default

Consolidación democrática (I)


Si tratamos de emprender un análisis objetivo de nuestro diario vivir en América Latina, nos encontramos con una disyuntiva que no nos debe resultar nueva: la democracia latinoamericana es una de las más débiles del mundo.
Muchas de las naciones, desde el Río Grande hasta el Cabo de Hornos, han sufrido los funestos efectos de los autodenominados gobiernos "de facto"; y han sido víctimas de movimientos autoproclamados "revolucionarios", que en un principio han prometido cambios para encaminar a sus pueblos hacia mejores días, pero que al final sólo han trastocado las débiles instituciones del Estado.
Pero no sólo es esto, antes de la instauración de estos regímenes, la estas naciones vivían bajo el paraguas de una democracia tan o igual de imperfecta que la actual; una democracia de elecciones que, a fin de cuentas, fue la principal responsable del surgimiento de las tendencias que dieron paso a la era de las dictaduras militares y civiles más grandes y crueles de la historia latinoamericana.
Numerar regímenes y responsables no es nuestra intención, ya de eso mucho se ha hablado y sería llover sobre mojado. La historia ya la conocemos; es más, cada nacional de cada uno de los países que han sufrido y siguen sufriendo los efectos de lo antes expuesto, está muy claro de su realidad y entiende que de todo aquello hay que aprender, a fin de encausar nuestro destino y evitar que la historia se repita en menor o mayor grado. Nuestra real intención es la de hacer un llamado a la necesidad de replantearnos nuestros objetivos nacionales y regionales, con miras a enfocar y atacar de frente el riesgo que representa saber que una gran cantidad de nuestros ciudadanos no están muy satisfechos con las bondades del sistema democrático.
La fragilidad de la democracia latinoamericana y su inaplazable consolidación debe ser un tema de prioridad inmediata, si es que realmente queremos evitar que la historia de gobiernos autocráticos, totalitaristas o dictatoriales, vuelva a asomarse al presente
La Democracia en la mira. El último informe publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), sobre la Democracia en América Latina, ha dejado muy clara la realidad que muchos quieren negar. Y no se trata de un informe estructurado para atacar al modelo económico, tal y como lo indicó José Ángel Gurria, ex ministro de Relaciones Exteriores y Hacienda de México, en un panel con Andrés Oppenheimer en su programa televisivo. La realidad es sencilla: los ciudadanos latinoamericanos, los pueblos de este inconcebible aletargado subcontinente americano, añoran mejores días, desean los cambios que le garanticen un desarrollo integral cónsone con sus necesidades y esperanzas; y, al parecer, la democracia, como "modus operandi" de la administración del Estado, no está caminando hacia esos deseos.
El latinoamericano simplemente a interrelacionado en su subconsciente una idea realmente peligrosa, que es exactamente lo que deja entrever el informe del PNUD, independientemente de cómo se hayan estructurado los cuestionamientos. La relación es simple: "No estamos avanzando, no estamos solucionando nuestros problemas, cada día estamos peor... ¡La democracia no funciona!"
Este sentir latino es fruto de la confusión que se genera al ver cómo el sistema que tanto ha prometido, no está cumpliendo. No obstante, hay algo en lo que debemos estar claros: ¡Esta relación es falsa! No es que la democracia no funcione; ¡la democracia sí funciona! El problema radica en que aquellos que llevan las riendas de la maquinaria del Estado no están enfocando su actuar hacia la consecución de un sistema democrático más justo, en donde los ciudadanos se sientan parte no sólo de los problemas, sino de las soluciones; un sistema que, para convertirlo en realidad, requiere de la puesta en vigencia de uno de los principios básicos del derecho internacional público, el principio de la libre determinación de los pueblos.
(Continuará en próxima entrega)
(augustoi@expresionesamp.net)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América