Confusión y lacrimógenos excesivos
En cualquier sociedad, cuando las fuerzas del orden público aplican para controlar disturbios civiles exagerada cantidad de gases lacrimógenos, va sumando en su contra, y al Estado que representa, resentimientos acumulados y rechazo de aquellos ciudadanos inocentes afectados por los gases, que nada tenían que ver con el origen de dichas protestas, lo que se vuelca, además, como un tácito apoyo hacia la causa de los amotinados.
Cuando observaba por televisión el empleo indiscriminado e irresponsable del novedoso mortero lanza lacrimógenos, igual que niños en Navidad inaugurando sus costosos juguetes, tuve que recordar aquellos tiempos ya pasados cuando, en repetidas ocasiones, nos asignaron el control de los motines universitarios, precisamente en el mismo escenario de las operaciones de hoy frente a la Universidad de Panamá y el Artes y Oficios, con las mismas vías e infraestructuras del entorno. Debo testimoniar que aquellas operaciones como las de hoy, siempre fueron, son y serán delicadas y peligrosas, al extremo que las mismas servían como referencias y exámenes para medir el nivel de profesionalismo y competencia, para cualquier comandante de tropas empeñado en dichas misiones.
Para entonces, pertenecíamos a una de las dos compañías de Orden Público de la Guardia Nacional, bien entrenadas y especializadas en control de disturbios civiles o control de multitudes. Nuestros jefes de campo Capitán o Mayor, ¡los que siempre estaban presentes orgullosamente al frente de sus tropas!, previo a la orden de proceder y dependiendo de las circunstancias, nos emitían la "Orden de Operaciones" en el cuartel, hasta ensayar la maniobra. De tal suerte que, cuando las tropas llegaban a los mismos "sitios calientes" de hoy, cada oficial, clase y rasos, ya sabían de antemano lo que les correspondía realizar. Es importante señalar que en la orientación previa, nuestros jefes hacían énfasis en evitar al máximo afectar a terceros ciudadanos ajenos al conflicto y el uso gradual y razonable de la fuerza disponible, donde la aplicación de lacrimógenos estaba entre las últimas prioridades, con la advertencia adicional que cada granada lanzada, le costaba al Estado B/.20.00 (Hace 40 años, calculamos que las granadas que lanzan los morteros de juguetes de hoy, debe ser de unos B/.125.00 cada uno).
Un día después, viernes 4 de mayo, se desbordaron y recrudecieron los disturbios entre agentes del orden público y estudiantes mozalbetes y señoritas recién pubertados, muy jóvenes todos. Este recrudecimiento, creemos, se dio a consecuencia de las confusiones que emanaron de las declaraciones poco meditadas de la señora presidenta Mireya Moscoso, 24 horas antes cuando desautorizaba, quizás sin quererlo, al señor ministro de Gobierno y Justicia. Como es natural, el movimiento de resistencia estudiantil y la clase trabajadora, separadamente, y si así fue coordinado ¡era muy difícil prohibir!, interpretaron las palabras de la Sra. Moscoso como un mensaje de apoyo a su causa y que intensificaran sus protestas para ella derogar el reciente aumento del transporte colectivo.
Me llamó la atención, durante los desórdenes del viernes 4, observar a algunas unidades de la Policía armados con sub-ametralladoras "UZIS", en actitud y prestos a utilizarlas, lo que representa una imprudencia inconcebible, ya que es un arma de gran volumen de fuego y de un calibre letal. En este punto, y siendo muy respetuoso, deseo sugerir a los altos jefes de todas las ramas de la Fuerza Pública y recordarles que, "cuando los policías están utilizando sus máscaras, bajo la presión y efectos violentos de los motines, la tensión, visión limitada, sudor y mucosidades, dificultad para comunicarse a voz, etc., se cae en un semi aislamiento y se pierde de la cadena de mando y control, adquiriendo cierto grado de anonimato y libertad de proceder, factores todos negativos que en un desliz e impulsado por su instinto de conservación y hasta lógicos temores, pueden incurrir en graves y lamentables imprudencias contra ciudadanos indefensos". Debido a esta realidad, no está demás reiterarle a los jefes de la institución, que sólo los oficiales y también supervisados, deben ser los únicos autorizados a portar armas letales para el control de disturbios civiles.
Finalmente, es justo reconocer el buen comportamiento del grueso de las tropas de la Policía Nacional, ya que, a pesar de tanta improvisación y confusión de las autoridades nacionales, no causaron daños físicos graves a los amotinados estudiantes y trabajadores. Sin embargo, no podemos dejar de señalar el lamentable papel que jugó el señor ministro de Gobierno y Justicia, a nombre del Gobierno Nacional, cuando emitió por los medios de comunicación, declaraciones no sólo irresponsables e insensatas, sino también fuera del contexto real. Es difícil comprender cómo un caballero letrado en Derecho y con la envestidura de un ministro de Estado, con sus declaraciones, haya puesto en evidencia que sus facultades mentales no corresponden a su alto cargo.
Cuando observaba por televisión el empleo indiscriminado e irresponsable del novedoso mortero lanza lacrimógenos, igual que niños en Navidad inaugurando sus costosos juguetes, tuve que recordar aquellos tiempos ya pasados cuando, en repetidas ocasiones, nos asignaron el control de los motines universitarios, precisamente en el mismo escenario de las operaciones de hoy frente a la Universidad de Panamá y el Artes y Oficios, con las mismas vías e infraestructuras del entorno. Debo testimoniar que aquellas operaciones como las de hoy, siempre fueron, son y serán delicadas y peligrosas, al extremo que las mismas servían como referencias y exámenes para medir el nivel de profesionalismo y competencia, para cualquier comandante de tropas empeñado en dichas misiones.
Para entonces, pertenecíamos a una de las dos compañías de Orden Público de la Guardia Nacional, bien entrenadas y especializadas en control de disturbios civiles o control de multitudes. Nuestros jefes de campo Capitán o Mayor, ¡los que siempre estaban presentes orgullosamente al frente de sus tropas!, previo a la orden de proceder y dependiendo de las circunstancias, nos emitían la "Orden de Operaciones" en el cuartel, hasta ensayar la maniobra. De tal suerte que, cuando las tropas llegaban a los mismos "sitios calientes" de hoy, cada oficial, clase y rasos, ya sabían de antemano lo que les correspondía realizar. Es importante señalar que en la orientación previa, nuestros jefes hacían énfasis en evitar al máximo afectar a terceros ciudadanos ajenos al conflicto y el uso gradual y razonable de la fuerza disponible, donde la aplicación de lacrimógenos estaba entre las últimas prioridades, con la advertencia adicional que cada granada lanzada, le costaba al Estado B/.20.00 (Hace 40 años, calculamos que las granadas que lanzan los morteros de juguetes de hoy, debe ser de unos B/.125.00 cada uno).
Un día después, viernes 4 de mayo, se desbordaron y recrudecieron los disturbios entre agentes del orden público y estudiantes mozalbetes y señoritas recién pubertados, muy jóvenes todos. Este recrudecimiento, creemos, se dio a consecuencia de las confusiones que emanaron de las declaraciones poco meditadas de la señora presidenta Mireya Moscoso, 24 horas antes cuando desautorizaba, quizás sin quererlo, al señor ministro de Gobierno y Justicia. Como es natural, el movimiento de resistencia estudiantil y la clase trabajadora, separadamente, y si así fue coordinado ¡era muy difícil prohibir!, interpretaron las palabras de la Sra. Moscoso como un mensaje de apoyo a su causa y que intensificaran sus protestas para ella derogar el reciente aumento del transporte colectivo.
Me llamó la atención, durante los desórdenes del viernes 4, observar a algunas unidades de la Policía armados con sub-ametralladoras "UZIS", en actitud y prestos a utilizarlas, lo que representa una imprudencia inconcebible, ya que es un arma de gran volumen de fuego y de un calibre letal. En este punto, y siendo muy respetuoso, deseo sugerir a los altos jefes de todas las ramas de la Fuerza Pública y recordarles que, "cuando los policías están utilizando sus máscaras, bajo la presión y efectos violentos de los motines, la tensión, visión limitada, sudor y mucosidades, dificultad para comunicarse a voz, etc., se cae en un semi aislamiento y se pierde de la cadena de mando y control, adquiriendo cierto grado de anonimato y libertad de proceder, factores todos negativos que en un desliz e impulsado por su instinto de conservación y hasta lógicos temores, pueden incurrir en graves y lamentables imprudencias contra ciudadanos indefensos". Debido a esta realidad, no está demás reiterarle a los jefes de la institución, que sólo los oficiales y también supervisados, deben ser los únicos autorizados a portar armas letales para el control de disturbios civiles.
Finalmente, es justo reconocer el buen comportamiento del grueso de las tropas de la Policía Nacional, ya que, a pesar de tanta improvisación y confusión de las autoridades nacionales, no causaron daños físicos graves a los amotinados estudiantes y trabajadores. Sin embargo, no podemos dejar de señalar el lamentable papel que jugó el señor ministro de Gobierno y Justicia, a nombre del Gobierno Nacional, cuando emitió por los medios de comunicación, declaraciones no sólo irresponsables e insensatas, sino también fuera del contexto real. Es difícil comprender cómo un caballero letrado en Derecho y con la envestidura de un ministro de Estado, con sus declaraciones, haya puesto en evidencia que sus facultades mentales no corresponden a su alto cargo.