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Contenido de las propuestas


Luego de observar un debate presidencial de nuestros vecinos del norte, sobrevino a mi mente una comparación casi obligada hacia nuestras latitudes. Y aun cuando, considero que no todas las cosas de este país del norte son buenas, debo reconocer la calidad y preparación de sus propuestas electorales, claro ejemplo de una planificación no sólo para ganar, sino para gobernar.

Para algunos, nuestra democracia, no tiene más de veinte años, tomando como punto de partida el derrocamiento de la dictadura militar en 1989. Por esta razón, justifican la falta de contenido y el arraigado paternalismo de las propuestas electorales de nuestros candidatos actuales. Disiento de esta opinión, ya que la edad de nuestra democracia, si este fuese el caso, no tiene nada que ver o poco, con la calidad de oferta electoral que se debe presentar. Lo que no puedo negar, es el retroceso que tuvo nuestra cultura electoral, durante la mencionada dictadura. Por otro lado, si la madurez de nuestro sistema democrático fuera la causa de la mencionada pobre oferta electoral, entonces una deducción lógica sería que cada cinco años, esta oferta fuese mejor; sin embargo, la realidad apunta a otra dirección. Y es que pareciese que la planificación de políticas gubernamentales razonadas son un elemento que sólo se aborda una vez que se llegue al poder, pues lo que cuenta en campaña es ganar los votos, no importan las mentiras blancas y de colores que se le ofrezcan a los electores.

Lo peor de esta situación es que el pueblo, con estudio o sin él, se está acostumbrando a no demandar explicaciones, contenido y razón a las propuestas electorales. Así las cosas, pareciera que votamos con mucha fe, pero nada de raciocinio. Y es donde nacen las propuestas del alma, del sentimiento, de las vísceras y otros elementos que en nada colaboran para una adecuada evaluación del candidato o candidata apta para el puesto de elección.

Debemos mirar a otros pueblos hermanos, que por esta razón y por otras, escogieron a dirigentes con personalidades peculiares y, en algunos casos, con megalomanías que detentan el poder como si fuera su finca privada, realizando todo tipo de actuaciones para beneficio de unos, en detrimento de los derechos civiles y garantías individuales, eso sí, arropados con el fino manto de la democracia.

Por estas consideraciones y por el porvenir de nuestra patria, realicemos una buena selección de nuestros próximos gobernantes, no sólo con el sentimiento, sino exigiendo una verdadera planificación, a fin de conocer qué hará, cómo lo hará y cuando lo hará. Sólo así, distinguiremos quién será mejor para administrar lo que es nuestro y de todos: la Cosa Pública.

[fdelgado@panama-lawyer.net]

101 años de Panamá América

 
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