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Constituyentes y nuevas constituciones


Como lo hemos expresado con anterioridad, después de la invasión norteamericana de diciembre de 1989, que tuvo como finalidad directa derrocar al narcodictador Noriega y aplastar sus Fuerzas de Defensa, entrenadas por Estados Unidos, lo que también trajo la lógica presidencia del Licdo. Endara, quien había triunfado en las elecciones de mayo de 1989, ha estado rondando por los predios políticos la idea de una Asamblea Constituyente, la que se ha presentado con el cariz de moda periódica, apagada recurrentemente, en medio de la apatía general de nuestro pueblo.
En los medios universitarios hubo, desde hace años también, la labor preparatoria de varios proyectos de "nuevas" Constituciones, que no recibieron ningún calor inmediato, pero que se han mantenido en los archivos personales o en los anaqueles de las bibliotecas, en donde fueron depositados y quedaron, según las rimas de Bécquer, "como el pájaro duerme en las ramas".
Uno de estos días, sin aviso previo, leímos la información de que el actual presidente de la Asamblea Legislativa, doctor Carlos Alvarado, propició que los asesores del Organo Legislativo elaboraran un proyecto de "nueva" Constitución, para el cual se habían repasado los proyectos anteriores, a que hemos aludido, y añadido ideas novísimas, aunque no hemos leído aún el documento.
Ha sido coincidente con el proyecto de la Asamblea, la idea de que el recuerdo y resurrección del Plan Panamá 2020, aprobado en 1989 y también olvidado, se anuncie con una Comisión redactora de otro proyecto constitucional. Es indudable que los orígenes políticos de los dos proyectos últimos no son iguales, porque unos pensaron en el Panamá del 2020 y otros en un Panamá más inmediato o próximo. Desde luego que estos "acontecimientos" permiten que las ideas respectivas continúen rodando.
También habrá tiempo para que en este año del Centenario hagamos tiempo para informarnos más de cerca relativamente a estas tareas constitucionalistas, sin otro interés personal que el simplemente informativo, pues no estamos ni a favor ni en contra de estos movimientos, dado que somos bastantes agnósticos para con esas preocupaciones e intereses.
La frase de "nueva" Constitución no pasa de ser más que una frase, porque circunscribiéndonos al tiempo del centenario panameño no ha habido ni habrá ninguna "nueva Constitución", verdaderamente tal, pues hasta las experiencias nacionales demuestran que ni en materia de proyectos ni de Constituciones aprobadas hemos tenido ese raro y bastante desconocido espécimen rotulado con tal expresión. No hubo "nueva" Carta verdadera, ni en 1904, ni en 1941, ni en 1946, ni en 1972, ni en 1983, con lo que no demeritamos las bondades que tuvieron o pudieron haber tenido. No pudo haberlas, pese a la de 1904 que tuvo por escenario la fundación de la República panameña, Carta que fue una adaptación fácil de la Constitución de Rafael Núñez y de Miguel Antonio Cano, centralista y despótica en grados mayúsculos, aprobada en 1886, características que no pasaron a la nuestra, porque estábamos "en el campo feliz de la unión".
222 No hubo "nueva" Carta verdadera, ni en 1904, ni en 1941, ni en 1946, ni en 1972, ni en 1983, con lo que no demeritamos las bondades que tuvieron...
Por diversas razones, todo régimen constitucionalista vigente va proclamando, ya en forma rápida o lenta, sus desajustes frente a una realidad que generalmente es poco tenida en cuenta. Pero casi nunca se trata de situaciones de envergadura, sino de fallas que provienen de prácticas políticas que van mostrando el cobre y que entonces se piensa rectificar con fórmulas constitucionales. Por ejemplo, uno de los problemas permanentes en la institucionalidad panameña de todo el siglo XX fue el método de nombramiento de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, al que se ha añadido el del método relativo a los magistrados del Tribunal Electoral. Todavía no se conoce la medicina ideal, ni siquiera la medianamente aceptable. Hay en ese tema numerosos aspectos que dependen de realidades nacionales, que deberían ser objetivamente consideradas. Las "buenas" artes politiqueras desvirtúan cualquier fórmula, sea desprevenida y esté rebosante de normalidad. Siempre han reclamado su lugar aquellas soluciones inocentes, que un medio torcido convierte en manipulaciones de aldea chica. Y es bastante difícil hallar la ecuación que satisfaga por sus aciertos teóricos, incluso a sabiendas de que "el infierno (aquí en Panamá, la política) está empedrado en buenas intenciones". Creemos preferibles y de mayor salud, aunque tampoco perfectas, las reformas sensatas.
Parece también que por ahí andan algunas especulaciones y amagos de propósitos del mismo jaez, rondando en torno de Constituyentes, "nuevas" Constituciones, proyectos para el 2020 y proyectos para más pronto. Ya algunos teóricos (no estamos entre ellos) han venido anunciando que una "nueva Constitución" no es un "golpe de Estado". Más aquí en Panamá todos sabemos que "cuando el río suena, las piedras sollozan y los campos sonríen".
Lo que deseamos significar con estas metáforas, literarias o políticas, según el lector escoja, es que todos debemos tener mucho cuidado, porque en esta materia, como nos provenía un genial compañero universitario hace unos cincuenta años, podemos "estrellarnos contra el vacío".

101 años de Panamá América

 
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