Contaminación en el Area Canalera
A pocas semanas de las impactantes declaraciones de Robert Pastor ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano que preside Jesse Helms, en las que exhortó a su país a honrar su compromiso de descontaminar el Area Canalera, con los mismos "estándares de calidad" a los que aplica a las bases militares en su propio suelo, se producen otras no menos impresionantes de John LindsayPoland, director del Fellowship of Reconciliation, una asociación ambientalista estadounidense.
Según LindsayPoland, su organización ha dedicado tiempo y estudios al problema de descontaminación causada por la presencia militar norteamericana en nuestro suelo, de los que ha obtenido evidencias de pruebas de gas mostaza, fosfógeno y cianuro hidrogenado en isla San José en los años 40, y de la existencia de sitios de almacenamiento en Río Hato.
El gas mostaza, usado en Vietnam en los 60 y 70, donde dejó secuelas de altísima incidencia de cáncer en las mismas tropas norteamericanas, fue probado extensamente en ChivoChivo. Por su parte, el Centro de Pruebas Tropicales realizó pruebas de almacenaje y exposición al medio ambiente de municiones químicas gas sarín y agente VX incluso, entre los años 1964 y 1968.
El agente VX es el mismo que se procura erradicar de Irak. Una pequeña ojiva del tamaño de un tanque de cinco galones, puede matar a medio millón de personas, mediante un fulminante ataque al sistema nervioso que provoca asfixia y paro cardíaco.
No se trata, por ende, de los polígonos de tiro, saturados de granadas sin explotar, como las que aparecen de cuando en cuando en Isla Iguana; sino de armas proscritas por la Convención de Armas Químicas de las Naciones Unidas. Eso sin contar las municiones antitanque, de uranio empobrecido, que Estados Unidos dijo haber retirado tras someterlas a pruebas de efecto del medio ambiente tropical.
Tampoco hablamos de tuberías de plomo y el uso de asbesto cancerígeno en las edificaciones revertidas. Nos estamos refiriendo a una contaminación extremadamente nociva, de difícil erradicación, capaz de permanecer por siglos con todo su poder letal, con el riesgo de que, olvidados, un tractor o perforadora de suelos los alcance y haga explotar un día.
No es justo que se marchen dejando tras de sí la contaminación y sus secuelas. Comprendemos que en algunos casos la tecnología actual no permite una solución total; pero debe quedar claro el compromiso norteamericano de sanear las áreas, con bases o sin ellas, con o sin CMA, mientras permanezca una bomba, mina o envase venenoso enterrado en nuestro suelo.
Según LindsayPoland, su organización ha dedicado tiempo y estudios al problema de descontaminación causada por la presencia militar norteamericana en nuestro suelo, de los que ha obtenido evidencias de pruebas de gas mostaza, fosfógeno y cianuro hidrogenado en isla San José en los años 40, y de la existencia de sitios de almacenamiento en Río Hato.
El gas mostaza, usado en Vietnam en los 60 y 70, donde dejó secuelas de altísima incidencia de cáncer en las mismas tropas norteamericanas, fue probado extensamente en ChivoChivo. Por su parte, el Centro de Pruebas Tropicales realizó pruebas de almacenaje y exposición al medio ambiente de municiones químicas gas sarín y agente VX incluso, entre los años 1964 y 1968.
El agente VX es el mismo que se procura erradicar de Irak. Una pequeña ojiva del tamaño de un tanque de cinco galones, puede matar a medio millón de personas, mediante un fulminante ataque al sistema nervioso que provoca asfixia y paro cardíaco.
No se trata, por ende, de los polígonos de tiro, saturados de granadas sin explotar, como las que aparecen de cuando en cuando en Isla Iguana; sino de armas proscritas por la Convención de Armas Químicas de las Naciones Unidas. Eso sin contar las municiones antitanque, de uranio empobrecido, que Estados Unidos dijo haber retirado tras someterlas a pruebas de efecto del medio ambiente tropical.
Tampoco hablamos de tuberías de plomo y el uso de asbesto cancerígeno en las edificaciones revertidas. Nos estamos refiriendo a una contaminación extremadamente nociva, de difícil erradicación, capaz de permanecer por siglos con todo su poder letal, con el riesgo de que, olvidados, un tractor o perforadora de suelos los alcance y haga explotar un día.
No es justo que se marchen dejando tras de sí la contaminación y sus secuelas. Comprendemos que en algunos casos la tecnología actual no permite una solución total; pero debe quedar claro el compromiso norteamericano de sanear las áreas, con bases o sin ellas, con o sin CMA, mientras permanezca una bomba, mina o envase venenoso enterrado en nuestro suelo.