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¿Constituyente o reformas?


Los fugitivos de la Constituyente vuelven a la carga. Reiterativos y retóricos, caen en la desesperación al no encontrar argumentos válidos para atacar la necesidad para nuestra formación social, de una Constituyente. En más de una ocasión y en diferentes tribunas he señalado que: "nos encontramos frente a un Estado cuyas estructuras no satisfacen nuestras necesidades. ¿Por qué? Porque simple y llanamente, no cumple con cabalidad sus atribuciones. Ni siquiera las tradicionales, es decir las que dieron lugar a su creación [hace ya casi un siglo] y constituyen su razón de ser, y tampoco cumple las atribuciones que han asumido los Estados modernos.
No administra justicia, ni conserva el orden público y por ello no garantiza la seguridad de los asociados. No ha creado las condiciones que le permitan al país las condiciones para lograr un mayor y mejor crecimiento económico. En ningún momento se ha fijado como meta prioritaria la búsqueda de la justicia social".
Simultáneamente, constatamos con Marcos Kaplan que "los partidos políticos se rutinizan y esclerosan, se desajustan respecto a los rápidos cambios y a las nuevas condiciones, reducen o pierden su representatividad y su capacidad de acción. Clases, grupos, instituciones, tienden a carecer de cohesión, de conciencia compartida, de representación eficaz, de aptitud para formular y defender sus intereses y proyectos, para negociar, para coincidir y articularse en coaliciones. Se multiplican las trabas para el logro de formas racionales de acción política y de consensos amplios.
Proliferan las divergencias irreductibles, las situaciones de incoherencia, de empate, de estancamiento, de parálisis. Se ve dificultada la formulación clara de problemas y opciones, de decisiones y acciones, en las crisis y en las cuestiones básicas del desarrollo... Dado que vivimos tiempos inusuales, tiempos de transición en los que el presente aparece lleno de contradicciones y el futuro incierto, tanto el lamento de los pesimistas como el alborozo de los optimistas encuentran eco en medio de la incertidumbre generalizada".
La estrategia reformista de las cúpulas partidistas ha consistido en utilizar las legislaciones impuestas por la dictadura militar desde 1972 sin romper con ellas, para garantizarse así una especie de continuismo que les ha permitido mantenerse y repartirse el poder con la menor participación posible de las mayorías ciudadanas. En esta estrategia y en las tácticas que de ella se derivaron, coincidieron y coinciden tanto la cúpula de los partidos políticos en el Gobierno como la cúpula de los partidos políticos que apoyaron al régimen dictatorial y que se expresa en el Pacto Mami.
¿Por qué se aferran los gobernantes panameños y los dirigentes de los partidos políticos a estrechos y enanos criterios de interpretación jurídico-política que sólo conducen a la sociedad hacia un mayor anquilosamiento y al Estado hacia su artereoesclerosis progresiva?
¿Por qué se niegan los actuales gobernantes panameños y los dirigentes de los partidos políticos, a la promoción de una Constitución que sea el verdadero fruto del empeño y de las preocupaciones de todos los panameños, y que sirva como un instrumento eficaz para iniciar realmente un Estado de Derecho en nuestro país y empezar a erradicar de una vez y para siempre, toda una serie de prácticas y criterios que han frustrado a tantas generaciones?
¿Por qué rechazan el deseo ciudadano de superar unas formas de actuación y acción política que tienen al pueblo basculante entre la incredulidad y la rabia?
¿Por qué si es público y notorio que el país se debate cada vez más en medio de un sentimiento de problemas irresueltos, la mayoría de nuestros políticos y gobernantes insisten, a través de todas sus actuaciones, en su absurda pasividad hacia la urgente y necesaria modernización y reactivación de los órganos y de las instituciones del Estado, en la vía reformista?
¿Por qué los virulentos ataques de los fugitivos de la Constituyente contra la quinta papeleta como medio de consulta nacional para decidir a favor o no de una Asamblea Constituyente?
Panamá requiere grandes transformaciones y las mismas no se podrán dar sin la participación activa de su población. Por ello, el planteamiento de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, para dotarnos de un nuevo y pujante pacto social, seguirá siendo la propuesta que más beneficio tendrá para toda la población. Es palpable que los partidos políticos y sus dirigentes, y especialmente los legisladores, han demostrado no tener la menor voluntad de proceder a una verdadera reforma de la Constitución, simple y llanamente porque no les conviene. ¿Para qué insistir en una "reforma" hecha por los actuales legisladores?
Es la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente la que permitirá a la ciudadanía no encaminarse por las vías de soluciones violentas ante la inadecuada protección que le brinda el Estado y contribuirá a elevar y empezar a transformar los instrumentos y los criterios que se vienen utilizando para el planteamiento, análisis y discusión de los problemas políticos-institucionales que conocemos los panameños.

101 años de Panamá América

 
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