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Conflicto entre militarismo y civilismo. El golpe de estado militar, 11 de octubre de 1968


Fin de la presidencia de Marco A. Robles (1905-1990). El fin del período constitucional de Marco A. Robles quedó marcado para siempre en la historia republicana de Panamá porque condujo al golpe militar del 11 de octubre de 1968. Pocos días después pasó por Panamá el sacerdote jesuita, teólogo y sociólogo, Roger Vekemans, a quien había conocido en Chile y quien me expresó su convicción de que la serie de golpes militares que se venían dando en América Latina (uno de los últimos antes del de Panamá había sido el que dio en Perú el General Velasco Alvarado, de tendencia izquierdizante) daban pie a regímenes controlados por militares que no pensaban retornar a los cuarteles en dos o tres años, sino que pensaban permanecer en el poder una o dos décadas, incluso institucionalizarse por un período indefinido al amparo de una ideología de seguridad nacional. Tenía toda la razón.
El final del período de Robles sacó a relucir los fracasos de fondo de su gobierno y del país en general. Las fuerzas políticas llamadas democráticas por falta de verdadera praxis democrática dentro de sus organizaciones y en el país, carecían de plena legitimidad.
Los procesos electorales estaban plagados de fraude y por ello requerían intervenciones manifiestas de las fuerzas militares normalmente a favor de las fuerzas oficialistas, hasta el punto de convertirse las fuerzas civiles en instrumentales y subordinadas con respecto a las militares.
Por lo demás esta relación se establecía con y por la corrupción. En Panamá a estos dos factores había que añadir el fracaso (al no atreverse el presidente a plantear siquiera los proyectos de nuevos tratados canaleros a la Asamblea) del último intento de modificar sustancialmente la relación contractual con los EU sobre el Canal. Este cambio era imprescindible para poder consolidar la República como estado nacional.
Además, el auge económico que se vivió durante década y media a raíz de la adopción del modelo económico de CEPAL de sustitución de las importaciones y con la cooperación de la Alianza para el Progreso no tuvo por efecto hacer más sustancialmente equitativa la distribución de la riqueza y de las oportunidades, a pesar de que el PDB pasó de $/897,800,000 en 1956 y un PDB per cápita de $1,046.7, dada una población de unos 850,000 habitantes a B/ $2,226,000,000 en 1969 y un PDB per cápita de$1,418.74, dada una población de 1,425,052.
Este conjunto de factores negativos se hizo realidad en Panamá dentro del contexto del ya tradicional conflicto entre la Guardia Nacional y el Dr. Arnulfo Arias. El conflicto se agravó en la medida en que el presidente Robles fue juzgado y formalmente depuesto, pero pudo mantenerse de hecho gracias a la intervención de la Guardia Nacional que clausuró la Asamblea Legislativa y desconoció al gobierno constitucional presidido por el vicepresidente Del Valle. Este hecho mantuvo confrontados los dos componentes básicos del estado nacional, impidiendo que el sentimiento de identidad nacional los cimentara el uno al otro.
La de Robles fue una presidencia que comenzó con una victoria electoral dudosa y terminó con un fracaso de lo más importante que acometió, a saber las negociaciones con los Estado Unidos sobre el Canal, con un juicio por la Asamblea que lo condenó por abuso de recursos del Estado a favor de candidatos oficialistas y una salida del país antes de que su sucesor fuera juramentado, quién sabe por temor a que las nuevas autoridades lo detuvieran. Dejó a la República prácticamente en manos de la Guardia Nacional.
El militarismo que se venía acumulando desde fines de los años treinta se desbordó en un golpe de estado militar. Para mí la versión más ajustada a la verdad del golpe de estado militar de 1968 la ha dado el escritor y periodista Guillermo Sánchez Borbón, en una muy lúcida entrevista con Jorge Eduardo Ritter, ex Ministro de Relaciones Exteriores, miembro del PRD, para el Semanario del Universal del 18 y 25 de febrero de 2002.
Después de analizar el papel de los militares en los fraudes electorales de los políticos, afirma: "Tienes razón: el nacimiento y desarrollo del militarismo panameño están inextricablemente unidos a los fraudes electorales... Lo que está claro de lo que tú has dicho es que si se dieran las elecciones puras, no necesitan a la Guardia...[Bazán, Lul Arango y Boyd ] ellos tendieron un puente entre Vallarino y Arnulfo, hasta entonces enemigos irreconciliables. No creo que se firmó un pacto, pero se llegó a un arreglo en las siguientes condiciones: Vallarino reconocía el triunfo de Arnulfo. Arnulfo, a su vez, se comprometió a respetar el escalafón militar. Vallarino se jubilaría y sería remplazado por el segundo comandante, Pinilla. Vallarino reconoció públicamente que Arnulfo había ganado las elecciones. Pero entonces hubo un gran disgusto entre los oficiales jóvenes, los verdaderos gorilas. Le reclamaron a Vallarino: "nosotros, por razones de edad, no tenemos problemas con Arnulfo. Nos metimos a atropellar a la gente por usted. Y ahora usted se entiende con Arnulfo y nos deja a la merced de un presidente que nos odia ahora." Ahí comenzó a gestarse el golpe."
"Sin embargo, añadió Sánchez Borbón en su entrevista, en Panamá, más que un golpe de estado, hubo un suicidio del poder político... Todos los problemas de Arnulfo, se han debido a una cosa muy sencilla: nunca comprendió que los compromisos políticos, aunque sean verbales, hay que respetarlos. Incumplió su pacto con Vallarino. Ya estaba en el poder, pero antes de llegar al poder, mira, aquí hubo una cosa muy hermosa, que fue que se desbarató el fraude delante de las cámaras de televisión. Delante de todo el país se demostró el fraude que habían cometido los liberales y guardias ....cuando estaban desglosando los votos, ahí todo el mundo se dio cuenta de quién había salido diputado y quién no había salido diputado."
" Te voy a decir, concluye Sánchez Borbón, que los problemas de Arnulfo en el poder tienen un origen psicológico para mí muy claro... Arnulfo siempre está preparado para la caída anterior... como le habían tumbado los diputados en 1951, se preparó para esa caída en 1968. Y les robó sus diputaciones a los liberales. Pero no solamente esos, a sus aliados políticos también comenzó a robarles sus diputados, para llenar la Asamblea con sus incondicionales Sin embargo, esta vez lo tumbó la guardia, contingencia para la cual no tomó ninguna providencia.... y ... jubila a Pinilla. [El compromiso era dejarlo.] Dejarlo. Y entonces pone a Urrutia, que iba a ser el segundo de Pinilla, pero lo pone de primero. Pone a Hassan segundo..."
De este análisis surge indiscutiblemente tanto la responsabilidad del Dr. Arnulfo Arias por el comportamiento que provocó el golpe, como la responsabilidad de los oficiales jóvenes por su voluntad de darlo.
El 10 de octubre, el Mayor Boris Martínez convocó a los jefes de secciones y de cuarteles a una reunión en el Cuartel de Panamá Viejo, donde se evaluaron los nombramientos de los comandantes que el presidente había hecho en violación de su promesa de respetar el escalafón y los cambios de posición de varios otros oficiales desmejorándolos: por ejemplo, al Tte. Coronel Torrijos de Secretario General de la Comandancia a agregado militar en San Salvador y Guatemala y observador de Panamá en CONDECA (Consejo de Defensa Centroamericano); al Mayor Boris Martínez, de jefe de Chiriquí a jefe de Chitré; al Mayor Amado Sanjur de jefe del Cuartel de Panamá Viejo a jefe de la Cárcel Modelo; al Mayor Fred Boyd de jefe del Cuartel de Tocumen a jefe de la Caballería, etc.
Conviene antes que abordemos el análisis de los propósitos de los golpistas, que reflexionemos una vez más sobre este caudillo gobernante, cuya personalidad predominó durante la segunda etapa y sobresalió en buena medida en la tercera etapa de nuestra historia republicana.
De los dos hermanos Arias Madrid, que ocuparon la presidencia durante este período e impactaron al país fuertemente, Arnulfo Arias llegó a ser mucho más que su hermano un líder popular carismático de una gran efectividad como candidato de oposición. Pero Harmodio Arias demostró mayores dotes de estadista en el ejercicio del poder público. Aunque sólo fue electo presidente una sola vez gobernó más tiempo que su hermano menor, electo presidente tres veces y tres veces derrocado.
De haber terminado su carrera política el 11 de octubre de 1968 el juicio histórico sobre la misma debería ser probablemente deficitario, a pesar de sus contribuciones sociales en su primera presidencia, en particular la creación de la Caja de Seguro Social.
Harmodio encaminó la República hacia el proyecto de desarrollar el estado nacional. Arnulfo le infundió al país en esa etapa un nacionalismo popular que era indispensable, pero al mismo tiempo contribuyó a hacer imposible la conjunción de los dos componentes básicos del estado nacional, el social y el estatal, manteniendo desde su liderazgo político social un conflicto permanente con la Guardia que exacerbaba la propensión militarista de ésta en vez de lograr integrarla dentro de un desarrollo institucional civilista.
Como paradoja, fueron sus adversarios, los militares, los que le dieron la oportunidad de trascender sus propias limitaciones históricas, con un nuevo papel, el de caudillo mártir. Bajo la dictadura la figura del Dr. Arnulfo Arias se convirtió en el símbolo vivo de la democracia que no teníamos y que ansiábamos tener, al mismo tiempo que de la justicia por la que clamábamos y también de la integridad de la que carecíamos en las más altas instancias del Estado y por extensión en amplios sectores de la sociedad. De estos tres valores el caudillo gobernante real que fue el Dr. Arnulfo Arias se destacó probablemente sólo en uno de estos valores, a saber la justicia en su dimensión social. Mantuvo viva en la conciencia de la población la esperanza de que los valores del estado de derecho democrático se podían realizar en Panamá y por la vía política pacífica. Ratificó y completó su significación en nuestra historia republicana como el gran rebelde, a quien se le atribuía preferir cualquier sacrificio antes que transigir con sus convicciones. Ese fue su último servicio al país, como símbolo, que fue sin duda el más valioso de sus servicios. De alguna manera ese símbolo reproducía también la situación de la República ella misma, haciéndole frente a la primera potencia del mundo en su rebeldía contra una relación contractual neocolonial y a favor de una relación cónsona con las exigencias de la soberanía y por ello de la justicia social internacional.
(Continuará la próxima semana).

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