Continuidad y continuismo
Las normas electorales permiten que el equipo de gobierno plantee una figura de recambio como candidato presidencial. Por eso se habla de continuidad en el ejercicio del gobierno, pues la sustitución necesaria de la figura del gobernante no es sinónimo de un desplazamiento obligado del equipo de gobierno de un periodo a otro. Así, se plantea hoy que, si una figura ministerial perteneciente al Consejo de Gabinete ocupara la presidencia en el 2009, habría "continuidad" del actual gobierno. El defecto de esta forma de pensar radica en que las tareas que deberá enfrentar el próximo gobierno no son iguales a las del que se inició en el 2004. Si las tareas no son iguales, probablemente las estrategias no deben ser iguales, y, por tanto, estas personas podrían no tener la misma suerte si solo piensan en "continuar" lo que se ha venido haciendo. Creer que por el solo hecho de presentar los mismos rostros, el avance y el progreso están garantizados, es caer en la falacia del "continuismo".
¿Cuántas veces el pueblo ha votado en elecciones libres y limpias a favor del continuismo? Muy pocas veces. Probablemente, la última vez fue hace más de 50 años cuando, tras un presidente asesinado y otro en la cárcel, el candidato oficialista fue ampliamente favorecido en las urnas, en circunstancias que, como se ve, afortunadamente son irrepetibles.