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Conmemoración de la batalla de Pichincha


La batalla de Pichincha, el 24 de mayo de 1822, tuvo como protagonistas a las fuerzas patrióticas o independentistas al mando del mariscal Antonio José de Sucre, a quien el Libertador Simón Bolívar le había confiado esta enorme y trascendental tarea, y a las fuerzas denominadas de los realistas al mando del comandante José Aymerich. Con la victoria de los patriotas se completó la independencia del territorio que más tarde constituiría la Gran Colombia.
Para llegar a ese instante, habían transcurrido 30 años de movimientos y luchas, en los cuales destacados hombres y mujeres revolucionaban el ambiente de los territorios que ahora forman la República de Ecuador, proyectando sus voces y sus ideas más allá, inclusive, de la comarca local. Me estoy refiriendo al período y definitivo que cubre los años 1792 y 1822, esto es la etapa que va desde la publicación del periódico Primicias de la Cultura de Quito que promovería, con Eugenio de Santa Cruz y Espejo a la cabeza, transformaciones sociales profundas que debían evidenciarse en un ambiente de respeto y libertad que no existía, hasta la batalla del Pichincha y el subsiguiente encuentro en Guayaquil de los dos libertadores, San Martín y Bolívar, el 26 de julio de 1822, en donde se acordó la terminación de las campañas emancipadoras de América del Sur.
En el centro de este período se ubica el gran acto del 10 de agosto de 1809 que es considerado, no sólo en el Ecuador, sino en casi todos los países de la América hispana, como el inicio que desencadenó el proceso de la independencia de nuestra América y por ello, por la revolución de Quito y en su homenaje, se ha inscrito la frase que con justicia reconoce la historia para esta ciudad: "Luz de América".
Recapitulando, los 30 años que soportó Quito, igual que otras ciudades como Guayaquil, Ambato, Riobamba, Cuenca, para iniciar, perseverar y conseguir la independencia, comprende un lapso previo entre 1792 y 1809, que se puede considerar como idealista y pensante y un lapso inmediatamente siguiente, comprendido entre 1809 y 1822, como estratégico, sangriento y definitivo.
Es interesante recordar los objetivos de estas campañas y movimientos. Cuando Espejo fue apresado en enero de 1795, y sin poder resistir los rigores del trato en el encierro, falleció en diciembre de ese mismo año, se supo por el proceso seguido durante su prisión que, de acuerdo con otros hombres de pensamiento libre de Quito y de varias ciudades de América española, como Antonio de Nariño, ese gran revolucionario colombiano con quien Espejo entabló amistad en su exilio en Bogotá, en el fondo lo que se trataba de provocar en estos territorios era una insurrección general con los siguientes propósitos políticos: Emancipación completa mediante una mutua ayuda militar entre las provincias hispanoamericanas; constitución en los territorios americanos de repúblicas independientes y democráticas, y, nacionalización estricta de las funciones administrativas y de gobierno.
Todo ello como consecuencia de que se vivía en lo que hoy es el Ecuador, como en toda la América Latina en general, un colonialismo explotador que sumía en la miseria a los nativos y a los mestizos, de lo que había que liberarse, buscando como obvio una autogestión política que rompa y termine con los esquemas militares, administrativos y de control que había impuesto España como país conquistador. Es así como también la Junta Soberana de Quito, que tomó para sí el 10 de Agosto de 1809 la administración de los territorios, asumió poderes absolutos, realizó cambios inmediatos en las instancias públicas y decidió la nacionalización del gobierno, continuando en este enfoque con aquello que ya se había pensado desde el inicio del camino hacia la libertad de los territorios americanos.
La batalla de Pichincha, al igual que las libradas en Carabobo, Boyacá y Ayacucho, sentaron las bases definitivas de nuestros Estados: Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú, para lo cual hubo que recorrer un fatigoso y agitado camino, pues las principales luchas mencionadas requirieron, a su vez, de otras cien batallas previas y complementarias, mancomunando fuerzas, caudales, personas y contrayendo ingentes deudas con países del viejo continente, hasta llegar a la ansiada libertad.
Como consecuencia del triunfo logrado, reunidos en Quito, dice el historiador Luis Robalino Dávila, "el Deán y Cabildo de La Catedral, los Prelados de las Comunidades Religiosas, los Curas de las Parroquias Urbanas, las principales personas del Comercio y la Agricultura, los padres de familia y notables" el 29 de mayo de 1822 aprueban que el Departamento del Sur, esto en el Antiguo reino de Quito, forme parte de la Gran Colombia, anexión que duró poco tiempo, hasta el 13 de mayo de 1830 en que "unos cuantos de lo más granado de la ciudad de Quito", según palabras del historiador Pedro Fermín Cevallos declararon que constituyen el Ecuador como Estado libre e independiente, lo que fue ratificado el 19 del mismo mes en Guayaquil y el 20 en Cuenca. Esta es, relativamente breve, la historia de nuestra gesta de emancipación, cuyo aniversario número 179 conmemoramos en este día.

101 años de Panamá América

 
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