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Consulta de primera mano


En las naciones del primer mundo (Ejemplo: USA) existen sistemas permanentes para medir el grado de aceptación de todas y cada una de las acciones de gobierno y de la empresa privada. Tanto es así que se escogen anualmente, de manera científica, una cantidad representativa de hogares a lo largo y ancho del país, los que con periodicidad predefinida monitorean el nivel de aceptación de los nuevos y viejos productos del mercado, lo mismo que evalúan el impacto de la publicidad empleada para motivar su consumo.
En cuanto a las decisiones trascendentes del gobierno central y estatal ninguna es tomada si no se realiza, previamente, una evaluación de las alternativas posibles y de su repercusión en la voluntad electoral y en los objetivos trascendentes que se tienen como nación.
Hago todo este preámbulo para expresar mi humilde opinión de que ya va siendo hora que en este país se realicen consultas populares directas, para sopesar el sentir de las grandes mayorías en relación a temas que van más allá de la responsabilidad de un dirigente, club cívico, partido e inclusive, sociedad política, porque al final de cuentas afectará a varias generaciones de panameños, que también tienen derecho a participar y ser escuchados.
Haciendo un breve recuento de dichos temas trascendentes me atrevo a señalar la siguiente docena, reconociendo de antemano que los tres millones de panameños no pensamos de manera idéntica.
La construcción de un tercer juego de esclusas, con un puente adicional, o un túnel en relación al Canal de Panamá es un tema de interés principal, lo mismo que la intención de hacer un subterráneo o monoriel en el área metropolitana de la ciudad capital.
Hasta dónde nuestra histeria colectiva de rechazar el poseer un ente militar autóctono ante la posibilidad de un golpe militar futuro, está transfiriendo pasiva o activamente, la responsabilidad soberana a velar por nuestra seguridad nacional a lo interno y externo, a fuerzas y ejércitos extranjeros en la figura de CEMAS, tropas invitadas, visitantes, turísticas o sabrá Dios cuál otra pintura cosmética. Esta deberá ser una decisión pronta y definitiva.
La reforma integral de la Constitución Nacional, emparchada en varias ocasiones, que demanda una actualización de cara al tercer milenio, en donde se consigne un número tope al crecimiento demográfico de un privilegiado Organo Legislativo convertido funcionalmente en una Asamblea de Representantes, para también transformar al Organo Ejecutivo, que se proyecta como una agencia de empleos familiar y partidaria y al Organo Judicial que se percibe como una administración de las leyes lenta y en ocasiones no ciega.
Los nuevos modelos de atención y de administración de la salud y la seguridad social deberán ser sometidos a la más amplia discusión por el pleno de la ciudadanía, pues de esta deliberación crucial dependerá que seamos en las próximas décadas, un pueblo sano, capacitado para ser parte integral del desarrollo o una miríada de enfermos y discapacitados.
La sanción de los delincuentes de cuello blanco, criminales, comerciantes de las drogas y los menores que comente actos de adultos a fin de que caiga sobre ellos el peso de sanciones severas que hagan no deseables y mucho menos posibles de repetir su ejecución, deberá ser un tópico de consideración comunitaria.
Por último, la decisión de continuar o no el actual proceso general de privatizaciones y apertura global de mercados, en detrimento de la producción nacional y sin que hasta el momento se haya demostrado que en Panamá ni uno solo de los servicios, bienes o productos que hasta la fecha se han transferido al sector privado, ha mejorado su costo, su eficiencia y mucho menos su equidad.
Lamentablemente en los países del tercer mundo, cada vez que actuamos en forma errada, nos contentamos con señalar que quien nos crítica no tiene autoridad moral para hacerlo, sin entrar a explicar el fondo del problema, a aquellos que sí la tienen.
Finalmente ante las premisas virtuales de que es mejor que nos digan lo malo, porque lo bueno ya lo sabemos y de que la voz del pueblo es la voz de Dios, me pregunto con toda sinceridad si este país no estará necesitando la formación y desarrollo de un verdadero partido que aglutine a la clase obrera, a los desocupados, a los descamisados y a aquellos que procediendo de la clase alta o media profesional, realmente han sostenido a lo largo de sus vidas, el compromiso prioritario de gobernar en beneficio de los que menos tienen.

101 años de Panamá América

 
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