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Constitución y "dedocracia"


Ante la posibilidad de intervención permanente de la ciudadanía en los asuntos públicos, poco a poco, los que no quieren que se realice la transición de una constitución impuesta a una Constitución democrática, resultado de la participación de todos, empiezan a asomarse al ruedo y comienzan a reaccionar para imponer sus reformas para que nada cambie. Quienes encabezan las posiciones contrarias a una Asamblea Nacional Constituyente y sus seguidores, se niegan a aceptar que los tiempos exigen que las cosas cambien, rechazan la idea que Panamá quiere cambiar, que Panamá debe cambiar, que Panamá va a cambiar. Sobre todo, porque la historia no es un accidente, es una opción y, hoy por hoy, la opción es el cambio, la transformación que vendrá con la conversación, discusión, aprobación, promulgación, aplicación y observación de una nueva Constitución por la vía participativa, democrática, popular y pacífica de una Constituyente.
De una u otra forma, los adversarios, los fugitivos y los "dálmatas" de la Constituyente, vienen multiplicando sus "apariciones", para tratar de contrarrestar el avance que la propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente ha tomado en la sociedad panameña durante los últimos meses. Algunos de entre ellos adelantan "acuerdos" o "pactos" políticos que les permitan colocar la Constituyente en estado de postración. Pretenden hacer con la Constituyente lo mismo que han logrado todos estos años con la democratización de la sociedad y la participación ciudadana: postergarla, amputarla, manipularla o controlarla, como si de pacto de La Pintada, de pacto del uso del Fondo Fiduciario, de pacto META o de pacto MAMI, se tratara. Intentan así evitar el cambio, desplazar las crisis, pero no eliminarlas.
Incapaces de producir reformas serias para una verdadera transición del autoritarismo y la partidocracia a una democracia participativa y un reordenamiento serio del país, prefieren sus conciliábulos de espaldas a la nación, prefieren sus "mecanismos de reforma"; su "consejo de partidos políticos"; sus conocidas prácticas excluyentes que aprendieron a cultivar (los unos y los otros) en las diversas escuelas de la "dedocracia" en las que se han matriculado, como alumnos aventajados, durante las últimas décadas.
Hoy, vemos también cómo van emergiendo quienes dicen querer cambios en la Constitución, pero que rechazan una Constitución para el cambio. Para ello se valen de viejos y desgastados discursos y recursos teóricos de las épocas del clientelismo y del caciquismo de los años de los discursos demagógicos de los "picos de oro". Buscan poder remozar así, la mano del autoritarismo y la autocracia, apoyando la posibilidad de una "pequeña constituyente", nombrada de a dedo, con la condición, claro está, que el dedo de la "dedocracia" apunte hacia ellos para hacerlos constituyentes, en lugar de una constituyente por vía de la elección libre, democrática y participativa de la voluntad popular.
Pretenden hacernos olvidar su absoluta falta de legitimidad, pues dicho método "dedocrático", representa las instituciones políticas degradadas, degeneradas y desgastadas, que tanto daño moral, político, económico y social han hecho a todo el país. Pretenden por esa vía, acallar las voces del pueblo que exigen más democracia, más participación, más descentralización, más democratización porque, simple y llanamente, la gente desea saber "de qué se trata".
No pretendo esperar ni que los hijos, sobrinos o nietos de la "dedocracia" (del torrijismo o del mireyismo), ni que estos nuevos y viejos maestros del engaño, algunos de los cuales osan llamar "ñamería histórica" el clamor popular por una verdadera democratización de las estructuras del Estado, dejen de lado sus pretensiones.
Lo que sí no se puede es dejar de recordarles, con Shakespeare, a ellos y a sus asimilados, que no son más que: "Parásitos detestables, empalagosos en perpetua sonrisa, corteses agentes de la ruina, lobos afables, osos humildes, juguetes de la fortuna, amigos de la cocina, moscas de la prosperidad, lacayos de gorra en mano y dobladas rodillas, serviles burbujas vanidosas, resortes de reloj que a cada minuto cambian".
Digan lo que digan y hagan lo que hagan, lo que no podrán destruir es la esperanza de un mañana mejor, de una transformación democrática contraria a la corrupción imperante, para que Panamá cambie.

101 años de Panamá América

 
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