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Consecuencias nefastas


Es una lástima llegar a cualquier oficina o empresa privada en Panamá y recibir un trato mediocre, por no decir deficiente. No sé por qué los empleados de esas instalaciones no pueden ser amables y resolver los problemas con conveniencia para ellos y para el cliente quien, al final, paga la transacción. Lo que más place a esos empleados es decir NO ante una solicitud, o no querer comprender lo que se les explica, tratando de entrada de salvar su responsabilidad, cuando nadie los acusa. ¿Qué logran con esto? Un cliente insatisfecho sin deseos de volver. Desde luego, no son todos, pero sí la mayoría y eso está en las personas y los jefes que no capacitan para que los empleados sonrían y aprendan a ser gentiles.

Hace poco tuve una experiencia y pensé que esos empleados no se dan cuenta que cliente disgustado no regresa y el negocio cierra quedándose sin trabajo. Pero esto lo debemos a la dictadura, al General que les hizo creer a los sindicatos y empleados que ellos tienen todos los derechos del mundo, pero no deberes. Aprendieron y lo han trasmitido, que empleado que ingresa a una empresa es enemigo del dueño o patrón y, por lo tanto, deben existir ellos y nosotros. No es así; quien dirige es la cabeza y los empleados son el equipo que hace andar el barco. Cualquiera que falle hará que ese barco naufrague. Pero si ese equipo merece consideración, buena remuneración y sentirse parte de la empresa, también tienen obligaciones de conservar la vida de esa organización para que subsista como tal.

Hemos llegado a un estado en que tanto la empresa privada como las oficinas públicas, que no se escapan, son nido de indiferencia, de poca amabilidad, de mal trato al cliente, de disgusto para tratar nuestros problemas.

Esas son las consecuencias de una dictadura y de la actuación de un dictador que necesitaba el apoyo de los trabajadores y les dio, como regaló otras cosas, la hegemonía de los empleados sobre quien pone el dinero y esfuerzo para levantar su inversión.

De continuar así, nuestra economía se irá al suelo. Los sindicatos son necesarios, pero mesuradamente y sin las prebendas de las que gozan muchos de sus dirigentes. Si quieres vivir así, continúa con el régimen; de lo contrario, no votes PRD y te irá mejor con el CAMBIO.

marisin@cableonda.net

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