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CoNEP


Por razones conocidas, una parte importante y de gran valor en mi vida, fue la participación en actividades gremiales. Fueron los tiempos de la peor crisis política del país, entre 1987 y 1989, en la que me correspondió, como a muchos compañeros de entonces, dirigir un gremio importante de la empresa privada, APEDE, en momentos en que ser miembro de los mismos era considerado un delito y reunirse para fines lícitos, una conspiración. De allí mi participación también como directivo de CoNEP. Fueron los tiempos en los que podía costar, como en efecto costó, desde la vida, la libertad personal o el exilio, ser dirigente de un gremio de los que orgullosamente constituimos la Cruzada Civilista Nacional o, simplemente, ser un activista anónimo del movimiento, como también sucedió, registrándose grandes y valiosas pérdidas de vidas y abusos de toda clase de derechos, en estos tiempos quisieran ser olvidados para muchos. Puedo decir que nos jugamos la vida por la democratización del país, al margen de intereses personales o de gremios, razón fundamental de la credibilidad ganada.
Cuando se inició el movimiento, los sectores profesionales, médicos y educadores, principalmente, desconfiaban de los sectores empresariales. Venían escaldados de la traición que les significó el antecedente de la Cruzada, COCINA, en 1985, ya que el CoNEP de entonces, desde mi perspectiva, traicionó aquel movimiento que dirigían, principalmente, médicos y educadores. Por ello, la Cruzada se forma en la Cámara de Comercio y las primeras bajas se dieron en la dirigencia empresarial del momento. Con razón decían, "en ésta van ustedes por delante y luego, si no se rajan, nos unimos nosotros", aunque en el fondo y desde el comienzo, siempre estuvieron todos, otra vez, sin diferencias de ningún tipo.
La lucha contra la dictadura también fue un factor de unidad, lo único que ahora, muchos de los de entonces, ya no son los mismos, precisamente por haber traicionado todos esos principios que nos unieron en esa peligrosa aventura cívico-política. Entre carcelazos, persecución judicial y exilios, los gremios empresariales nos fuimos ganando una credibilidad sin dudas ni resquemores. Las actitudes que se adoptaron, muchas veces desde la clandestinidad más peligrosa o en medio de exitosos paros nacionales, demostraron que en esa lucha, no se negociaron ni derechos ni principios, a pesar de las propuestas que de tiempo en tiempo venían de muchas partes vinculadas al dictador a través de los más variados interlocutores, produciendo el rechazo de las componendas más persecuciones. Apostaron a resquebrajarnos y perdieron, en medio de la más trascendental lucha pacífica y cívica jamás vivida en la historia.
Terminada esa dura etapa y establecida la democracia, cada oveja con su pareja, como dice el sabio refrán. Y era lo natural, que privara el debate y las diferencias y que con libertad se adoptaran las decisiones o se generaran las críticas. Para eso luchamos. Sin embargo, en el tiempo, la dirigencia empresarial ha ido perdiendo cohesión y mística, como le ha pasado a los otros gremios también. En algunos casos las representaciones bajaron de nivel y el desinterés por la participación gremial bajó igualmente, hasta el punto de que hoy, la cúpula empresarial de entonces, se ve inmersa en su más angustiosa crisis y sin posibilidades aparentes de volver a reunificarse.
Los gremios grandes, salvo el de los industriales, han renunciado al CoNEP y se anuncian otras bajas más, que prácticamente lo colocarán en medio de una absoluta intrascendencia. El tiro de gracia, lo dio el apoyo de algunos dirigentes a las impopulares reformas tributarias que el corto plazo sabrá ubicar en su real dimensión. Prevalecieron los intereses de grupo, y se dice que hasta personales, en detrimento del bien común, jugándose con esta decisión el desmembramiento del CoNEP, de manera que ojalá no sea irremediable. Gran pérdida para el sector privado, que ojalá no paguen caro sus artífices en el tiempo.
222La unidad del sector en torno a temas fundamentales va a ser necesaria en la segunda reconstrucción de la Nación que pronto, muy pronto, iniciaremos bajo nuevos y renovados liderazgos.
Con la mayor sinceridad, manifiesto, que me duele lo que está sucediendo. Aunque la participación gremial es etapa pasada en mi vida, conservo la distinción personal de haber ocupado altas posiciones en estos gremios, conservando en lugar destacado de mi hoja de vida, la de ser uno de los directores honorarios de CoNEP. Por ello escribo lo que escribo, porque me siento parte de la familia y me duele observar que la debacle institucional que sufrimos también comienza a afectar las estructuras empresariales, entre otras, igualmente importantes de nuestra vida nacional.
Es momento de pensar profundo, de sentarse a conversar para arreglar las diferencias y, de ser necesario, como creo que lo es, de renovar toda la dirigencia, dando paso a la representatividad con credibilidad. No comparto, aún, la idea de crear Consejos Supremos de nada.
El CoNEP debe volver a ser el gremio de gremios, la cúpula por excelencia, con divergencias naturales, pero con principios y conceptos que refuercen la unidad del sector privado, siempre, en todo momento. Aquí, los gremios grandes deben dar el primer paso, como hicimos muchas veces en nuestros tiempos, en los que también existieron grandes diferencias, pero también gran capacidad de conciliarlas. La unidad del sector en torno a temas fundamentales va a ser necesaria en la segunda reconstrucción de la Nación que pronto, muy pronto, iniciaremos bajo nuevos y renovados liderazgos. El sector privado será fundamental, como lo fue en la lucha civilista y como lo fue luego del retorno de la democracia. Se requerirá, reitero, la unidad para forjar el Gran Proyecto Nacional junto al resto de los panameños.
Es, en definitiva, el momento de hacerle honor al lema que distinguió a CoNEP, creo desde la presidencia del recordado amigo don Dulcidio González, que dice: "Por Panamá, hagámoslos un poquito mejor".

101 años de Panamá América

 
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