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Construir un Panamá posible


EL MODELO económico que ha generado tantas desigualdades ha llegado a su fin.
Lo más loable del espíritu humano es estimular la tendencia al fortalecimiento de los vínculos solidarios. Esa inclinación no es consustancial con la naturaleza humana. No se hereda. Se cultiva. Lograrlo demanda anteponer a toda conveniencia particular la voluntad de servir a la satisfacción del bien común y del interés supremo de la vida colectiva como Nación.
Para alcanzar esa meta es necesaria la intervención de la maquinaria política del Gobierno Nacional para convocar y conducir todas las fuerzas positivas del país a fin de impulsar una agenda social acorde con los tiempos, los intereses y las necesidades de Panamá. Para conjugar el desarrollo económico con la justicia social se requiere un pacto social que siente las bases para una mejor distribución de la riqueza nacional. De allí la urgencia por darle una reorientación homogénea a la economía panameña. El modelo económico que ha generado tantas desigualdades ha llegado a su fin. Está agotado. No rinde para las necesidades del país, no genera suficiente crecimiento, ni se corresponde con la situación mundial, reconoció el presidente Martín Torrijos. En su mensaje a la Nación delineó los principios en los que se fundamenta su programa de equidad fiscal.
Como sociedad siempre se está a tiempo de rectificar el rumbo. El problema es que mientras no se tenga conciencia de la necesidad de hacerlo, el precio va a ser mucho más alto. O se cambia ahora o habrá desbordamientos sociales que nadie desea y cuyas consecuencias pondrían en peligro la paz y la convivencia social, advirtió el mandatario.
Al asegurar que la equidad es una forma de producir riqueza, Torrijos presentó los dos ejes básicos de la nueva política fiscal que busca la equidad tributaria. Impuestos para los que más tienen y reducción de los gastos del gobierno. Es más justo que quienes sacan más beneficios inviertan en desarrollo social a sabiendas de que, a la larga, también serán beneficiados, explicó. La fórmula es sencilla. Los que más ganan son los que más tienen que pagar.
Pero el esfuerzo será compartido con una política de reducción del gasto público. El Gobierno se compromete a ordenar la casa, reducir la planilla estatal, lograr mayor austeridad y una gestión transparente en la administración de los recursos públicos. Los funcionarios que devengan altos salarios darán su aporte con el pago de impuestos por los gastos de representación a los que también se les descontarán las cuotas de la Caja de Seguro Social. El compromiso involucra, además, mantener un sentido de dirección bien definido y una medición de los resultados de la gestión.
Con políticas económicas y sociales claras, con un sistema tributario más equitativo, con una economía orientada hacia las exportaciones y con una administración pública transparente, el país tiene un futuro promisorio, aseguró Torrijos.
Mientras, hay que alcanzar consensos básicos sobre ese nuevo modelo de desarrollo. Esos consensos habrá que irlos armando mediante un ejercicio de acuerdos con el sector privado que se siente afectados con la nueva política tributaria. Lo que está en juego es la convivencia pacífica ante la falta de respuesta a la histórica y lacerante desigualdad social. La barrera de prevención ante esos riesgos de desintegración económica y social, es un acuerdo nacional. Ese contrato social puede representar para Panamá una nueva fuerza para la sociedad integrada con objetivos comunes y metas compartidas a fin de recuperar las vínculos solidarios como Nación.
Es revelador descubrir que en la década de 1940, el ideólogo del liberalismo social Francisco Arias Paredes llamada al sector privado a contribuir para reducir el rezago en que se encontraba gran parte de la población panameña. En la obra Pancho Arias y su época, de próxima publicación, Marcel Salamín Cárdenas, recrea la profunda reforma social en la que estaba empeñado Arias Paredes. Promovía la intervención del Estado en un pacto social que construyera puentes entre la democracia, el mercado, la justicia social y la restitución de la esperanza de los panameños acerca de que la vida en sociedad puede ser diferente, pacífica, buena y justa.
Desde entonces la mayoría de los panameños sueñan con un país posible. Ahora, con el impulso de todos, puede hacerse realidad.
¡Ni favores, ni limosnas, sólo real equidad!

101 años de Panamá América

 
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