Confusión, vialidad y transporte
Hace unos días, escuchando al ministro de Obras Públicas en un programa televisivo, me hizo pensar que mi residencia está un poco más cerca de la Torre de Babel de lo que creía.
El idioma que se utiliza para presentar excusas del fracaso en la solución de los problemas viales y de transporte colectivo no es el mismo que utilizamos la mayoría de los panameños; es otro.
Le oí decir, y creo que en español, que no pudo colocarse el nuevo puente vehicular del área del centro comercial Los Pueblos por problemas con el sistema hidráulico de la grúa.
Las maquinarias pesadas de construcción tienen especificaciones y detalles claros de sus limitaciones, y se ha debido tener en disponibilidad equipos complementarios para ejecutar el trabajo con la eficiencia necesaria y en el tiempo estipulado.
No haber tomado en cuenta lo anteriormente mencionado, demuestra claramente que se procede con celeridad a llevar a cabo obras de infraestructura vial y de otros tipos en anticipación a eventos políticos de importancia para los personeros gubernamentales, sin considerar el verdadero bienestar de la población.
Cualquier profesional de la ingeniería civil sabe a ciencia cierta que levantar, movilizar y colocar en un lugar específico 40 toneladas de una estructura rígida y de forma irregular, es materia para una planificación y preparación adecuada; esto no se hizo.
Igualmente se mencionó ese día que la razón por la cual no se ha solucionado el considerable problema del transporte colectivo de la ciudad de Panamá es porque la implementación del Sistema del Transmilenio o de buses articulados no es posible y, por lo tanto, irrealizable sin afectar a la población citadina al tener que destruir calles y avenidas existentes e irrumpir de una forma total en el buen desarrollo de las actividades cotidianas de nuestros ciudadanos, entre otras cosas.
¿Quiénes promovieron el sistema de los buses articulados en esta administración? ¿Quiénes no escucharon el clamor profesional, técnico y popular de que éste no era el sistema más conveniente para los habitantes de esta ciudad? ¿A quiénes no le importó el que existan otras propuestas y alternativas sustentadas por estudios serios y bien documentados? Entonces, ¿en qué idioma estamos hablando?
Ojalá que las soluciones que se nos han ofrecido para los próximos días no sean sólo un disfraz para restarle fuerza al clamor popular y para propósitos meramente políticos. Que sean verdaderas soluciones, de alternativas divorciadas de los intereses personales, económicos y partidarios.
No se requiere de paliativos, y menos, de buses para reemplazar buses. Esa no es la solución.