Construyamos la igualdad y la equidad
Las mujeres panameñas representamos el 50% de la población y somos el 50% del electorado. Las ciudadanas con derecho a ejercer el voto tenemos que contribuir para modificar la cultura social y política que cada cinco años se quedan en promesas incumplidas por los gobernantes de turno, a pesar de haber firmado acuerdos y pactos dirigidos a lograr la equidad e igualdad de género.
No es necesario recurrir a la historia para recordar lo que ha significado y significa aún el poder masculino en este país y en el mundo. Su poder se ha caracterizado por recurrir a la religión, a la interpretación y a la tergiversación de los textos sagrados para erigirse en dueños y señores de todos los espacios; organizar invasiones, conquistas violentas, aniquilaciones y guerras para extender su dominio territorial, comercial y cultural; crear un sistema judicial, legislativo, educativo, comercial y de esparcimiento basado en la confrontación, organizar el mundo políticamente en una permanente dicotomía de buenos y malos. Definitivamente que el concepto de poder desde la perspectiva masculina difiere mucho del concepto de poder según la mentalidad femenina.
Hemos logrado algún nivel de equidad, pero los datos reflejan que la población femenina del país aún está por debajo del promedio en ingresos, participación política y económica. Cada paso, por pequeño que sea, nos acerca un poco más a la igualdad entre hombres y mujeres, pero queda mucho camino por recorrer. Y a pesar de que instaurar la igualdad y equidad no es sólo un problema de las mujeres, sino de toda la sociedad, es en la etapa política en que nos encontramos, que las ciudadanas de este país tenemos una oportunidad para lograr las transformaciones que nos permitan lograr un mayor acceso a los espacios de poder y toma de decisiones. Hacerlo, pasa por una reflexión profunda de las propias mujeres, de la valoración histórica de cómo hemos sido tratadas políticamente en los 54 años que llevamos ejerciendo los derechos políticos, desde que en 1945 los obtuvimos plenamente, gracias a las luchas de mujeres valerosas como Clara González, Esther Neira de Calvo, entre otras. Es hora de que las mujeres empecemos a practicar reglas para ejercer y alcanzar plenamente nuestros derechos ciudadanos. Votar por mujeres.
Si las mujeres votasen por otras mujeres habría mayor presencia femenina en los espacios políticos. Esto no significa votar por cualquier mujer, sino por aquellas que demuestren capacidad, integridad y compromiso con la causa femenina y la sociedad en general. Una vez alcanzados los cargos, ellas deben evitar comportamientos típicamente masculinos y no caer en la amnesia de "toma de poder.
La feminidad, nuestros valores representativos no podemos limitarlos a la sensibilidad, a la maternidad y mucho menos la pasividad. Tenemos que volver a descubrir y a poner sobre el tapete nuestra capacidad creadora y transformadora, apoyando a las candidatas a puestos de elección verdaderamente comprometidas con la hazaña de convertir en realidad la tan anhelada igualdad y equidad.