Consultas necesarias y permanentes
La dirigencia obrera de Panamá, en múltiples ocasiones durante estas últimas dos semanas, estuvo anunciando que la decisión del gobierno de Martinelli, de llevar a cabo una reforma laboral que implicara incluso la afectación del domingo como día de descanso obligatorio, podría hacer estallar enfrentamientos políticos de graves consecuencias para la estabilidad del país.
Pero tales advertencias no fueron medidas -en su debido contexto- por la ministra de Trabajo, Alma Cortés, hasta tanto la Iglesia Católica se manifestara en contra de esta iniciativa del Ejecutivo. Los católicos la consideran una afrenta a las tradiciones, normas y dogmas religiosos. La tensión no ha llegado a su límite, no obstante, el presidente, contradiciendo a su ministra del ramo, ha dicho que está dispuesto a dar marcha atrás, por lo menos en estos aspectos.
Si las razones de la dirigencia sindical no son las mismas que las de la Iglesia Católica para oponerse a tales reformas, lo que si cabe señalar es que el Ejecutivo introdujo en mal momento factores adicionales de tensión en un país sobrado de problemas. Por otro lado, ante estos últimos reveses sufridos por Martinelli, queda la sensación de que al presidente no lo están aconsejando con prudencia, sensatez y buena fe. Contradicciones con el supuesto interés de consultas populares, pues cuando se tiene la oportunidad se ignoran tales procesos que siempre están abiertos y no requieren normativa alguna para sostener el diálogo tal como debe hacerse de manera permanente y sostenida para garantizar la paz en Panamá.