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Consideraciones para negociar con Estados Unidos


Sólo los negociadores estadounidenses saben lo que Washington pedirá a Panamá en el desarrollo de las rondas planificadas para llegar a un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre los dos países. Sin duda uno de los temas estratégicos será lo relacionado con el Canal, su futura ampliación y lo relativo a la industria marítima, lo mismo que los servicios, las inversiones y las compras gubernamentales.
Hay quienes aseguran que con los TLC los países chicos pueden organizar sus economías y proyectarse al exterior sobre nichos que generan espacios no alcanzables sin los acuerdos comerciales internacionales. Pero la realidad indica que en las negociaciones el tiburón mayor se come a las sardinas. El argumento adicional es que en la realidad mundial, con tratados o sin acuerdos comerciales, ocurre exactamente lo mismo.
"En el fondo, el que recibe todos los beneficios es el centro de ese hub comercial que es Estados Unidos. Los beneficios no se reparten necesariamente al resto. Eso le conviene a Estados Unidos, pero no es el mejor escenario para el resto de los países", dijo en su reciente visita a Panamá, Mario Matus Baeza, uno de los negociadores chilenos del TLC con EU. Junto a Matus Baeza, Hugo Bairlein, representante del sector privado chileno, afirmó que es muy delicado pensar en negociar en cuatro rondas un tratado comercial como lo han anunciado Estados Unidos (EU) y Panamá. Reveló que aún lo negociado puede sufrir alteraciones. "EU está borrando con el codo muchos aspectos legales que había acordado con Guatemala. Eso es lo peligroso de negociar bajo presión y con premura", dijo Bairlein. Los negociadores chilenos han revelado que lo que EU le pidió a Chile es diferente de lo que le demandó a América Central y muy distinto de lo que buscará con Colombia, Ecuador, Perú y República Dominicana. Los expertos chilenos recomendaron a los negociadores panameños saber con certeza qué quieren y que no quieren, lo que es posible y lo que no lo es, y en qué pueden ceder y en qué no, a la hora de tratar con EU.
Las negociaciones bilaterales impulsadas por EU obedecen a un guión en el que las principales economías de la región se han visto obligadas a actuar. Los obstáculos puestos por los países desarrollados en las negociaciones multilaterales en la Organización Mundial del Comercio (OMC), sobre todo en el tema de los subsidios y el acceso a los mercados, ha frenado la dinámica de los acuerdos globales. Además, la politización por parte de Washington del proyecto de ALCA, cuyo grado de ambición resultaba irreal, desembocó en una frenética carrera para alcanzar acuerdos bilaterales en condiciones en muchos casos desventajosas. Quienes promueven la apertura de los mercados sostienen que se está contribuyendo al desorden y al caos en materia de libre comercio, pero que al final todos estarán encarrilados en el sentido del libre comercio. En el mediano y largo plazo, anticipan, de alguna manera este proceso se redefinirá en el contexto global que representa la OMC.
Los supuestos de un tratado comercial son generar beneficios económicos que redundarán en mayor empleo y en mejores condiciones de vida para toda la población. Pero el libre comercio es sólo una herramienta, no es una panacea. Debe haber un modelo macroeconómico sólido, estable y viable que tenga como ejes principales la estabilidad y credibilidad de las instituciones públicas, la salud de las finanzas estatales, el incremento de las exportaciones y de la inversión privada local y extranjera. Son cuatro patas de la mesa que deben fundamentarse en un plan nacional de desarrollo.
Un acuerdo comercial debería favorecer la calificación de riesgo país, dar mayor transparencia a la gestión pública, más certidumbre jurídica, impulsar la competivividad, estimular la productividad y contribuir a formar alianzas estratégicas entre el sector productivo nacional e internacional.
El problema es cómo lograr que un acuerdo comercial redunde en beneficios para toda la economía. Siempre habrá sectores que se sentirán afectados, por lo que tendrán que reducirse sus sensibilidades. Revisando la experiencia de otros acuerdos comerciales bilaterales suscritos por EU, Panamá debería fijarse como meta lograr abrir el espacio para que se incluyan excepciones para el sector agrícola. Eso significaría desgravar en plazos largos y en forma gradual los productos más sensibles. Chile logró 12 años en algunos productos agrícolas y EU acordó fijar plazos más largos en sus acuerdos comerciales con Australia. En esa dirección, los esfuerzos del sector agrícola local van dirigidos a concientizar a los negociadores panameños, para que luego traten de convencer a sus contrapartes estadounidenses acerca de la justeza de sus demandas.
Ante la inevitabilidad de los acuerdos de libre comercio, los países deben buscar las oportunidades que brinda la apertura de los mercados. Nadie aboga por quedar excluidos de los procesos de integración. Lo que debe hacer el gobierno panameño es establecer una sólida plataforma, fundamentada en un amplio acuerdo nacional para luego, con la fortaleza de un equipo que unifique al país, negociar acuerdos comerciales con las naciones que favorezcan más el intercambio comercial y que brinden igualdad de oportunidades. Panamá debe alinearse con un mundo más homologado, más similar, pero desde la perspectiva de los intereses nacionales y con el objetivo de obtener los máximos beneficios para toda la población.

101 años de Panamá América

 
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