.
La filosofía en que se basa la estrategia, y la razón de existir de dicho ente público, es que con el producto de los alquileres o amortizaciones mensuales, se mantenga una reserva suficiente para continuar ofreciendo a otras personas con iguales carencias de viviendas la oportunidad de adquirirlas a precios módicos. Pero, al tratar de desvirtuar por razones políticas esa sana filosofía, nos encontramos con la práctica paternalista de solicitar legalmente la condonación de los intereses y en ocasiones acompañados de la exoneración del pago a capital, convirtiendo al BHN en una burda parodia de lo que debe ser un Banco de Fomento, que utilizando el capital semilla que le brinda el Estado permite el financiamiento de viviendas dignas a familias de escasos recursos, cobrándoles una mensualidad cómoda de acuerdo a sus posibilidades económicas.
Estas facilidades, si sumamos los intereses incluidos en el préstamo, con los años se duplica y más el valor original de cada préstamo. Si alquilamos una casa o apartamento, todo lo que paguemos queda a disposición del dueño del inmueble; pero, las mensualidades que abonemos a los préstamos con el BHN, al finalizar 20 años o más, según el arreglo que tengamos, la casa es de nuestra propiedad y podemos disfrutarla sin pagar más, quedando como herencia a nuestros dependientes. Sin embargo, al condonarse la deuda con el argumento de que se ha pagado en exceso el valor original del inmueble, lo que se logra es el aplauso momentáneo de los beneficios con la exoneración de pagos pactados, pero se condena a otras familias en igualdad de condiciones, a vivir en casas condenadas o en casas brujas, por no contar el BHN con los fondos para continuar con los programas.
Debemos ayudar para que los menos afortunados adquieran viviendas seguras y permitirles la adquisición de éstas en un marco de decoro y dignidad.
La filosofía en que se basa la estrategia, y la razón de existir de dicho ente público, es que con el producto de los alquileres o amortizaciones mensuales, se mantenga una reserva suficiente para continuar ofreciendo a otras personas con iguales carencias de viviendas la oportunidad de adquirirlas a precios módicos. Pero, al tratar de desvirtuar por razones políticas esa sana filosofía, nos encontramos con la práctica paternalista de solicitar legalmente la condonación de los intereses y en ocasiones acompañados de la exoneración del pago a capital, convirtiendo al BHN en una burda parodia de lo que debe ser un Banco de Fomento, que utilizando el capital semilla que le brinda el Estado permite el financiamiento de viviendas dignas a familias de escasos recursos, cobrándoles una mensualidad cómoda de acuerdo a sus posibilidades económicas.
Estas facilidades, si sumamos los intereses incluidos en el préstamo, con los años se duplica y más el valor original de cada préstamo. Si alquilamos una casa o apartamento, todo lo que paguemos queda a disposición del dueño del inmueble; pero, las mensualidades que abonemos a los préstamos con el BHN, al finalizar 20 años o más, según el arreglo que tengamos, la casa es de nuestra propiedad y podemos disfrutarla sin pagar más, quedando como herencia a nuestros dependientes. Sin embargo, al condonarse la deuda con el argumento de que se ha pagado en exceso el valor original del inmueble, lo que se logra es el aplauso momentáneo de los beneficios con la exoneración de pagos pactados, pero se condena a otras familias en igualdad de condiciones, a vivir en casas condenadas o en casas brujas, por no contar el BHN con los fondos para continuar con los programas.
Debemos ayudar para que los menos afortunados adquieran viviendas seguras y permitirles la adquisición de éstas en un marco de decoro y dignidad.