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Confianza en el Tribunal Electoral


No sé quién, pero alguien tiene el vivo interés en despertar los fantasmas del pasado panameño, para inocular en los políticos del patio la esquizofrenia que acogotó a los partidos durante muchas elecciones populares en nuestro país, y todo nacional que precie a Panamá y con dos dedos de inteligencia, debe repudiarlos.
Esas insinuaciones tendientes a minar la credibilidad del Tribunal Electoral y sus magistrados, ganada a pulso y en el terreno de los hechos, apuntan a esa miserable dirección, para retrotraernos a aquellos tiempos de celos, sospechas, locuras sobre fraude, robos de urnas, suplantación de votantes, elaboración de papeletas de votación y sabe Dios cuántas otras cosas que empañaban las elecciones populares del país y en la que se escamoteaba, sin ningún sonrojo, la voluntad popular, sometiendo de paso a la nación a los traumas que todos conocemos.
Historias vergonzosas hay. Pero el país ha evolucionado, por la gracia de Dios, favorablemente, atisbando y oteando metas superiores, con el ánimo de dejar atrás aquellos cochinos días en los que se ensució a la patria, se desconoció el derecho ajeno y se pisoteó lo que las grandes mayorías deseaban.
En ese camino, hasta vidas de panameños se perdieron defendiendo ese derecho consagrado en el ánimo del pueblo y en el alma misma de la nación.
Es por ello que me anima señalar que me parece salido de ultratumba estas señales inequívocas de gente atrasada y que no han aprendido nada de la historia reciente de este país, en la que no caben ya estas triquiñuelas que forman parte de la historia oscura y lamentable de Panamá y el resto de América Latina en materia política.
El Tribunal Electoral ha crecido y madurado lo suficiente, demostrado ya, para ser el genuino fiel de la balanza en todas las consultas masivas populares y abiertas en Panamá. Fe de ello dan diversos y prestigiosos organismos internacionales, que han participado en las justas políticas de la nación panameña.
El Tribunal Electoral ha perfeccionado sus normas de seguridad en todas sus líneas de responsabilidades, entre ellas, el documento oficial del panameño, como lo es la cédula de identificación personal.
Insinuar que el Tribunal Electoral se ha prestado para escamotear 30 ó 50 mil documentos con el fin de ser utilizadas en un fraude electoral, es lo más descabellado que he escuchado en los últimos días. ¿Cómo lo haría? ¿Dónde encontrarán a 30 mil hombre y mujeres para ponerlos en fila y votar con cédulas falsas?
¿Cómo los organizarían, dónde los meterías para que ninguno le sople al amigo, al compañero de trabajo, a la novia, a la esposa, semejante monstruosidad? ¿Cómo logras que un puñado de trabajadores honestos del Tribunal Electoral se preste pare ello? ¿Cómo pones de acuerdo a los tres magistrados del organismo para que acepten semejante majadería?... Sencillamente irracional.
La empresa responsable del suministro de la tarjeta base deberá responder por su descuido o falta de celo y seguridad. No el Tribunal Electoral, que compra un servicio y menos, achacarle la carga con el ánimo de desprestigiar el principal organismo que debemos cuidar y darle la fortaleza necesaria para garantizar la democracia, de la cual debemos estar orgullosos. Lo contrario sería como meter preso al vendedor de escopeta, porque uno de sus clientes, en vez de cazar patos, mata a un ciudadano.
Como periodista, conozco a los magistrados del Tribunal Electoral desde años, y han sido sacudidos y zarandeados por muchos hechos de la vida política de la nación istmeña y han resistido. Por ello se han ganado la confianza y la credibilidad del panameño, y creo que ésta es otra prueba que les fortalecerá. Los panameños que deseamos que este país avance, debemos ayudarles a atajar las veleidades, la irresponsabilidad, el rumor, la propaganda negra, las falsas interpretaciones de los hechos y cualquier intento para enlodar y restar la fe en esa institución y sus dignatarios, porque flaco favor le hacemos al país.
Con ello hacemos lo que los japoneses llaman el haraquiri. Nos liquidamos nosotros mismos.
Se acerca un torneo electoral importante, como son las elecciones generales del país. El Tribunal Electoral debe ser el bastión de transparencia de esos comicios, y todo buen panameño que se precie debe velar con celo que nada ni nadie, sin justificación, rebaje esa condición.
Por su parte, los magistrados del Tribunal electoral deben entender y estar conscientes de que todo un pueblo, el país entero les respalda en uno de los más importantes trabajos que marcarán el rumbo de la nación para el próximo quinquenio, y en ello se nos va la patria.

101 años de Panamá América

 
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