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¡Conferencias de prensa callejeras!


No es necesario insistir en que Panamá, más que ningún otro país, arrastra problemas sustanciales que no son precisamente de pan ni de haber. Hoy nos vamos a referir a la notable falta de una oficina funcional de Asesoría de Infomación o de un viceministerio de Comunicación e Información de la Presidencia de la República. Este despacho, dirigido por una persona capaz y experimentada, evitaría cometer tantos errores e incoherencia en los pronunciamientos cotidianos de las autoridades gubernamentales.
Los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) intentan, desde hace tiempo, despertar la sensibilidad de las clases gubernamentales para los terribles, pavorosos conflictos que desde hace 19 meses van madurando en la sociedad panameña. Sin embargo, pareciera que los medios empleados a fin de conseguirlo no son, por lo visto, eficaces: las improvisadas "conferencias de prensa callejeras" que se montan a menudo, y que someten a las autoridades (Presidenta de la República, ministros de Estado y otros altos funcionarios públicos), no contribuyen al esclarecimiento de la real y verdadera situación nacional.
Para ilustración tomemos el siguiente ejemplo: cada vez que la presidenta Moscoso asiste a un determinado acto público (de alguna importancia o no), a su salida la asedian los periodistas para interrogarla sobre uno u otro problema de orden nacional; y así empieza el espectáculo: la ya habitual "conferencia de prensa callejera". Generalmente las respuestas que se dan no corresponden al interés nacional: inculpaciones múltiples a los medios y comunicadores sociales, cuando no al gobierno anterior; frases incoherentes, inanes, evasivas, a veces acompañadas de gestos que denotan visible molestia por el contenido de las preguntas de los periodistas. Empero, a pesar de ello, las "conferencias de prensa callejeras" continúan, sin aclarar nada positivo del tema en cuestión, ni mucho menos de orientación e información ciudadana; más bien queda en el lector, el radioescucha o el televidente una sensación de incertidumbre, de confusión, de desconcierto. No obstante, ¡el espectáculo, un tanto circense, se repite día a día!.
Contrasta este comportamiento con la postura distinta que asume la mandataria, cuando ocupa la tribuna presidencial para "leer un discurso" protocolar, previamente preparado por sus "asesores escribientes", en actos de inauguración de eventos o de una determinada obra oficial. Si analizamos el contenido de los "discursos leídos" y lo comparamos con las improvisaciones suyas durante las cotidianas "conferencias de prensa callejeras", hemos de definir la verdadera cualificación de la personalidad de la elegida, que hoy por hoy ocupa el Palacio de las Garzas. A propósito, una explicación necesaria: la personalidad se determina según los fines a que tiende, y a su vez los fines son aceptados según el grado de valor que nos ofrecen. Una clasificación de los fines, pues, es al mismo tiempo una clasificación de los valores, y puesto que de valores se trata, esa clasificación no puede ser niveladora sino jerarquizante.
Preguntamos: ¿No sería más digno, formal, serio, responsable y consecuente con el alto cargo de Presidenta de la República, realizar las conferencias de prensa de Estado periódicamente en Palacio (semanal, quincenal o mensualmente), con la debida asistencia del Jefe de la Oficina o del viceministro de Comunicación e Información de la Presidencia, para informar a la ciudadanía la verdad y sólo la verdad de todo lo actuado en los niveles oficiales?.

101 años de Panamá América

 
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