Constituyente y participación
Sin participación, la democracia no existe. Esta afirmación parece no querer ser entendida por los principales exponentes de la plutocracia local que se quedaron contentos con las estructuras normativas que sirvieron a la “caquicracia”. Hoy en día, la mayoría de los mismos, son fugitivos de la Constituyente. El derecho de todo ser humano a participar -es decir- a influir con sus escogimientos y determinaciones en el rumbo de los asuntos públicos de su comunidad, de su sociedad, de su país, tiene la misma jerarquía que el derecho a la libertad de expresión, reunión o manifestación. Como derecho básico que es, está llamado a gozar de primacía frente a la cual deberían siempre inclinarse todos los Organos del Estado. Sin embargo, ello no es así en nuestra formación social, y los perjuicios y consecuencias negativas son cada vez mayores en todos los niveles.
De nuestros días se hace necesario por didáctica, recordar una y otra vez que no puede haber, ni tampoco habrá. democracia sin participación. Y la democracia, cosa que no le gusta a los corruptos y a los que adversan la Constituyente, sólo se desenvuelve, crece y se fortalece en un marco democrático de libertad y de transparencia.
Panamá y los panameños, así como también los que conviven en nuestro país, tiene que crear e institucionalizar un nuevo estilo de democracia a través de un proceso constituyente que le dé plena cabida y participación a todos. En ese nuevo estilo de democracia participativa pluralista, el ciudadano está llamado a tener la parte más activa en el gobierno del paí, mediante diversos y múltiples medios de elección, selección, consulta, control, vigilancia e impulso.
Participación y constituyente van necesariamente de la mano porque ambas son instrumentos ciudadanos que contienen derechos que nos son inherentes a éstos para poder ejercer nuestro poder como soberanos absolutos de los órganos del Estado, como actores reales y principales de la definición del Estado en el que la democracia pueda ser, de manera efectiva, sistema de gobierno, régimen político y forma de vida con calidad para todos los miembros de la comunidad.
Hoy por hoy, en Panamá, los senderos y caminos de la participación encuentran un número plural de obstáculos y reparos que necesariamente tendremos que superar. La partidocracia, así como las cúpulas de muchas agrupaciones de toda índole, se recrean en evadir el debate sobre la necesidad de la Constituyente, puesto que le temen a la participación ciudadana que el mismo conlleva. Rehuyen la conversación y la discusión sobre el tema, para refugiarse en sus posiciones cavernícolas de querer “hacer todo por el pueblo, pero no permitir que el pueblo haga nada por sí mismo”.
Caen en la trampa aquellos ciudadanos que se abstienen de participar como resultado de las frustraciones y de los desencantos que los llevan al escepticismo político. También aquellos que no participan por pereza o por egoísmo; así como los que se marginan de ella por desconfianza o por miedo. Surge, entonces, la interrogante, ¿cómo lograr que quienes a la larga integran una mayoría pasiva se comprometan con sus derechos y deberes ciudadanos? ¿Cómo transformar en mayoría participante a los escépticos, los desinformados, los negligentes, los egoístas, los temerosos para que participen en las decisiones que los afectan? ¿Cómo lograr que la mayoría pasiva e indecisa deje de serlo?
La respuesta a esas interrogantes es el proceso constituyente, cuya dinámica contribuiría a erradicar las viejas prácticas de exclusión, a evitar el creciente aumento de concesiones y privilegios, a impedir los conciliábulos para la corrupción, la impunidad y contra la justicia. Ello es así - y los fugitivos de la constituyente lo saben- porque el proceso constituyente permitiría enseñar, propagar y practicar la democracia de participación ciudadana, lo cual permitiría que lo extraordinario comience a volverse cotidiano.
Los panameños estamos convocados el 2 de mayo de 2004 a elecciones de presidente, legisladores, alcaldes y representantes. Exijamos poder ejercer nuestro derecho a la participación a través de la inclusión de la “quinta papeleta”, y que seamos los ciudadanos todos los que decidamos si queremos o no una Asamblea Nacional Constituyente como mecanismo pleno, democrático y real de poder influir y decidir en el rumbo de los asuntos públicos de Panamá. Exijámosle a los candidatos a todos los puestos de elección una definición pública y transparente sobre el derecho a la participación, sobre la Constituyente. Enseñémosles a servir nos antes dé elegirlos.
De nuestros días se hace necesario por didáctica, recordar una y otra vez que no puede haber, ni tampoco habrá. democracia sin participación. Y la democracia, cosa que no le gusta a los corruptos y a los que adversan la Constituyente, sólo se desenvuelve, crece y se fortalece en un marco democrático de libertad y de transparencia.
Panamá y los panameños, así como también los que conviven en nuestro país, tiene que crear e institucionalizar un nuevo estilo de democracia a través de un proceso constituyente que le dé plena cabida y participación a todos. En ese nuevo estilo de democracia participativa pluralista, el ciudadano está llamado a tener la parte más activa en el gobierno del paí, mediante diversos y múltiples medios de elección, selección, consulta, control, vigilancia e impulso.
Participación y constituyente van necesariamente de la mano porque ambas son instrumentos ciudadanos que contienen derechos que nos son inherentes a éstos para poder ejercer nuestro poder como soberanos absolutos de los órganos del Estado, como actores reales y principales de la definición del Estado en el que la democracia pueda ser, de manera efectiva, sistema de gobierno, régimen político y forma de vida con calidad para todos los miembros de la comunidad.
Hoy por hoy, en Panamá, los senderos y caminos de la participación encuentran un número plural de obstáculos y reparos que necesariamente tendremos que superar. La partidocracia, así como las cúpulas de muchas agrupaciones de toda índole, se recrean en evadir el debate sobre la necesidad de la Constituyente, puesto que le temen a la participación ciudadana que el mismo conlleva. Rehuyen la conversación y la discusión sobre el tema, para refugiarse en sus posiciones cavernícolas de querer “hacer todo por el pueblo, pero no permitir que el pueblo haga nada por sí mismo”.
Caen en la trampa aquellos ciudadanos que se abstienen de participar como resultado de las frustraciones y de los desencantos que los llevan al escepticismo político. También aquellos que no participan por pereza o por egoísmo; así como los que se marginan de ella por desconfianza o por miedo. Surge, entonces, la interrogante, ¿cómo lograr que quienes a la larga integran una mayoría pasiva se comprometan con sus derechos y deberes ciudadanos? ¿Cómo transformar en mayoría participante a los escépticos, los desinformados, los negligentes, los egoístas, los temerosos para que participen en las decisiones que los afectan? ¿Cómo lograr que la mayoría pasiva e indecisa deje de serlo?
La respuesta a esas interrogantes es el proceso constituyente, cuya dinámica contribuiría a erradicar las viejas prácticas de exclusión, a evitar el creciente aumento de concesiones y privilegios, a impedir los conciliábulos para la corrupción, la impunidad y contra la justicia. Ello es así - y los fugitivos de la constituyente lo saben- porque el proceso constituyente permitiría enseñar, propagar y practicar la democracia de participación ciudadana, lo cual permitiría que lo extraordinario comience a volverse cotidiano.
Los panameños estamos convocados el 2 de mayo de 2004 a elecciones de presidente, legisladores, alcaldes y representantes. Exijamos poder ejercer nuestro derecho a la participación a través de la inclusión de la “quinta papeleta”, y que seamos los ciudadanos todos los que decidamos si queremos o no una Asamblea Nacional Constituyente como mecanismo pleno, democrático y real de poder influir y decidir en el rumbo de los asuntos públicos de Panamá. Exijámosle a los candidatos a todos los puestos de elección una definición pública y transparente sobre el derecho a la participación, sobre la Constituyente. Enseñémosles a servir nos antes dé elegirlos.