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Construcción de la paz es una tarea pendiente


La anunciada e inevitable actual conflagración en Irak, extrañamente sorpresiva para muchos, a traído a la palestra, en Panamá, un también extraño y sorprendente enorme número de expertos en temas de guerra y paz; internacionalistas y "expertos" en política mundial. Igualmente, ha causado que mucha gente en el planeta se haya rasgado las vestiduras, escandalizada por la guerra y la actitud "injusta" y "criminal" de los "imperialistas" y "satánicos" soldados norteamericanos.
Grupos de pacifistas, comentaristas, personas individuales, artistas y otros diversos grupos, claman en la calle para que se retiren las tropas de la coalición y vuelva la paz. Yo me pregunto, ¿cuál paz? ¿Es el mundo actual de paz? ¿A qué paz es la que tan anheladamente se pide volver? ¿A la paz de los muertos por hambre? ¿Las víctimas de las violaciones? ¿Las víctimas de los actos terroristas? ¿Las víctimas por causa del lavado de dinero, la proliferación de todo tipo de drogas, prostitución, enfermedades transmisibles en una época de grandes adelantos tecnológicos? ¿El número creciente de desempleados profesionales como producto de una nueva tecnología deshumanizada? ¿Los jóvenes que no consiguen empleo?
El concepto de paz no es un tema de discusión conceptual en los cafés. Es una aplicación práctica de logros y avances que lleven a la satisfacción de la calidad de vida de la gente; de su participación en la sociedad. Igual análisis se podría hacer sobre el amor y la justicia.
222 Recordemos que en los escritos sobre el Apocalipsis se habla del advenimiento de los falsos profetas; los falsos líderes que conducirán grandes masas, llevándonos a la debacle.
La no encarnación en logros prácticos de estos conceptos produce discusiones demagógicas, tal como le señalé hace unos años, en ocasión de un debate público sobre la justicia, en la época de Noriega, a un connotado dueño de emisora y comentarista radial, señalamiento éste que produjo una respuesta altisonante en dicha persona y que se observa con mucha frecuencia en las discusiones actuales sobre el tema.
La paz no es solamente la ausencia de guerras armadas. Esta debe construirse a partir de nuestros propios corazones, en nuestra propia familia, comunidad, país. Innumerables muertes se producen diariamente, producto de un mundo actual de injusticias, de falta de amor y de solidaridad. La guerra económica, acentuada a partir del ataque al centro económico de los Estados Unidos el 11 de septiembre, ha ido creando tal desastre en la economía mundial, produciendo, como consecuencia de esto, muchas víctimas en todo el mundo. Estas se dan por el aumento de la pobreza, el hambre y la desesperación. Obviamente, hay muchas otras causas; pero ésta debe ser resaltada, ésta que es producto del terrorismo.
La paz debe ser construida con esfuerzo y sacrificio. La tolerancia es un elemento importante. Pero esto no significa que debamos aceptar ser chantajeados por gobiernos y grupos religiosos o ideológicos extremistas que no les interesa ni el diálogo, ni el amor entre los semejantes; a quienes sólo les importa la intransigencia religiosa o política.
La lucha por la paz es, entonces, más compleja; no nos dejemos confundir por cantos de sirena. Recordemos que en los escritos sobre el Apocalipsis se habla del advenimiento de los falsos profetas, los falsos líderes que conducirán grandes masas, llevándonos a la debacle.
Mientras más veo manifestaciones a favor de Sadam Hussein, temo ver el advenimiento de un falso profeta. No confundamos el sagrado deber de manifestarse por la paz, con el apoyo a un grupo nefasto de dirigentes. Cada vez veo más demostraciones no por la paz, sino contra un gobierno y a favor de otro; algunas de éstas, inclusive, han sido extremadamente violentas.
El deber de los que creemos en la paz, es luchar por ella. Esta lucha debe ser mejor orientada y creo que esta orientación debe recaer, en gran parte, en las iglesias. Pero entendamos que esta lucha por la paz es más profunda que simplemente detener el evento actual en Irak. La detención de esta guerra no nos hará volver a la paz, porque hace muchos años que este mundo ya no es un mundo de paz. Está pendiente su construcción.
Hoy existe una leyenda. La gente cuenta que la bomba es como esos caracoles, en los cuales se escuchan a las olas del mar. Sólo que cuando se pega el oído sobre el frío acero del cascote, lo que se escucha no es el mar, ni tampoco sonidos de guerras, sino canciones y más canciones de paz. Algunos dicen que los sábados en la mañana, la bomba sonríe.
(leisarce@cwpanama.net)

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