Confusión o masoquismo político
Cuando al final de la década de los años "60, el primer conflicto árabe-israelí, conocido históricamente como "La Guerra de los Siete Días", conllevó una acentuada paralización en la explotación, producción y comercialización del petróleo en el Medio Oriente, en América, Venezuela, tercer productor mundial del "oro negro" y con las mayores reservas comprobadas del mineral en el Hemisferio Occidental (con un estimado de extracción de 4 mil barriles diarios en el término de 10 años), se constituye en el gran proveedor de los mercados internacionales. Ello trajo consigo un elevado auge a la economía de esta nación.
Sería luego, en la siguiente década, la del "70, cuando llega al poder en ese país Carlos Andrés Pérez, quien aprovechando esa coyuntura económica mundial, promueve y ejecuta un ambicioso plan de desarrollo social y económico que lleva a su figura a trascender las fronteras patrias e internacionalizar su imagen como la de un destacado y sobresaliente estadista latinoamericano, no sólo por la forma tan atinada cómo manejaba las finanzas de esta privilegiada región de nuestro continente, sino también, por la manera tan exitosa como se involucraba y llegaba a liderizar asuntos de política internacional del área.
Sin embargo, los tiempos y circunstancias en el mundo cambian y así, el 4 de diciembre de 1988, cuando Pérez gana una vez más las elecciones en forma abrumadora, premiado por un electorado optimista que creía que éste le devolvería a Venezuela la bonanza de los años "70, se produce un año después (1989) una gran trifulca en su capital Caracas, dejando saldo de 300 personas muertas como resultado de motines populares en contra del alza de los precios de la gasolina y de los pasajes urbanos.
Este giro brusco de la economía venezolana, no era más que producto de la férrea imposición de medidas neoliberales que comenzaban a establecer las instituciones de crédito internacional sobre los gobiernos de países latinoamericanos.
En Panamá se produciría -también durante el mismo período de la primera ascensión al poder de Carlos Andrés Pérez en Venezuela- un fenómeno parecido, cuando se enseñoreaba el gobierno militar golpista del General Omar Torrijos, ya que igual que el gobierno de Pérez Balladares, Torrijos recibiría millones de dólares en empréstitos (época conocida como la de "la danza de los millones") para programas y obras fundamentales de carácter social. Este dinero producto de los malos manejos, el despilfarro, la malversación y desvío de los mismos para la complacencia de intereses personales de los militares en el poder y sus adláteres civiles del PRD, propiciarían, al igual que en Venezuela, una desestabilización económica y social, como producto del endeudamiento nacional y externo adquirido y cuyas consecuencias aún hoy estamos padeciendo los panameños.
A las puertas de un evento electoral en nuestro país, uno de los candidatos presidenciales es el propio hijo de aquel tirano gobernante de finales de los "60, toda la década del "70 y principios de los "80 (dictador de 3 décadas), que precedido, aupado y manipulado por aquella vieja cúpula política del PRD (hoy parte de ella semi oculta y alejada de la palestra pública), intenta llegar al poder, deslumbrando con su hábilmente operada maquinaria política propagandística, a los jóvenes que cegados por los enseres y anuncios publicitarios, creen unos, los más confundidos, que éste, Martín Torrijos, le devolvería a Panamá el esplendor que efímera y desacertadamente las IFIs una vez le ofrecieron a su padre; mientras otros, los ilusos, quienes creen que a su corta edad podrá dirigir él solo un país plagado de carcamales perredistas, que si bien ayer respetaron a Omar Torrijos por su dureza castrense y la firmeza de su gobierno (o a los que a su antojo imponía apoyándolos como "hombre fuerte"), hoy y en su oportunidad, de darse ello, le reclamarían a este joven el partido político del que se sienten sus verdaderos herederos, le reclamarían el poder y hasta el propio país del que se creen también son propietarios y dar luego por concluida la tarea ya iniciada cual es, despojarle de sus bienes y propiedades ya totalmente revertidas.
Sería luego, en la siguiente década, la del "70, cuando llega al poder en ese país Carlos Andrés Pérez, quien aprovechando esa coyuntura económica mundial, promueve y ejecuta un ambicioso plan de desarrollo social y económico que lleva a su figura a trascender las fronteras patrias e internacionalizar su imagen como la de un destacado y sobresaliente estadista latinoamericano, no sólo por la forma tan atinada cómo manejaba las finanzas de esta privilegiada región de nuestro continente, sino también, por la manera tan exitosa como se involucraba y llegaba a liderizar asuntos de política internacional del área.
Sin embargo, los tiempos y circunstancias en el mundo cambian y así, el 4 de diciembre de 1988, cuando Pérez gana una vez más las elecciones en forma abrumadora, premiado por un electorado optimista que creía que éste le devolvería a Venezuela la bonanza de los años "70, se produce un año después (1989) una gran trifulca en su capital Caracas, dejando saldo de 300 personas muertas como resultado de motines populares en contra del alza de los precios de la gasolina y de los pasajes urbanos.
Este giro brusco de la economía venezolana, no era más que producto de la férrea imposición de medidas neoliberales que comenzaban a establecer las instituciones de crédito internacional sobre los gobiernos de países latinoamericanos.
En Panamá se produciría -también durante el mismo período de la primera ascensión al poder de Carlos Andrés Pérez en Venezuela- un fenómeno parecido, cuando se enseñoreaba el gobierno militar golpista del General Omar Torrijos, ya que igual que el gobierno de Pérez Balladares, Torrijos recibiría millones de dólares en empréstitos (época conocida como la de "la danza de los millones") para programas y obras fundamentales de carácter social. Este dinero producto de los malos manejos, el despilfarro, la malversación y desvío de los mismos para la complacencia de intereses personales de los militares en el poder y sus adláteres civiles del PRD, propiciarían, al igual que en Venezuela, una desestabilización económica y social, como producto del endeudamiento nacional y externo adquirido y cuyas consecuencias aún hoy estamos padeciendo los panameños.
A las puertas de un evento electoral en nuestro país, uno de los candidatos presidenciales es el propio hijo de aquel tirano gobernante de finales de los "60, toda la década del "70 y principios de los "80 (dictador de 3 décadas), que precedido, aupado y manipulado por aquella vieja cúpula política del PRD (hoy parte de ella semi oculta y alejada de la palestra pública), intenta llegar al poder, deslumbrando con su hábilmente operada maquinaria política propagandística, a los jóvenes que cegados por los enseres y anuncios publicitarios, creen unos, los más confundidos, que éste, Martín Torrijos, le devolvería a Panamá el esplendor que efímera y desacertadamente las IFIs una vez le ofrecieron a su padre; mientras otros, los ilusos, quienes creen que a su corta edad podrá dirigir él solo un país plagado de carcamales perredistas, que si bien ayer respetaron a Omar Torrijos por su dureza castrense y la firmeza de su gobierno (o a los que a su antojo imponía apoyándolos como "hombre fuerte"), hoy y en su oportunidad, de darse ello, le reclamarían a este joven el partido político del que se sienten sus verdaderos herederos, le reclamarían el poder y hasta el propio país del que se creen también son propietarios y dar luego por concluida la tarea ya iniciada cual es, despojarle de sus bienes y propiedades ya totalmente revertidas.