Confusión de actores y roles
Una sociedad organizada se caracteriza porque más allá de los individuos, de sus deseos y miedos hay instituciones permanentes con funciones relacionadas, pero diferentes entre sí y bajo el mando de personas que han aprendido el rol que están llamadas a jugar en su desempeño público. Así, la idea de tener partidos de gobierno y partidos de oposición se funda en la necesidad de contar con autoridades responsables que sean elegidas por el mandato popular y, al mismo tiempo, con un contrapeso coherente que nos sirva a todos como resistencia a los excesos en que pudieran incurrir aquéllas.
El diseño de nuestro sistema político implica, además, que no todas las personas tienen que vincularse al gobierno o a la oposición, sino que hay también una sociedad civil que debiera mantener una posición no alineada a uno u otro partido y ser vigilante imparcial en beneficio de los valores ciudadanos, pero sin jugar a ser autoridad, o en convertirse en alternativa a la autoridad, pues en ese momento dejaría de ser sociedad civil, cuyo aporte consiste de opiniones y no de decisiones.
Más de una vez hemos visto a los partidos de oposición comportarse como si fueran sociedad civil, y, lo que es peor aún, a la sociedad civil conducirse como si fuera "la oposición" y aspirara a ser gobierno. Con esta confusión de actores y roles, no es de extrañarse que muchos miembros de la sociedad civil terminen enrolados como candidatos de partidos políticos a puestos de elección popular. Lo esperado sería que desde allí, pudieran impulsar los cambios que desde sus organizaciones pregonaban.