Consecuencias de la doble moral de los políticos
Ahora que Panamá se encuentra frente a la inminencia de un sobrebordamiento del conflicto de Colombia, no pudiendo mantenernos al margen por su cercanía y por las raíces mutuas que nos unen por la sangre y por aspectos geográficos, étnicos y culturales, inicio una pequeña disertación sobre un conocido vicio, cuyo uso está en boga por la clase política latinoamericana, principalmente, quienes han llegado a las esferas del poder público y que no tienen respuesta en un momento dado a las promesas ofrecidas durante las campañas electoreras, que les llevaron al poder.
Se trata del doble discurso producto de la doble moral que, paulatinamente, va invadiendo los vericuetos de la mente de estos personajes folclóricos que jamás se atreven a negarle nada rotundamente a sus copartidarios y amigos, que para no encarar la frustración o le disgusto de quien así fue engañado, deciden continuar engañándoles hasta el desistimiento por cansancio del así burlado.
Son estas prácticas del engaño y su principal fuente de sustento la mentira política o la demagogia, el inicio de la corrupción que invade los despachos públicos de la actualidad en los gobiernos de Latinoamérica, desde México hasta la Patagonia.
Resulta que el funcionario y el político, cuando se percatan de que han logrado desembarazarse de una promesa hecha durante la campaña, sin ningún costo material, burlando a los demás, entonces se convencen de que poseen una cómoda y barata herramienta para no ser molestados con cargas económicas, dedicándose a esta nefasta práctica que es causa del más peligroso efecto acumulativo en la psique de quienes observan este manejo, al grado que del engaño pasa la corrupta disposición de estas personas al peculado y lo que llamamos en Panamá, juega vivo.
Resultado: pérdida de la fe en los políticos y la administración pública, inicio del hundimiento de la moral y la ética de una nación liderada por políticos oportunistas que al observar una posible oportunidad de negocios, que corresponde a un contribuyente, se introducen y se lanzan ávidos de mezquindades, obstaculizando a los gestores iniciales para proponer a sus amigos y familiares la realización de actividades para las que estos últimos no están preparados ni se lo han ganado, apareciendo entonces, los grandes fraudes, de los funcionarios públicos y los ciudadanos que aceptaron el juega vivo, destruyendo lo poco de credibilidad que resta a favor de la gestión de los gobiernos que así se inmovilizan y deplorablemente profundizan más la pobreza de una nación ofreciendo las condiciones de orden subjetivo para el surgimiento de los movimientos insurgentes.
Presidente del Instituto de Formación Autogestion Empresarial
Se trata del doble discurso producto de la doble moral que, paulatinamente, va invadiendo los vericuetos de la mente de estos personajes folclóricos que jamás se atreven a negarle nada rotundamente a sus copartidarios y amigos, que para no encarar la frustración o le disgusto de quien así fue engañado, deciden continuar engañándoles hasta el desistimiento por cansancio del así burlado.
Son estas prácticas del engaño y su principal fuente de sustento la mentira política o la demagogia, el inicio de la corrupción que invade los despachos públicos de la actualidad en los gobiernos de Latinoamérica, desde México hasta la Patagonia.
Resulta que el funcionario y el político, cuando se percatan de que han logrado desembarazarse de una promesa hecha durante la campaña, sin ningún costo material, burlando a los demás, entonces se convencen de que poseen una cómoda y barata herramienta para no ser molestados con cargas económicas, dedicándose a esta nefasta práctica que es causa del más peligroso efecto acumulativo en la psique de quienes observan este manejo, al grado que del engaño pasa la corrupta disposición de estas personas al peculado y lo que llamamos en Panamá, juega vivo.
Resultado: pérdida de la fe en los políticos y la administración pública, inicio del hundimiento de la moral y la ética de una nación liderada por políticos oportunistas que al observar una posible oportunidad de negocios, que corresponde a un contribuyente, se introducen y se lanzan ávidos de mezquindades, obstaculizando a los gestores iniciales para proponer a sus amigos y familiares la realización de actividades para las que estos últimos no están preparados ni se lo han ganado, apareciendo entonces, los grandes fraudes, de los funcionarios públicos y los ciudadanos que aceptaron el juega vivo, destruyendo lo poco de credibilidad que resta a favor de la gestión de los gobiernos que así se inmovilizan y deplorablemente profundizan más la pobreza de una nación ofreciendo las condiciones de orden subjetivo para el surgimiento de los movimientos insurgentes.
Presidente del Instituto de Formación Autogestion Empresarial