Construir la paz
No se puede medir el dolor y la tristeza, el retroceso y la angustia que causa una guerra, por mucho que se pueda contabilizar el número de víctimas y los daños materiales. Al escuchar a algunos conciudadanos justificar y apoyar la recien iniciada guerra, me resulta vergonzoso como humano que una actividad, cuyo "éxito" se mide por los muertos y la destrucción que produce, siempre haya logrado entusiastas apologistas que consideran que todo el que se oponga a la guerra es cobarde, pusilánime o un idiota útil. Pero el inicio de la guerra no nos permite desatender nuestro firme compromiso por construir la paz.
Winston Churchill, uno de los grandes protagonistas de la tragedia iniciada en 1939, confesaba: "Esta guerra...ha hecho naufragar lo que del mundo quedaba a flote después del conflicto anterior"
Al finalizar, en 1945, la Segunda Guerra Mundial, toda la humanidad tuvo que confrontar los resultados y el balance de seis años de conflicto armado. En el transcurso de aquella contienda murieron más de cincuenta millones de seres humanos, más de la mitad de la cual eran miembros de la población civil. En países como Grecia, Francia, Polonia y Yugoslavia, el número de víctimas civiles superó con amplitud al de los combatientes caídos. Entre los muertos figuraban doce millones de hombres, mujeres y niños asesinados en los campos nazis de concentración, 50 mil civiles alemanes aniquilados por los bombardeos de la aviación aliada y 120 mil japoneses exterminados por las bombas atómicas lanzadas por Truman sobre Hiroshima y Nagasaki.
Refiriéndose a los horribles resultados de dicha guerra, el escritor Jaques Pirenne escribió: "Jamás conoció Europa semejante acumulación de desastres...Uno de los aspectos más penosos de la Segunda Guerra...fue el carácter total que tomó, no sólo en la concentración de fuerzas de las potencias beligerantes, sino también en su política de destrucción...Este método de guerra sólo puede compararse con el de los asirios o mongoles, que después de haber conquistado las grandes ciudades asesinaban sistemáticamente a sus habitantes."
Por fortuna para la humanidad, en medio del ensordecedor estrépito de los combates y la vocinglería de los partidarios de los conflictos armados, siempre han existido destellos de humanidad. Son aquellas voces que a lo largo de la historia han sabido levantarse para exigir solidaridad con todas las víctimas dejadas por los combates. De esas voces luchadoras han ido desarrollándose el conjunto de normas y principios -hoy conocido como Derecho Internacional Humanitario- que trata de disminuir la muerte y la ruina provocadas por las contiendas bélicas. Hoy más que nunca y a pesar de la guerra, los partidarios de la paz debemos velar por el repeto de esos logros.
EL 12 de gosto de 1949 se suscribieron los cuatro convenios de Ginebra que hoy regulan la protección debida a las personas no combatientes en situaciones de conflicto armado internacional o interno. El 10 de junio de 1977, estos convenios fueron complementados con dos protocolos adicionales. El Derecho Humanitario establece -entre otras normas- que las personas fuera de combate y las que no participan directamente en las hostilidades, tienen derecho a que se respete su vida y su integridad física y moral. Estas personas serán, en toda circunstancia, protegidas y tratadas con humanidad, sin distinción alguna de índole desfavorable. Las partes en conflicto harán distinción en todo tiempo, entre población civil y combatientes, protegiendo a la población y los bienes civiles. No deben ser objeto de ataques ni la población civil como tal ni las personas civiles.
Quienes se crean eximidos de la obligación de respetar los principios del Derecho Humanitario deben rcordar que: "Es la misma conciencia del género humano la que proclama cada día con mayor fuerza estos principios. Por consiguiente, todas las acciones que deliberadamente se oponen a ellos, y las órdenes con las que tales acciones se prescriben, son criminales y ni la obediencia ciega puede excusar a quienes las obedecen". Seguramente aún está lejano el día en que se logre acabar con la guerra, pero ello no debe impedirnos tener presente que hasta la guerra tiene límites, mas no podemos limitarnos al hacer todo lo posible por construir la paz.
(mabernal@sinfo.net)
En Perú ya hay ejemplos exitosos de alianzas públicas y privadas. Uno reciente es el programa Mivivienda. También se pueden identificar éxitos en Sedapal, ONP, Reniec y la ONPE.
Perú debe establecer los procedimientos legales con el fin de implementar la "prueba de mercados obligatoria" como instrumento para modernizar nuestro sector público y fomentar un clima de franco entendimiento y profesionalismo entre el sector público y el sector privado.
Así como se está recuperando en el país la confianza en las instituciones públicas, se debe recuperar con igual o mayor fuerza la credibilidad en el sector privado.
*Presidente Ejecutivo de COM.SA, autor del libro "Outsourcing, compartiendo el conocimiento", prologado por Ruth Richardson, ex ministra de Finanzas de Nueva Zelanda.
(c) www.aipenet.com
Winston Churchill, uno de los grandes protagonistas de la tragedia iniciada en 1939, confesaba: "Esta guerra...ha hecho naufragar lo que del mundo quedaba a flote después del conflicto anterior"
Al finalizar, en 1945, la Segunda Guerra Mundial, toda la humanidad tuvo que confrontar los resultados y el balance de seis años de conflicto armado. En el transcurso de aquella contienda murieron más de cincuenta millones de seres humanos, más de la mitad de la cual eran miembros de la población civil. En países como Grecia, Francia, Polonia y Yugoslavia, el número de víctimas civiles superó con amplitud al de los combatientes caídos. Entre los muertos figuraban doce millones de hombres, mujeres y niños asesinados en los campos nazis de concentración, 50 mil civiles alemanes aniquilados por los bombardeos de la aviación aliada y 120 mil japoneses exterminados por las bombas atómicas lanzadas por Truman sobre Hiroshima y Nagasaki.
Refiriéndose a los horribles resultados de dicha guerra, el escritor Jaques Pirenne escribió: "Jamás conoció Europa semejante acumulación de desastres...Uno de los aspectos más penosos de la Segunda Guerra...fue el carácter total que tomó, no sólo en la concentración de fuerzas de las potencias beligerantes, sino también en su política de destrucción...Este método de guerra sólo puede compararse con el de los asirios o mongoles, que después de haber conquistado las grandes ciudades asesinaban sistemáticamente a sus habitantes."
Por fortuna para la humanidad, en medio del ensordecedor estrépito de los combates y la vocinglería de los partidarios de los conflictos armados, siempre han existido destellos de humanidad. Son aquellas voces que a lo largo de la historia han sabido levantarse para exigir solidaridad con todas las víctimas dejadas por los combates. De esas voces luchadoras han ido desarrollándose el conjunto de normas y principios -hoy conocido como Derecho Internacional Humanitario- que trata de disminuir la muerte y la ruina provocadas por las contiendas bélicas. Hoy más que nunca y a pesar de la guerra, los partidarios de la paz debemos velar por el repeto de esos logros.
EL 12 de gosto de 1949 se suscribieron los cuatro convenios de Ginebra que hoy regulan la protección debida a las personas no combatientes en situaciones de conflicto armado internacional o interno. El 10 de junio de 1977, estos convenios fueron complementados con dos protocolos adicionales. El Derecho Humanitario establece -entre otras normas- que las personas fuera de combate y las que no participan directamente en las hostilidades, tienen derecho a que se respete su vida y su integridad física y moral. Estas personas serán, en toda circunstancia, protegidas y tratadas con humanidad, sin distinción alguna de índole desfavorable. Las partes en conflicto harán distinción en todo tiempo, entre población civil y combatientes, protegiendo a la población y los bienes civiles. No deben ser objeto de ataques ni la población civil como tal ni las personas civiles.
Quienes se crean eximidos de la obligación de respetar los principios del Derecho Humanitario deben rcordar que: "Es la misma conciencia del género humano la que proclama cada día con mayor fuerza estos principios. Por consiguiente, todas las acciones que deliberadamente se oponen a ellos, y las órdenes con las que tales acciones se prescriben, son criminales y ni la obediencia ciega puede excusar a quienes las obedecen". Seguramente aún está lejano el día en que se logre acabar con la guerra, pero ello no debe impedirnos tener presente que hasta la guerra tiene límites, mas no podemos limitarnos al hacer todo lo posible por construir la paz.
(mabernal@sinfo.net)
En Perú ya hay ejemplos exitosos de alianzas públicas y privadas. Uno reciente es el programa Mivivienda. También se pueden identificar éxitos en Sedapal, ONP, Reniec y la ONPE.
Perú debe establecer los procedimientos legales con el fin de implementar la "prueba de mercados obligatoria" como instrumento para modernizar nuestro sector público y fomentar un clima de franco entendimiento y profesionalismo entre el sector público y el sector privado.
Así como se está recuperando en el país la confianza en las instituciones públicas, se debe recuperar con igual o mayor fuerza la credibilidad en el sector privado.
*Presidente Ejecutivo de COM.SA, autor del libro "Outsourcing, compartiendo el conocimiento", prologado por Ruth Richardson, ex ministra de Finanzas de Nueva Zelanda.
(c) www.aipenet.com