"Consolad, consolad a mi pueblo"
Andamos muy serios porque "la Magdalena no está para tafetanes" decimos. Buscamos a ver qué nos hace reír, aunque sea forzadamente y en eso, uno que nos hacía reír muere prematuramente y nuevamente caemos en la acostumbrada cara de preocupación. En parte, porque decimos que las cosas que están pasando no se ajustan a lo que quisiéramos o a lo que esperábamos, y lo importante es tener algo que hacer para, por lo menos, no quedarnos en lamentaciones. Lo que sí podemos afirmar que no todo tiempo pasado fue mejor. La misma cosa. Incluso, hoy estamos cosechando las tempestades de aquellos vientos que se sembraron.
En ese contexto, las lecturas de adviento, concretamente del libro de la profecía de Isaías, el Deutero Isaías nos dice en el capítulo 40 en estos días con gran oportunidad... "Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios- Hablad al corazón de Jerusalén...". En latín que usaba en el ambiente pre conciliar se cantaba : "Consolamini, consolamini" Consuelen, consuelen a mi pueblo.
Y ese pueblo somos todos nosotros, que uno por un lado, otro por otro, andamos buscando un regalo para endulzar un tanto las vicisitudes reales o imaginarias por las que pasamos todos.
Toda la segunda semana de Adviento, el Deutero Isaías nos ha estado mandando un mensaje que fundamenta ese consuelo. Porque aún el más pintado se siente desconsolado en el sentido de que no ha podido conseguir lo que se ha propuesto sea en los negocios, sea en los estudios y exámenes finales; sea en la misma vida espiritual, sea en los planes apostólicos, ya que es normal que cuando se programan las cosas hay que hacerlo con optimismo, y a veces, exageramos el optimismo y se crean falsas expectativas, por lo que nos olvidamos que somos humanos y no supermán o dioses y estamos pendientes de la suerte y no sale el número, ni vino Pavarotti, ni empatamos siquiera un juego en los Emiratos Arabes, ni se dio el fallo que esperábamos, y se hicieron otros nombramientos repentinos y todo se vuelve frustración.
Una ex legisladora me conversaba diciendo que ella teme mucho por la tranquilidad con que el pueblo aguanta los múltiples abusos y que de repente, ante tanta desilusión, puede explotar socialmente. Respeto ese modo de pensar, puede que sea exagerado y las cosas no están tan mal todavía.
Modernamente, los entendidos biblistas atribuyen desde el capítulo 40 de esta profecía, a un autor distinto y le llaman Isaías II, del cual se sabe poco, y lo que se dice de él, es que era un gran teólogo y un inspirado poeta.
Es el gran poema de la vuelta del desierto, el segundo éxodo, más glorioso que el primero. El segundo éxodo recoge el antiguo, lo actualiza y lo levanta a nuevo nivel histórico. Ello demuestra que el primer éxodo, en cuanto acontecimiento empírico, tiene un límite y condicionamiento; pero en cuanto a salvación divina, no se agota sino que se supera así mismo hacia el futuro.
El segundo éxodo antes que vivido, es cantando en este poema. Anuncia los hechos no en forma puntual y circunstanciada, sino con imágenes y símbolos gloriosos con horizonte ilimitado...
"Hablen al corazón de Jerusalén", "grítenle que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen". La intención del Adviento es preparar la venida anual de Dios incorporado, pero que renazca con nuevo vigor en nuestros corazones. Para conseguirlo, el profeta nos invita a abrir nuestros oídos.
"Grita" dice el profeta. Normalmente no nos gustan los gritos. Y los gritos ocurren o cuando uno está en problemas o porque estás conversando con sordos o porque no tienes argumentos y lo único que te queda es gritar como si fuera un argumento de peso.
¿Qué debo gritar? Que toda carne es hierba y su belleza, como flor de campo: se agosta la hierba y se marchita la flor". Poder, belleza, juventud, todo aquello que da pie a nuestra autocomplacencia vanidosa es efímero como una flor silvestre que hoy es y mañana no aparece.
Cura radical - la humildad es la verdad - para limar nuestro orgullo siempre dispuesto a rebrotar. Sólo así nos prepararemos a recibir al Hijo del Altísimo que viene a hacerse hijo de la Humildísima.
Entre otras reflexiones el texto nos habla de lo imperecedero de la palabra de Dios...Pero "la Palabra de nuestro Dios permanece por siempre. La palabra de Dios, el Dios-Palabra que se hizo carne no morirá para siempre, sino que perdura eternamente. Pero no sólo el que es la Palabra, tampoco sus palabras perecerán.
El Infante de Belén afirmará más tarde "mis palabras no pasarán". Cruzarán los siglos hasta adentrarse en la eternidad, hallando eco a su paso en millones de corazones. Que no pasen de moda en nosotros ni Jesús Palabra, ni sus palabras.
En ese contexto, las lecturas de adviento, concretamente del libro de la profecía de Isaías, el Deutero Isaías nos dice en el capítulo 40 en estos días con gran oportunidad... "Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios- Hablad al corazón de Jerusalén...". En latín que usaba en el ambiente pre conciliar se cantaba : "Consolamini, consolamini" Consuelen, consuelen a mi pueblo.
Y ese pueblo somos todos nosotros, que uno por un lado, otro por otro, andamos buscando un regalo para endulzar un tanto las vicisitudes reales o imaginarias por las que pasamos todos.
Toda la segunda semana de Adviento, el Deutero Isaías nos ha estado mandando un mensaje que fundamenta ese consuelo. Porque aún el más pintado se siente desconsolado en el sentido de que no ha podido conseguir lo que se ha propuesto sea en los negocios, sea en los estudios y exámenes finales; sea en la misma vida espiritual, sea en los planes apostólicos, ya que es normal que cuando se programan las cosas hay que hacerlo con optimismo, y a veces, exageramos el optimismo y se crean falsas expectativas, por lo que nos olvidamos que somos humanos y no supermán o dioses y estamos pendientes de la suerte y no sale el número, ni vino Pavarotti, ni empatamos siquiera un juego en los Emiratos Arabes, ni se dio el fallo que esperábamos, y se hicieron otros nombramientos repentinos y todo se vuelve frustración.
Una ex legisladora me conversaba diciendo que ella teme mucho por la tranquilidad con que el pueblo aguanta los múltiples abusos y que de repente, ante tanta desilusión, puede explotar socialmente. Respeto ese modo de pensar, puede que sea exagerado y las cosas no están tan mal todavía.
Modernamente, los entendidos biblistas atribuyen desde el capítulo 40 de esta profecía, a un autor distinto y le llaman Isaías II, del cual se sabe poco, y lo que se dice de él, es que era un gran teólogo y un inspirado poeta.
Es el gran poema de la vuelta del desierto, el segundo éxodo, más glorioso que el primero. El segundo éxodo recoge el antiguo, lo actualiza y lo levanta a nuevo nivel histórico. Ello demuestra que el primer éxodo, en cuanto acontecimiento empírico, tiene un límite y condicionamiento; pero en cuanto a salvación divina, no se agota sino que se supera así mismo hacia el futuro.
El segundo éxodo antes que vivido, es cantando en este poema. Anuncia los hechos no en forma puntual y circunstanciada, sino con imágenes y símbolos gloriosos con horizonte ilimitado...
"Hablen al corazón de Jerusalén", "grítenle que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen". La intención del Adviento es preparar la venida anual de Dios incorporado, pero que renazca con nuevo vigor en nuestros corazones. Para conseguirlo, el profeta nos invita a abrir nuestros oídos.
"Grita" dice el profeta. Normalmente no nos gustan los gritos. Y los gritos ocurren o cuando uno está en problemas o porque estás conversando con sordos o porque no tienes argumentos y lo único que te queda es gritar como si fuera un argumento de peso.
¿Qué debo gritar? Que toda carne es hierba y su belleza, como flor de campo: se agosta la hierba y se marchita la flor". Poder, belleza, juventud, todo aquello que da pie a nuestra autocomplacencia vanidosa es efímero como una flor silvestre que hoy es y mañana no aparece.
Cura radical - la humildad es la verdad - para limar nuestro orgullo siempre dispuesto a rebrotar. Sólo así nos prepararemos a recibir al Hijo del Altísimo que viene a hacerse hijo de la Humildísima.
Entre otras reflexiones el texto nos habla de lo imperecedero de la palabra de Dios...Pero "la Palabra de nuestro Dios permanece por siempre. La palabra de Dios, el Dios-Palabra que se hizo carne no morirá para siempre, sino que perdura eternamente. Pero no sólo el que es la Palabra, tampoco sus palabras perecerán.
El Infante de Belén afirmará más tarde "mis palabras no pasarán". Cruzarán los siglos hasta adentrarse en la eternidad, hallando eco a su paso en millones de corazones. Que no pasen de moda en nosotros ni Jesús Palabra, ni sus palabras.