default

Constituyente, lo tercero


Desde el pasado 2 de mayo, el terror ha invadido la mente de un sinnúmero de elementos que ejercen el poder constituido, es decir los que tienen poder político, económico, social y cuidado que los poderosos de los sectores culturales y hasta religiosos, porque no quieren constituyente.
¿Por qué este terror a la constituyente? Porque una constituyente puede cambiar todas las reglas existentes del juego de detentar el poder. El poder constituyente, el pueblo soberano, en una democracia verdadera, es decir, en donde el poder emana o radica en el pueblo, éste, erigido en poder constituyente, puede cambiar lo que le plazca, cuando se convoca legítima y políticamente para darse un nuevo orden, para darse una nueva Constitución, a través de la Asamblea Nacional Constituyente.
Para que una constituyente sea exitosa y rinda un buen producto requiere la concurrencia de una serie de factores, sin los cuales, la constituyente puede salir fallida, permitiendo que los cambios sean solamente cosméticos, o hasta empeorando más el Estado poco democrático que vivimos. Toda empresa en búsqueda del bien común tiene sus riesgos.
Uno de esos factores principales, para que no falle el ejercicio, es que la mayoría del pueblo sienta que la constituyente es un instrumento idóneo para darse un nuevo marco político jurídico que permita la democracia social y la democracia económica. Si el ejercicio constituyente se desvirtúa, que es lo que pretenden los que lo atacan, haciéndolo aparecer como otro mamotreto politiquero, los sectores más decentes y los más desinteresados se marginan y las grandes mayorías no escogen a los mejores o no defienden lo salido bueno del ejercicio constituyente.
Es por eso que el poder constituido ha empezado a desvirtuar la constituyente con una malsana campaña, a pesar de que Mireya Moscoso no ha dicho que la constituyente es la vía de darnos una nueva Constitución, sino que ha dicho que, luego de nombrar una comisión que proponga una nueva Constitución, y que esta comisión consulte esa propuesta con amplios sectores de la vida ciudadana y que entonces, si esa comisión recomendara la vía constituyente, se consultaría al pueblo a través de un referéndum para que diga si quiere o no una constituyente. Eso es lo que ha dicho Doña Mireya.
Claro está, que escogiendo sí a la constituyente, con este "sí" el que convoca a la constituyente es el pueblo soberano, el poder constituyente primario y Mireya Moscoso sólo sería la depositaria de ese mandato, teniendo que hacer todo lo necesario para cumplir esa orden popular.
Pero, ¿cuándo hacer la constituyente? Soy de la tesis de que no puede ser antes del traspaso del Canal de Panamá y de la reversión de las áreas aledañas. El gobierno de Doña Mireya se instala el 1 de septiembre y lo primero que tiene que enfrentar es una serie de acciones en los primeros 100 días para comenzar a cumplir las promesas de campaña. Apenas terminados de transcurrir esos primeros 100 días de tradicionalismo simbólico, llega el segundo compromiso trascendental del nuevo gobierno, la fecha de perfeccionar nuestra independencia, evento que por nada en el mundo se debe perturbar, sobre todo porque sabemos que hay intereses de sectores externos e internos de que no se complete esta oportunidad histórica de perfeccionar nuestra independencia. Pasado este hecho histórico es que podríamos entrar en la tercera acción trascendente de gobierno, el proyecto constituyente para darnos una nueva Constitución, es decir, a partir de enero del 2000.
Desde la instalación del nuevo gobierno, hasta realizado el traspaso del Canal, las comisiones contempladas en el programa de gobierno pueden trabajar en los diferentes aspectos que conlleve el trabajo de proponer una nueva Constitución.
La vía no podrá ser otra que la constituyente porque uno de los Organos que necesita ser reestructurado en el Organo Legislativo, por lo cual, como no existe ninguna entidad que "tire cuchillo para su pescuezo" y literalmente hay que decapitar todos los privilegios y aberraciones que son la fuente de corrupción de este cuerpo político, no podemos pretender que estos señores se ordenen a través de una reforma.
El Judicial es otro órgano que requiere hacerlo nuevo y por cosas del destino, no podrán impedir que el poder constituyente primario se dé una nueva Constitución a través de una constituyente, porque existe jurisprudencia en el sentido de que si se consulta al poder constituyente originario, el pueblo, la constituyente se legitima, según fallo de abril de 1983.
Para quienes objetaran el gasto para hacer la consulta les decimos que la democracia tiene ciertos gastos insalvables, además les digo que podemos ahorrarnos una consulta, si en el mismo comicio hacemos las dos consultas, así: primero el votante responde "sí" o "no" a la constituyente; el que vota "sí" escoge también a sus constituyentes que tenga derecho y el que vota "no" allí termina su consulta. El escrutinio que se hace primero es el de definir si el pueblo quiere o no quiere una constituyente. Si gana el "no" no se escrutan los votos emitidos para constituyentes, si gana el "sí", se escrutan los votos para constituyentes. El estatuto de estos comicios será dictado por el Consejo de Gabinete, legalizado "ad-referéndum" por el pueblo.
La constituyente ha llegado para hacerse. El viejo orden no satisface. Hagamos uno nuevo.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América