Constituyente, reformas y modas
En Panamá se ha creado, durante las dos últimas décadas, el mecanismo espontáneo de que los problemas nacionales de envergadura se transforman en modas recurrentes. Surgen y resurgen de modo inesperado, a veces de tiempo en tiempo. Los medios de comunicación, interesados en el sensacionalismo, les prestan alas y fomentan la última moda. Hace más o menos un año se puso de moda la realidad de la corrupción generalizada en la sociedad desde hace tiempo, principalmente en los medios gubernamentales, pero también en otros sectores; y todos en una forma u otra, nos hicimos cargo de la corrupción, la comentamos, expusimos toda clase de “soluciones”, y cuando el asunto dejó su carácter externo sensacionalista, parece que todos nos hubiéramos puesto de acuerdo, y dejamos en paz a la señora corrupción.
Ciertas modas se presentan en forma periódica, según lo acabamos de señalar, pero todas siguen ese mismo curso, del escándalo a la nada.
En las dos décadas finales del siglo XX, una de esas modas, caracterizadas por su recurrencia, ha sido la del problema jurídico-constitucional: la disyuntiva de Constituyente o Reformas. Ese dilema no se refiere, para nosotros, a una problemática de verdadera trascendencia nacional, como son las crisis económica superpuestas durante los últimos años, el desempleo, el caos de la educación, la profundización de la miseria económica y social, etc.
Desde el comienzo del gobierno de los señores Endara y Arias Calderón, en 1990, y a consecuencia de los traumas de la crisis política de la narcodictadura norieguista y de la desfachatada invasión norteamericana (dicho hasta desde un punto de vista jurídico) de fines de 1989, surgieron espontáneamente en el seno de la sociedad panameña grandes expectativas con respecto al rumbo que tomaría el país con el nuevo gobierno. Entre esas expectativas estuvo la idea de una Constituyente, lo que resultó en la moda constitucionalista nuestra. Hasta se intentó apoyar esa idea con la inscripción de “nuevos” partidos políticos, que tomaron la bandera constituyente para inscribirse. Pero la mayor parte de esas expectativas de la primera época endarista se diluyeron ante el muro de la dura realidad nacional existente, y muchos corrieron a criticar ruidosamente al gobierno de los primeros noventa, como si fuera la causa de la estrepitosa desilusión, que tuvieron las expectativas poco realistas de ese entonces, las cuales, aunque bastante entusiastas y cautivadoras, se desvanecieron como cortina de humo.
Sin embargo, de cuando en vez, durante los últimos veinte años del siglo pasado, la moda de la Constituyente renace, como el Ave Fénix, y el sensacionalismo jurídico sienta sus reales en la atención pública, desmoronándose, como toda moda, al poco tiempo. Y es que la aceptación que lleva a la realidad esta clase de organismos políticos, depende de varios factores, que todavía no se han producido al unísono, como es necesario, ya que se trata de un resultado social, colectivo, en el que las individualidades personales no resultan idóneas. Uno de esos factores es el de cierta dosis de poder, que esté detrás de la Idea Constituyente o de una nueva Constitución, que sólo es nueva por su fecha, salvo una que otra institución.
Desde septiembre último, el presidente actual de la Asamblea Legislativa, legislador Carlos Alvarado, se refirió al propósito de poner en marcha una reforma constitucional, bajo la característica de una nueva Constitución, con el visto bueno de dos asambleas distintas y sucesivas.
El procedimiento es uno de los dos previstos en la Carta Magna vigente, (artículo 308). Ya una comisión especial, que nació en los predios legislativos, tomando como base varios proyectos integrales de Constitución, que han venido circulando desde hace algunos años, y ciertas críticas dirigidas a normas constitucionales que han mostrado sus deficiencias, elaboró la propuesta de Constitución, que el presidente Alvarado parece haber remitido al Organo Ejecutivo, con el objeto de que el Consejo de Gabinete ejerza su derecho a iniciativa constitucional y proponga a la Asamblea el proyecto de reforma abarcadora de toda la Constitución, para que la presente a la Asamblea y el Legislativo que sea elegido en las próximas elecciones generales digan su palabra final.
Como desconocemos el articulado de esa Carta Magna proyectada, no estamos en capacidad de opinar sobre ella. Apuntamos sólo que el interés en marcha de una campaña electoral que se está precipitando, puede conspirar en contra de la posibilidad normal de esa Constitución-Reforma.
Para ello cada facultad, centro regional o centro de investigación celebra un congreso anual, en los que se discuten temas de actualidad con expertos nacionales y extranjeros, a fin de aportar ideas que contribuyan a la solución de los problemas nacionales. En la organización de estos eventos participan activamente los estudiantes, al punto que en el 96 participaron 800 del exterior.
Otra de las estrategias de Montemayor fue la de vincular a la universidad con los sectores público y privado. De ahí que se firmaran 150 convenios para el desarrollo de programas que permiten el desarrollo de la Tecnológica.
Entre éstos mencionó el firmado con la Politécnica de Madrid, mediante el cual esta universidad envía a Panamá a profesores. Lo mismo se hizo con Francia, a donde van profesores panameños a estudiar doctorados.
Montemayor destacó que impulsó la autogestión, para fortalecer el presupuesto de la universidad. Para lograr ese objetivo creó la Fundación Tecnológica de Panamá, que permite hacer trabajos, incluidos diseños de estructuras, con la agilidad que requiere un cliente.
El pasado año, esta fundación generó unos 500 mil balboas, lo que se usó para equipamiento de la universidad.
Los convenios también son mecanismos que generan ingresos, todo bajo la lupa de la Contraloría General de la República. Se creó además una Asociación de Egresados.
Para el ex rector, es necesario que la Tecnológica no sólo transmita conocimientos, sino que los adapte y los genere.
Para lograrlo, se ha invertido en la capacitación doctoral del personal. "Cuando nosotros llegamos aquí había tres doctores en el campo de la ingeniería, ahora hay 27 doctores, más otros que se están preparando", informó. Con esto se fortalece la capacidad de generar conocimientos, precisó.
Para él, la definición de la Universidad es formar un recurso humano integral, que genere, transforme y transfiera ciencia y tecnología, a fin de promover el desarrollo económico, social, cultural y tecnológico del país como misión institucional.
Montemayor informó que la universidad creció tanto, que a inicio de los 90 se dictaban 50 carreras, entre técnicas, de licenciatura, postgrados y maestrías. Hoy se imparten 87 en niveles técnico, licenciatura, postgrados y maestrías.
Próximamente se ofrecerá un doctorado en Tecnología para la Industria, producto de un acuerdo con la Universidad Politécnica de Madrid.
Con el Tecnológico de Florida se está ofertando la carrera de aviación, como carrera regional, que se ofrecerá a Centroamérica, el Caribe y parte de Sur América.
Unos 150 estudiantes de América Latina estudian en la Tecnológica, dado que ésta se encuentra en una etapa de internacionalización de la universidad, informó Montemayor.
En ese marco, esta casa de estudios superiores participa con otras universidades en el desarrollo conjunto de programas, entre ellas de Francia, Arizona, Japón y España.
Montemayor rechaza que haya habido injerencia de política partidista en la Tecnológica. A eso se debe su eficacia, según su juicio, porque allí la labor de investigación y la carga académica da poco tiempo para "otros quehaceres políticos" más beligerantes.
"El tipo de formación de nuestros estudiantes y profesores facilita el análisis, la lógica, por lo que cuando existe un problema, sólo hay que sentarse a analizar sus causas. Si la persona se sienta a analizar, ya tiene ganada la mitad de la batalla", puntualizó el ex rector. Esto no ocurre en otras universidades porque su formación es más dogmática.
Con los grupos estudiantiles que suelen enquistarse en el poder y apoyando la figura de su rector, Montemayor enfatizó que en la Tecnológica sólo hay un centro estudiantil que una vez al año se somete a elección anual. El grupo que resulte favorecido administra el centro de estudiantes. No hay un número plural de centros, lo que facilita el trabajo conjunto.
Manejan, no obstante, fondos orientados a proyectos de modernización de la universidad.
"Mi mayor éxito ha sido lograr un equipo humano de muy buena calidad para la Universidad Tecnológica. Preparar a la gente para que enfrente los retos y desafíos de la educación superior". Ese también fue su mayor desafío.
También tuvo sus tragos amargos, según manifestó a este medio. No pudo negar que ha enfrentado problemas por "haber tocado el bolsillo de la gente".
Así, reconoció que una de sus mayores dificultades durante los 12 años como rector la enfrentó cuando logró, hace ocho años, la aprobación en el estatuto universitario de que para promocionarse como profesor titular cada cinco años, el aspirante tenía que hacer ejecutorias en investigación. Un punto por año, para ser más específico.
"Eso para mí era, es y seguirá siendo algo fundamental para el desarrollo de una universidad tecnológica", enfatizó.
Se aprobó. Sin embargo, cuando el tiempo pasó afectó a algunos docentes que no pudieron reclasificar porque no desarrollaron los puntos de investigación. En consecuencia, se produjo un movimiento de tal magnitud que pudo haber causado una desestabilización de la universidad y fue necesario replantear el asunto.
Lamentó que la propia dirigencia estudiantil estuvo de acuerdo en que se derogara ese punto del estatuto universitario. "La verdad es que me dolió mucho... mucho", recalcó, al tiempo que insistió sonriente en que "aprendí que cuando a la gente se le toca el bolsillo...".
Otro punto de lo que se considera orgulloso se relaciona con el patrimonio universitario, toda vez que cuando asumió el cargo la universidad contaba con un patrimonio de B/.7 millones, que se incrementó a más de 80.
"Tenemos ahora mismo una universidad con bases sólidas para proyectar, con una infraestructura básica y una buena actitud del personal", resaltó visiblemente emocionado este académico.
Ponderó algunos de los programas de la Tecnológica, como el de la universidad virtual, mediante el cual estudiantes de diversas provincias o incluso del exterior, pueden acceder, simultáneamente, a una materia dictada por un profesor que esté en otra provincia a través de la computadora. Todos pueden incluso, interactuar.
La estrategia del presente y del futuro ya no será aquélla en que la gente asiste adonde está el conocimiento, sino que el conocimiento va a donde está la gente, manifestó. Hacia eso se encamina esta universidad, que ya tiene unos 40 profesores entrenados para este fin.
Siguiendo esa línea, ya es posible que cualquier interesado en matricularse en la Universidad Tecnológica, lo haga con sólo acceder a su página web. También el curso de capacitación está en línea.
Héctor Montemayor informó a este medio que después del 3 de febrero, cuando tomó posesión el nuevo rector, continuará trabajando en la Tecnológica, específicamente en el área de las vinculaciones internacionales que faciliten el intercambio de conocimientos. También se dedicará a su empresa de consultoría, la que ha estado cerrada durante estos 12 años.
Rechazó de plano una futura reelección. "No me veo de nuevo en estos avatares", aseguró.
Ciertas modas se presentan en forma periódica, según lo acabamos de señalar, pero todas siguen ese mismo curso, del escándalo a la nada.
En las dos décadas finales del siglo XX, una de esas modas, caracterizadas por su recurrencia, ha sido la del problema jurídico-constitucional: la disyuntiva de Constituyente o Reformas. Ese dilema no se refiere, para nosotros, a una problemática de verdadera trascendencia nacional, como son las crisis económica superpuestas durante los últimos años, el desempleo, el caos de la educación, la profundización de la miseria económica y social, etc.
Desde el comienzo del gobierno de los señores Endara y Arias Calderón, en 1990, y a consecuencia de los traumas de la crisis política de la narcodictadura norieguista y de la desfachatada invasión norteamericana (dicho hasta desde un punto de vista jurídico) de fines de 1989, surgieron espontáneamente en el seno de la sociedad panameña grandes expectativas con respecto al rumbo que tomaría el país con el nuevo gobierno. Entre esas expectativas estuvo la idea de una Constituyente, lo que resultó en la moda constitucionalista nuestra. Hasta se intentó apoyar esa idea con la inscripción de “nuevos” partidos políticos, que tomaron la bandera constituyente para inscribirse. Pero la mayor parte de esas expectativas de la primera época endarista se diluyeron ante el muro de la dura realidad nacional existente, y muchos corrieron a criticar ruidosamente al gobierno de los primeros noventa, como si fuera la causa de la estrepitosa desilusión, que tuvieron las expectativas poco realistas de ese entonces, las cuales, aunque bastante entusiastas y cautivadoras, se desvanecieron como cortina de humo.
Sin embargo, de cuando en vez, durante los últimos veinte años del siglo pasado, la moda de la Constituyente renace, como el Ave Fénix, y el sensacionalismo jurídico sienta sus reales en la atención pública, desmoronándose, como toda moda, al poco tiempo. Y es que la aceptación que lleva a la realidad esta clase de organismos políticos, depende de varios factores, que todavía no se han producido al unísono, como es necesario, ya que se trata de un resultado social, colectivo, en el que las individualidades personales no resultan idóneas. Uno de esos factores es el de cierta dosis de poder, que esté detrás de la Idea Constituyente o de una nueva Constitución, que sólo es nueva por su fecha, salvo una que otra institución.
Desde septiembre último, el presidente actual de la Asamblea Legislativa, legislador Carlos Alvarado, se refirió al propósito de poner en marcha una reforma constitucional, bajo la característica de una nueva Constitución, con el visto bueno de dos asambleas distintas y sucesivas.
El procedimiento es uno de los dos previstos en la Carta Magna vigente, (artículo 308). Ya una comisión especial, que nació en los predios legislativos, tomando como base varios proyectos integrales de Constitución, que han venido circulando desde hace algunos años, y ciertas críticas dirigidas a normas constitucionales que han mostrado sus deficiencias, elaboró la propuesta de Constitución, que el presidente Alvarado parece haber remitido al Organo Ejecutivo, con el objeto de que el Consejo de Gabinete ejerza su derecho a iniciativa constitucional y proponga a la Asamblea el proyecto de reforma abarcadora de toda la Constitución, para que la presente a la Asamblea y el Legislativo que sea elegido en las próximas elecciones generales digan su palabra final.
Como desconocemos el articulado de esa Carta Magna proyectada, no estamos en capacidad de opinar sobre ella. Apuntamos sólo que el interés en marcha de una campaña electoral que se está precipitando, puede conspirar en contra de la posibilidad normal de esa Constitución-Reforma.
Para ello cada facultad, centro regional o centro de investigación celebra un congreso anual, en los que se discuten temas de actualidad con expertos nacionales y extranjeros, a fin de aportar ideas que contribuyan a la solución de los problemas nacionales. En la organización de estos eventos participan activamente los estudiantes, al punto que en el 96 participaron 800 del exterior.
Otra de las estrategias de Montemayor fue la de vincular a la universidad con los sectores público y privado. De ahí que se firmaran 150 convenios para el desarrollo de programas que permiten el desarrollo de la Tecnológica.
Entre éstos mencionó el firmado con la Politécnica de Madrid, mediante el cual esta universidad envía a Panamá a profesores. Lo mismo se hizo con Francia, a donde van profesores panameños a estudiar doctorados.
Montemayor destacó que impulsó la autogestión, para fortalecer el presupuesto de la universidad. Para lograr ese objetivo creó la Fundación Tecnológica de Panamá, que permite hacer trabajos, incluidos diseños de estructuras, con la agilidad que requiere un cliente.
El pasado año, esta fundación generó unos 500 mil balboas, lo que se usó para equipamiento de la universidad.
Los convenios también son mecanismos que generan ingresos, todo bajo la lupa de la Contraloría General de la República. Se creó además una Asociación de Egresados.
Para el ex rector, es necesario que la Tecnológica no sólo transmita conocimientos, sino que los adapte y los genere.
Para lograrlo, se ha invertido en la capacitación doctoral del personal. "Cuando nosotros llegamos aquí había tres doctores en el campo de la ingeniería, ahora hay 27 doctores, más otros que se están preparando", informó. Con esto se fortalece la capacidad de generar conocimientos, precisó.
Para él, la definición de la Universidad es formar un recurso humano integral, que genere, transforme y transfiera ciencia y tecnología, a fin de promover el desarrollo económico, social, cultural y tecnológico del país como misión institucional.
Montemayor informó que la universidad creció tanto, que a inicio de los 90 se dictaban 50 carreras, entre técnicas, de licenciatura, postgrados y maestrías. Hoy se imparten 87 en niveles técnico, licenciatura, postgrados y maestrías.
Próximamente se ofrecerá un doctorado en Tecnología para la Industria, producto de un acuerdo con la Universidad Politécnica de Madrid.
Con el Tecnológico de Florida se está ofertando la carrera de aviación, como carrera regional, que se ofrecerá a Centroamérica, el Caribe y parte de Sur América.
Unos 150 estudiantes de América Latina estudian en la Tecnológica, dado que ésta se encuentra en una etapa de internacionalización de la universidad, informó Montemayor.
En ese marco, esta casa de estudios superiores participa con otras universidades en el desarrollo conjunto de programas, entre ellas de Francia, Arizona, Japón y España.
Montemayor rechaza que haya habido injerencia de política partidista en la Tecnológica. A eso se debe su eficacia, según su juicio, porque allí la labor de investigación y la carga académica da poco tiempo para "otros quehaceres políticos" más beligerantes.
"El tipo de formación de nuestros estudiantes y profesores facilita el análisis, la lógica, por lo que cuando existe un problema, sólo hay que sentarse a analizar sus causas. Si la persona se sienta a analizar, ya tiene ganada la mitad de la batalla", puntualizó el ex rector. Esto no ocurre en otras universidades porque su formación es más dogmática.
Con los grupos estudiantiles que suelen enquistarse en el poder y apoyando la figura de su rector, Montemayor enfatizó que en la Tecnológica sólo hay un centro estudiantil que una vez al año se somete a elección anual. El grupo que resulte favorecido administra el centro de estudiantes. No hay un número plural de centros, lo que facilita el trabajo conjunto.
Manejan, no obstante, fondos orientados a proyectos de modernización de la universidad.
"Mi mayor éxito ha sido lograr un equipo humano de muy buena calidad para la Universidad Tecnológica. Preparar a la gente para que enfrente los retos y desafíos de la educación superior". Ese también fue su mayor desafío.
También tuvo sus tragos amargos, según manifestó a este medio. No pudo negar que ha enfrentado problemas por "haber tocado el bolsillo de la gente".
Así, reconoció que una de sus mayores dificultades durante los 12 años como rector la enfrentó cuando logró, hace ocho años, la aprobación en el estatuto universitario de que para promocionarse como profesor titular cada cinco años, el aspirante tenía que hacer ejecutorias en investigación. Un punto por año, para ser más específico.
"Eso para mí era, es y seguirá siendo algo fundamental para el desarrollo de una universidad tecnológica", enfatizó.
Se aprobó. Sin embargo, cuando el tiempo pasó afectó a algunos docentes que no pudieron reclasificar porque no desarrollaron los puntos de investigación. En consecuencia, se produjo un movimiento de tal magnitud que pudo haber causado una desestabilización de la universidad y fue necesario replantear el asunto.
Lamentó que la propia dirigencia estudiantil estuvo de acuerdo en que se derogara ese punto del estatuto universitario. "La verdad es que me dolió mucho... mucho", recalcó, al tiempo que insistió sonriente en que "aprendí que cuando a la gente se le toca el bolsillo...".
Otro punto de lo que se considera orgulloso se relaciona con el patrimonio universitario, toda vez que cuando asumió el cargo la universidad contaba con un patrimonio de B/.7 millones, que se incrementó a más de 80.
"Tenemos ahora mismo una universidad con bases sólidas para proyectar, con una infraestructura básica y una buena actitud del personal", resaltó visiblemente emocionado este académico.
Ponderó algunos de los programas de la Tecnológica, como el de la universidad virtual, mediante el cual estudiantes de diversas provincias o incluso del exterior, pueden acceder, simultáneamente, a una materia dictada por un profesor que esté en otra provincia a través de la computadora. Todos pueden incluso, interactuar.
La estrategia del presente y del futuro ya no será aquélla en que la gente asiste adonde está el conocimiento, sino que el conocimiento va a donde está la gente, manifestó. Hacia eso se encamina esta universidad, que ya tiene unos 40 profesores entrenados para este fin.
Siguiendo esa línea, ya es posible que cualquier interesado en matricularse en la Universidad Tecnológica, lo haga con sólo acceder a su página web. También el curso de capacitación está en línea.
Héctor Montemayor informó a este medio que después del 3 de febrero, cuando tomó posesión el nuevo rector, continuará trabajando en la Tecnológica, específicamente en el área de las vinculaciones internacionales que faciliten el intercambio de conocimientos. También se dedicará a su empresa de consultoría, la que ha estado cerrada durante estos 12 años.
Rechazó de plano una futura reelección. "No me veo de nuevo en estos avatares", aseguró.