Configuración de la tragedia
Que los responsables de la configuración de la tragedia que sufren directamente los panameños, afectados por la inundación ¡no quede impune! Que no se nos eche tierra en los ojos para tratar de tapar la responsabilidad de las autoridades locales, municipales y nacionales, a quienes les corresponde, en primera instancia, la ejecución de políticas públicas, de Estado que deben estar por encima de la transitoriedad de cualquier gobierno.
El desastre que se ocasionó no se lo podemos achacar a la lluvia, el río o a la naturaleza. Este no es un desastre natural. Aquí, de manera evidente, se trata de un desastre configurado y provocado de manera sórdida e impasible por la permisividad de las autoridades, no pocas veces, empantanadas en un conflicto de intereses que las sitúan con un pie, como responsables de políticas públicas, y con el otro, como gerentes o dueñas de negocios (constructoras, empresas, fábricas, clínicas, supermercados, etc.) cuya finalidad es lucrar.
Así las cosas, las autoridades, llamadas y elegidas para velar por el bien común, mientras nos hacen creer que gobiernan para todos, se ocupan de hacer rentables sus negocios y se convierten en guardianes del pésimo sistema de economía neoliberal que todo lo mercadea, que sólo desea que todo se pueda vender y que todo se pueda comprar.
Los valores de la vida, la solidaridad y los derechos naturales de los seres humanos que viven en sociedad, como son: agua, vivienda, salud, educación y los mismos seres humanos se convierten en objetos de compra y venta, mercadeo puro y duro que se va armando y preparando para exprimir hasta la última gota a los humanos que, ahora ven inundada su barriada sin comprender cuál es la responsabilidad de las autoridades que otorgan permisos de construcción de barriadas y centros comerciales que le roban el cauce a los ríos. ¿Quedarán impunes los empresarios constructores de muertes y tragedias que, de paso, construyen casas y barriadas sin ninguna otra norma que no sea aquella del "sálvese quien pueda", mientras ellos embaucan y se hacen ricos con los derechos y las necesidades de los demás?
¿Cómo echarle la culpa a las lluvias que, en esta época del año, es normal que sucedan en el país? Aunque aún es prematuro para contar con un informe detallado de cuáles pudieron haber sido las principales causas de la inundación que ha cobrado la vida de 17 panameños, destruido viviendas y afectado a otras, damnificando a más de 11,650 personas. Urge que se realicen las investigaciones pertinentes para develar cómo fue que se configuró la tragedia que hoy embarga a los panameños. Pero, para no pecar de ingenuos, tenemos la responsabilidad de anticiparnos y pedir cuentas por el evidente desastre que significa para todos, que se fundamente el rumbo del país en las políticas económicas neoliberales cuya mayor motivación; el motivo de ser, está en la ganancia, la acumulación y concentración de capitales .
Así la "inspiración", porqué extrañarnos entonces de que todo lo conviertan en negocio.
Las lluvias que se dieron en la ciudad de Panamá son aquéllas a las que estamos acostumbrados a ver en esta época del año. Esto es lo que han dicho los seguidores y estudiosos de los cambios climáticos, fundamentados en las estaciones meteorológicas cercanas al desastre de la inundación. Entonces, no le echemos la culpa a la naturaleza, que bastante mal la tratamos, sino a las políticas y los políticos neoliberales que concientemente permiten estos desastres que, a menudo catalogan como daños colaterales de los mal llamados "progreso" y "desarrollo".
Convocamos a la solidaridad de todos y cada uno de nosotros, solidaridad que tiene que expresarse desinteresadamente y lo más directo posible con las víctimas de este desastre.
El equipo nacional de Pastoral Social Cáritas está en contacto con la Pastoral Social Arquidiocesana, que anima y coordina el trabajo social de la Iglesia en las parroquias afectadas.
(*) Coordinador de Pastoral Social Cáritas Panamá.
El desastre que se ocasionó no se lo podemos achacar a la lluvia, el río o a la naturaleza. Este no es un desastre natural. Aquí, de manera evidente, se trata de un desastre configurado y provocado de manera sórdida e impasible por la permisividad de las autoridades, no pocas veces, empantanadas en un conflicto de intereses que las sitúan con un pie, como responsables de políticas públicas, y con el otro, como gerentes o dueñas de negocios (constructoras, empresas, fábricas, clínicas, supermercados, etc.) cuya finalidad es lucrar.
Así las cosas, las autoridades, llamadas y elegidas para velar por el bien común, mientras nos hacen creer que gobiernan para todos, se ocupan de hacer rentables sus negocios y se convierten en guardianes del pésimo sistema de economía neoliberal que todo lo mercadea, que sólo desea que todo se pueda vender y que todo se pueda comprar.
Los valores de la vida, la solidaridad y los derechos naturales de los seres humanos que viven en sociedad, como son: agua, vivienda, salud, educación y los mismos seres humanos se convierten en objetos de compra y venta, mercadeo puro y duro que se va armando y preparando para exprimir hasta la última gota a los humanos que, ahora ven inundada su barriada sin comprender cuál es la responsabilidad de las autoridades que otorgan permisos de construcción de barriadas y centros comerciales que le roban el cauce a los ríos. ¿Quedarán impunes los empresarios constructores de muertes y tragedias que, de paso, construyen casas y barriadas sin ninguna otra norma que no sea aquella del "sálvese quien pueda", mientras ellos embaucan y se hacen ricos con los derechos y las necesidades de los demás?
¿Cómo echarle la culpa a las lluvias que, en esta época del año, es normal que sucedan en el país? Aunque aún es prematuro para contar con un informe detallado de cuáles pudieron haber sido las principales causas de la inundación que ha cobrado la vida de 17 panameños, destruido viviendas y afectado a otras, damnificando a más de 11,650 personas. Urge que se realicen las investigaciones pertinentes para develar cómo fue que se configuró la tragedia que hoy embarga a los panameños. Pero, para no pecar de ingenuos, tenemos la responsabilidad de anticiparnos y pedir cuentas por el evidente desastre que significa para todos, que se fundamente el rumbo del país en las políticas económicas neoliberales cuya mayor motivación; el motivo de ser, está en la ganancia, la acumulación y concentración de capitales .
Así la "inspiración", porqué extrañarnos entonces de que todo lo conviertan en negocio.
Las lluvias que se dieron en la ciudad de Panamá son aquéllas a las que estamos acostumbrados a ver en esta época del año. Esto es lo que han dicho los seguidores y estudiosos de los cambios climáticos, fundamentados en las estaciones meteorológicas cercanas al desastre de la inundación. Entonces, no le echemos la culpa a la naturaleza, que bastante mal la tratamos, sino a las políticas y los políticos neoliberales que concientemente permiten estos desastres que, a menudo catalogan como daños colaterales de los mal llamados "progreso" y "desarrollo".
Convocamos a la solidaridad de todos y cada uno de nosotros, solidaridad que tiene que expresarse desinteresadamente y lo más directo posible con las víctimas de este desastre.
El equipo nacional de Pastoral Social Cáritas está en contacto con la Pastoral Social Arquidiocesana, que anima y coordina el trabajo social de la Iglesia en las parroquias afectadas.
(*) Coordinador de Pastoral Social Cáritas Panamá.