Construir ciudadanía estudiantil
LA PROTESTA, cuando es expresión de disconformidad ciudadana, es un dedo que escribe sobre la arena los pecados públicos del poder, son voces de centinelas clamando por la noche que se fue o el día por venir. Cancelar la protesta es amordazar la voz, o atenazar las manos que piden la palabra, o aherrojar los pies que quieren caminar. La protesta es multiforme y es manifestada por diversos grupos o sectores cuando se ven afectados en sus intereses específicos, juntándose en una solo voz cuando logra expresar el interés general. Así protestan trabajadores y empresarios, docentes y estudiantes, productores y desempleados, mujeres y jubilados, asegurados e indígenas, y todos imprimen un sello distintivo a su forma de protestar.
La intención de la protesta tiene varios niveles:
El nivel básico o reactivo es la protesta sólo como denuncia o disgusto en relación con un hecho injusto. Pero además de éste hay otros que lo superan, como el entender a la protesta acompañada de la propuesta para así superar la situación que se critica, lo que supone que existe la necesidad de ganar simpatía, de atraer a otros sectores, sumar y multiplicar en lugar de restar o dividir. La idea es, entonces, no aislarse sino imantar (atraer) a otras personas y otros sectores para lograr el objetivo de superar el hecho injusto, a través de propuestas viables de cambio.
Mirado así, los medios o las formas de la protesta expresan lo expuesto, pues muchas veces el medio o la forma que se usa para protestar genera rechazo o reprobación colectiva, aunque no necesariamente sucede así con la identificación del objetivo de la propuesta.
En cierto modo, la protesta democrática se desarrolla en la arena de los medios masivos de comunicación, pues es la manera extensiva de llamar la atención sobre el objetivo de la protesta. Por ello, los medios deben cubrir y propagar más los usos pacíficos de la protesta para contribuir a su estimulación, en lugar de festinar con la piedra, la lacrimógena, el manguerazo y el cóctel molotov.
Pero, ¿qué está sucediendo con las recientes manifestaciones de colegiales que devienen en vandalismo contra el entorno e incluso reyertas entre los propios estudiantes? Hay que tomar en cuenta que en Panamá, tal como señala el II Informe de Desarrollo Humano, existe inequidad entre los diversos grupos de edades. El desarrollo presenta una tendencia desigual entre las edades, lo cual se asocia a las distintas capacidades de organización de los grupos sociales para intervenir en los procesos de toma de decisión que afectan su desarrollo.
La juventud es heterogénea y no existe igualdad de oportunidades para todos los jóvenes. Ello genera una gran contradicción entre las potencialidades que tienen para aportar al desarrollo y las oportunidades reales que la sociedad les brinda para desarrollarlas. El incremento rápido de la demanda educativa mínima y las debilidades en la oferta institucional y comunitaria (redes sociales) se transforman en factores estructurales de inequidad. Se producen cambios constantes en la composición familiar. Su desarticulación tiene profundas consecuencias en el apoyo que puedan recibir los jóvenes en su desarrollo.
Los indicadores relativos a la justicia evidencian que hay un aumento en los casos de delincuencia y violencia entre jóvenes, lo que ha tenido un impacto negativo sobre la opinión pública; no obstante, este incremento se origina en su expansión demográfica. Aún así, del total de casos jóvenes involucrados en problemas con la justicia, representan sólo el 2% de la juventud. Además, de la totalidad de casos de delitos graves, únicamente un 3.1% puede atribuirse a las y los jóvenes. En otras palabras, hay un contexto que invisibliza o estigmatiza a los jóvenes provocando estallidos y reacciones violentas.
Por otra parte, en muchos centros educativos no existen espacios de participación donde se refuercen los valores democráticos, en especial la tolerancia por medio de los procesos educativos formales; donde se genere aprendizajes sobre formas de ciudadanía democrática (incidencia, rendición de cuentas, monitoreo, negociación, diálogo, cabildeos y resolución de conflicto), que permita conocer maneras de relacionarse para transformar una realidad que les es hostil o indiferente, y que creen muchas veces inalcanzable. Tampoco se propician espacios autónomos para generar capacidad asociativa participativa democrática juvenil en colegios y comunidades, tal como fue la experiencia histórica de la Federación de Estudiantes de Panamá. Recordemos que desde 1982 fueron ilegalizadas las asociaciones estudiantiles en los centros educativos, lo que eliminó la posibilidad del debate democrático interno de los actores juveniles.
Tanto los docentes, padres de familias, funcionarios de educación, medios de comunicación, y otros actores, tenemos el deber de dialogar con los estudiantes por ser todos corresponsables de la formación integral de la juventud para coadyuvar en construir una ciudadanía estudiantil democrática que se exprese en los colegios y comunidades, a través de diversas propuestas asociativas participativas que, eso así, deben construirse en conjunto con los y las estudiantes.
raulleisr@hotmail.com
La intención de la protesta tiene varios niveles:
El nivel básico o reactivo es la protesta sólo como denuncia o disgusto en relación con un hecho injusto. Pero además de éste hay otros que lo superan, como el entender a la protesta acompañada de la propuesta para así superar la situación que se critica, lo que supone que existe la necesidad de ganar simpatía, de atraer a otros sectores, sumar y multiplicar en lugar de restar o dividir. La idea es, entonces, no aislarse sino imantar (atraer) a otras personas y otros sectores para lograr el objetivo de superar el hecho injusto, a través de propuestas viables de cambio.
Mirado así, los medios o las formas de la protesta expresan lo expuesto, pues muchas veces el medio o la forma que se usa para protestar genera rechazo o reprobación colectiva, aunque no necesariamente sucede así con la identificación del objetivo de la propuesta.
En cierto modo, la protesta democrática se desarrolla en la arena de los medios masivos de comunicación, pues es la manera extensiva de llamar la atención sobre el objetivo de la protesta. Por ello, los medios deben cubrir y propagar más los usos pacíficos de la protesta para contribuir a su estimulación, en lugar de festinar con la piedra, la lacrimógena, el manguerazo y el cóctel molotov.
Pero, ¿qué está sucediendo con las recientes manifestaciones de colegiales que devienen en vandalismo contra el entorno e incluso reyertas entre los propios estudiantes? Hay que tomar en cuenta que en Panamá, tal como señala el II Informe de Desarrollo Humano, existe inequidad entre los diversos grupos de edades. El desarrollo presenta una tendencia desigual entre las edades, lo cual se asocia a las distintas capacidades de organización de los grupos sociales para intervenir en los procesos de toma de decisión que afectan su desarrollo.
La juventud es heterogénea y no existe igualdad de oportunidades para todos los jóvenes. Ello genera una gran contradicción entre las potencialidades que tienen para aportar al desarrollo y las oportunidades reales que la sociedad les brinda para desarrollarlas. El incremento rápido de la demanda educativa mínima y las debilidades en la oferta institucional y comunitaria (redes sociales) se transforman en factores estructurales de inequidad. Se producen cambios constantes en la composición familiar. Su desarticulación tiene profundas consecuencias en el apoyo que puedan recibir los jóvenes en su desarrollo.
Los indicadores relativos a la justicia evidencian que hay un aumento en los casos de delincuencia y violencia entre jóvenes, lo que ha tenido un impacto negativo sobre la opinión pública; no obstante, este incremento se origina en su expansión demográfica. Aún así, del total de casos jóvenes involucrados en problemas con la justicia, representan sólo el 2% de la juventud. Además, de la totalidad de casos de delitos graves, únicamente un 3.1% puede atribuirse a las y los jóvenes. En otras palabras, hay un contexto que invisibliza o estigmatiza a los jóvenes provocando estallidos y reacciones violentas.
Por otra parte, en muchos centros educativos no existen espacios de participación donde se refuercen los valores democráticos, en especial la tolerancia por medio de los procesos educativos formales; donde se genere aprendizajes sobre formas de ciudadanía democrática (incidencia, rendición de cuentas, monitoreo, negociación, diálogo, cabildeos y resolución de conflicto), que permita conocer maneras de relacionarse para transformar una realidad que les es hostil o indiferente, y que creen muchas veces inalcanzable. Tampoco se propician espacios autónomos para generar capacidad asociativa participativa democrática juvenil en colegios y comunidades, tal como fue la experiencia histórica de la Federación de Estudiantes de Panamá. Recordemos que desde 1982 fueron ilegalizadas las asociaciones estudiantiles en los centros educativos, lo que eliminó la posibilidad del debate democrático interno de los actores juveniles.
Tanto los docentes, padres de familias, funcionarios de educación, medios de comunicación, y otros actores, tenemos el deber de dialogar con los estudiantes por ser todos corresponsables de la formación integral de la juventud para coadyuvar en construir una ciudadanía estudiantil democrática que se exprese en los colegios y comunidades, a través de diversas propuestas asociativas participativas que, eso así, deben construirse en conjunto con los y las estudiantes.
raulleisr@hotmail.com