Construcción, motor de la economía
En el 2004, con la incertidumbre del cambio de Gobierno, la industria de la construcción registró un decrecimiento pronunciado, llegando a invertir B/. 534 millones, cuando el año previo había alcanzado B/. 953 millones.
Al año siguiente, 2005, la industria dio un salto espectacular; llegó a B/. 1, 046 millones. Ni siquiera la reforma tributaria de la actual administración del presidente Martín Torrijos, que tanto daño hace a la clase media, amilanó su ritmo frenético. En el 2006 alcanzó los B/. 1, 100 millones. Este año 2007 va por el mismo camino, a romper su propio récord.
¿Cuánta gente depende de ella? Se estima que hay al menos 80 mil trabajadores que laboran en esa industria. Pero eso sólo son los empleos directos y faltan los indirectos, que podrían multiplicarse al menos por cinco, entre proveedores de materiales y servicios conexos, incluyendo los que laboran en fondas y suministros de alimentos. Y más para bien que para mal, hay un poderoso sector sindical en el ramo, que vela por las mejores condiciones salariales y de trabajo de sus afiliados, lo cual, gústenos o no, provee cierto equilibrio entre el capital y sus obreros.
Pero al margen de las cifras frías, a las que el común de los ciudadanos poco crédito da, está lo que se advierte a la vista. La construcción está en pleno y robusto desarrollo. Basta ver los edificios y las torres de la industria y la expansión que tiene en el interior del país.
Por todas estas consideraciones y otras que abundan en el mismo sentido, el Gobierno Nacional debe salvaguardar la actividad estimulándola y haciéndola más sana. La escasez y encarecimiento de materiales en esa industria, por causas ajenas al normal desenvolvimiento del mercado, por ejemplo, es intolerable; igual que lo es la ausencia de controles de calidad y las preocupantes señales de anarquía urbanística.
Al año siguiente, 2005, la industria dio un salto espectacular; llegó a B/. 1, 046 millones. Ni siquiera la reforma tributaria de la actual administración del presidente Martín Torrijos, que tanto daño hace a la clase media, amilanó su ritmo frenético. En el 2006 alcanzó los B/. 1, 100 millones. Este año 2007 va por el mismo camino, a romper su propio récord.
¿Cuánta gente depende de ella? Se estima que hay al menos 80 mil trabajadores que laboran en esa industria. Pero eso sólo son los empleos directos y faltan los indirectos, que podrían multiplicarse al menos por cinco, entre proveedores de materiales y servicios conexos, incluyendo los que laboran en fondas y suministros de alimentos. Y más para bien que para mal, hay un poderoso sector sindical en el ramo, que vela por las mejores condiciones salariales y de trabajo de sus afiliados, lo cual, gústenos o no, provee cierto equilibrio entre el capital y sus obreros.
Pero al margen de las cifras frías, a las que el común de los ciudadanos poco crédito da, está lo que se advierte a la vista. La construcción está en pleno y robusto desarrollo. Basta ver los edificios y las torres de la industria y la expansión que tiene en el interior del país.
Por todas estas consideraciones y otras que abundan en el mismo sentido, el Gobierno Nacional debe salvaguardar la actividad estimulándola y haciéndola más sana. La escasez y encarecimiento de materiales en esa industria, por causas ajenas al normal desenvolvimiento del mercado, por ejemplo, es intolerable; igual que lo es la ausencia de controles de calidad y las preocupantes señales de anarquía urbanística.