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Consideraciones en el suministro de agua


Tradicionalmente definida como un producto sin color, ni olor ni sabor, relativos a su calidad, el agua ha pasado a un nuevo nivel de definición cuando se le agregan las características de producto vital, escaso y tecnológico. Aún no se han explorado con detenimiento estas últimas, cuando se agregan características de corte económico al considerar el agua como otro producto del mercado nacional y susceptible, por tanto, al análisis de costos, ventas, ganancias, pérdidas, etc., como se evalúa la producción en cualquier empresa. Las siete características indicadas, deben ser consideradas en las etapas de tratamiento, producción, almacenamiento y suministro de agua potable a la población. Un reto tecnológico surge de la propia calidad y cantidad - ambas decreciendo - de agua cruda superficial y subterránea, que exige la participación multidisciplinaria, incluso, en el cuidado y conservación de la materia prima.
Para el caso de la población residente en el polígono definido por las ciudades de Panamá, Colón y Arraiján que consumen 230 millones de galones de agua por día (MGD), la disponibilidad del agua cruda para el consumo humano compite con la requerida para las operaciones del Canal de Panamá, que es del orden de 1820 MGD. En períodos de larga sequía, como las que impone el Fenómeno de El Niño, el concepto de escasez, adquiere en la Cuenca del Canal de Panamá una condición extrema, ya que ambas actividades son de prioridad operativa. En la actual temporada seca o verano, la escasez adquiere una vívida descripción en ríos secos y abatimiento del nivel freático que afecta a la mayoría de las plantas potabilizadoras y pozos en todo el país.
222 Esta debilidad en la cultura del agua ha generado una demanda exagerada que no permite el desarrollo normal de la producción y suministro acorde, y en equilibrio con el crecimiento de la población.
Los procesos de producción y suministro están íntimamente relacionados con la demanda de agua exigida por la población panameña que sólo reconoce las primeras cuatro características del agua potable: incolora, insípida, inodora y vital; pero desestima las otras tres características: escasez, tecnológica y económica. Esta debilidad en la cultura del agua ha generado una demanda exagerada que no permite el desarrollo normal de la producción y suministro acorde y en equilibrio con el crecimiento de la población. A esto se suma una pésima distribución del agua con una mayoría de usuarios que abusan y malgastan, en detrimento de una minoría compuesta por usuarios de consumo normal y otro gran grupo personas que carecen del líquido vital presentando un cuadro permanente de demanda insatisfecha.
Más grave es cuando consideramos que la respuesta técnica propone, como solución para los que no reciben agua, aumentar la producción y, en poco tiempo, el resultado es una vuelta a la misma condición de mala distribución. A esta situación recurrente de déficit entre oferta y demanda se suma un aspecto diferente que históricamente ha sido desestimado: el resultado en rojo de la actividad comercial; es decir, la diferencia entre producción y ventas. Aquéllas crecen, éstas decrecen y la diferencia, en la clasificación de pérdidas, aumenta alentada por una gestión comercial alejada del proceso normal de medir - facturar y cobrar el agua consumida, que al mismo tiempo invita a malgastar lo que no cuesta, ampliando entonces la espiral deficitaria entre producción y demanda.
La ingeniería y la tecnología han realizado su más valioso aporte para llevar agua potable a la comunidad; ahora es el momento de aportar una cultura del agua que permita: reducir los efectos de escasez; ampliar la cobertura del servicio por reducción del desbalance entre producción y demanda exagerada, y minimizar las pérdidas económicas hasta alcanzar una condición de autosuficiencia financiera.
El sistema metropolitano de Panamá, que incluye todas las comunidades en el corredor transístmico desde Buena Vista hasta Los Andes, San Miguelito; la ciudad de Panamá desde el Casco Viejo hasta Pedregal, el sector Este desde Pedregal hasta Pacora -con una población cercana al millón de habitantes - recibe diariamente 164 millones de galones (MGD) de agua, lo que representa un consumo promedio de 173 galones por persona por día (gppd). Lamentablemente, esto no significa que todas las personas reciben esa cantidad de agua. Por el contrario, muchas consumen más de 200 gppd; mientras que otras se ajustan a 90 gppd, junto a un significativo grupo que no tienen agua, excepto por la distribuida con el limitado y costoso servicio de cisternas.
Mucho se ha discutido con relación al óptimo valor del consumo promedio - también llamado índice de consumo - que los especialistas calculan en base a parámetros técnicos, socioeconómicos y climatológicos de las ciudades, incluyendo las condiciones físicas de las redes que afectan negativamente en función de fugas de agua que no es consumida. Por tanto, el índice de consumo es dinámico y tiende a crecer con el desarrollo de las ciudades (más hospitales, hoteles, turismo, mejor calidad de vida, etc.)
Para un sistema como el metropolitano, hace algunos años el índice se había fijado en 80 gppd para los fines de diseño de acueductos. Nuestro índice real es más del doble, 173 gppd; mientras que, si atendemos el grado de desarrollo, debería ser del orden de 120 gppd. Especialistas señalan que cuando la población sea de un millón y medio de habitantes, el índice será de 150 gppd y la demanda de agua será de 225 MGD. Un mito explotado convenientemente, conservando el viejo índice de 80 gppd aduce que la cantidad de agua de 164 MGD suministrada al sistema, actualmente, alcanzaría para 2 millones de personas. Los defensores de este mito se equivocan al argumentar que entonces no es necesaria la ampliación de la planta de Chilibre...
El consumo actual de 173 gppd es extraordinariamente elevado y está ligado a las pérdidas en el sistema. Una parte de los 173 gppd es, en realidad, consumida; mientras que otra se pierde por fugas en las redes. De la fracción que se consume, gran parte corresponde a un consumo anormal (malgastar lo que no cuesta). El esfuerzo inmediato del IDAAN se orienta a minimizar el consumo anormal y las fugas en las redes de modo que corrigiéndose esos defectos, sea posible reducir el índice de consumo a los valores esperados del orden de 120 gppd, lo cual es costoso y requiere de 10 años o más. Llevarlo a los valores de 90, es simplemente utópico.
El concepto de pérdidas es otro mito convenientemente explotado en la figura de fugas en las redes, cuando en realidad es una combinación de factores económicos, comerciales y técnicos (fugas) que determinan una diferencia entre la cantidad de agua producida 164 MGD y la facturada 98 MGD. Tales pérdidas que aquí se cifran en 40%, pero que otros especialistas estiman en 50%, incluyen fugas en redes del orden de 12% - todos los porcentajes están calculados respecto a la producción diaria de 164 millones de galones. Teóricamente se ha propuesto reducir las pérdidas a 16%, incluyendo una reducción de fugas a la mitad; es decir, 6% lo cual implica aumentar la facturación desde 60% actual a 84%. Sólo en el utópico caso de que el IDAAN pudiera alcanzar la meta de 16%, digamos en 10 años, sería entonces innecesaria la ampliación de la Planta Federico Guardia Conte de Chilibre y aún así, para entonces el crecimiento natural de la población exigiría esa misma ampliación. No existe empresa de agua en el mundo capaz de alcanzar tales metas y las más eficientes han llegado a reducir pérdidas a un 25%.
*Superintendente de la Planta Potabilizadora de Chilibre.

101 años de Panamá América

 
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