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Conectados


Recientemente escuché a Monique, mi hija de nueve años, decirle a una amiguita por teléfono: "No puedo hablar porque estoy conectada". Conectado es una nueva manera de estar. Monique se refería a la Internet en general y a algún "Chat Line" en particular, pero hoy en día hay muchas maneras de estar conectado.
En una edición reciente, la revista WIRED publicó los resultados de una investigación realizada por ellos en conjunto con el Merril Lynch Forum alrededor del concepto del "Ciudadano Digital". En la encuesta se entrevistaron 1,000 adultos, a los cuales, entre otras cosas, se les preguntó acerca del uso que le dan al correo electrónico, teléfono, celular, beepers, computadoras portátiles ("notebooks o laptops"), fax y PC en la casa. De acuerdo al uso (o no) de estas tecnologías, se clasificó a la población en: super-conectados, conectados, poco-conectados y desconectados. La estimación resultante es que en Estados Unidos, el 29% están conectados, mientras que el 8.5% están super-conectados o conectados.
Tal vez más interesante que los resultados de la encuesta (o los resultados que obtendríamos en Panamá), es la tendencia irreversible y continua hacia una mayor conectividad. Las comunicaciones móviles (voz, datos, imágenes, etc.) ya han cambiado la forma de trabajar y la vida diaria de mucha gente. Para nuestros hijos, estar conectados es (o va ser) equivalente a estar despiertos.
El flujo constante de información desde y hacia todos los participantes de la sociedad ha sido mencionado por muchos como la fuente de la sobrecarga de información que potencialmente nos llevará a todos a un estado de inoperancia igual o peor que el que hace muchos años ocasionaba la falta de información. La información es, sin embargo, un bien económico muy diferente a los tradicionales. La información es la materia prima del conocimiento y el conocimiento será, sin duda, el importante factor de la información (más importante que el Capital, la Tierra y el Trabajo) en el siglo XXI. La información tiene cualidades muy especiales, como el hecho de que al comunicarla (transferirla) no se deja de tener (el inventario no se rebaja) y el valor de la misma, muchas veces aumenta con el número de participantes que la poseen.
Si bien el porcentaje de ciudadanos digitales (conectados y super-conectados) es todavía bajo, su ritmo de crecimiento es muy alto y las diferencias de actitud que muestran respecto al resto de la población hacen creer que se está creando una nueva clase política. Una clase altamente intelectual, altamente respetuosa de sus semejantes, altamente democráticos, partidarios del libre comercio, y sobre todo inmune al dogma política tradicional.
Pareciera obvio que la disponibilidad de la tecnología, por sí sola, no es suficiente para producir este cambio tan profundo en actitudes y convicciones. La total obsolescencia de los regímenes totalitarios y de planificación central, sin dudan han contribuido. La actitud de la clase gobernante, también ha tenido un peso importante. No sería extraño, sin embargo, que la principal motivación de los ciudadanos digitales sea emocional.
Estar conectado significa estar consciente de la realidad en tiempo real. Si estoy conectado, mi mundo no cambia sin que yo me entere. La angustia existencial que durante este siglo que termina nos ha causado la incertidumbre, causada por la falta de información está desapareciendo a pasos agigantados. La sensación que se deriva del acto de compartir información que consideramos importante (o relevante) es altamente gratificante. La libertad geográfica que nos brinda la comunicación moderna nos permite producir más en menos tiempo y a un menor costo, es decir, produce una mejor calidad de vida.
La realización de la transformación que estamos sufriendo (o disfrutando) hacia la ciudadanía digital permitirá a los responsables (ya sea en el hogar, la organización, la nación, o la región), planear la introducción y la adopción de tecnología de conectividad.
Las medidas tradicionales como el rendimiento sobre la inversión serán altamente irrevelantes (como ya lo estamos viendo). El futuro pertenecerá a aquellos estrategas cuyo posicionamiento les permita correr lo suficientemente rápido para alcanzar el tren, montarse en él y disfrutar el paseo.

101 años de Panamá América

 
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