Continuismo versus No reelección
Una grave enfermedad de los sistemas democráticos representativos lo constituye, sin duda alguna, el continuismo en el ejercicio del poder, ya sea éste de personas o de partidos políticos.
Nuestra Constitución se opone al continuismo presidencial, cuando en su artículo 173 prohíbe la reelección inmediata. En el país todos deseamos un sistema democrático representativo participativo, en el sentido que la mayor cantidad de personas pueda ejercer a cargos de elección popular.
Pero el sistema imperante, con la partidocracia existente, hace que estos puestos sean ocupados por miembros de los partidos políticos, dado que éstos cuentan a su favor con vastas organizaciones de sus representantes y un clientelismo exagerado.
Hoy tenemos la situación que estos partidos políticos tradicionales no sólo detentan los órganos de poder, sino que además reciben subsidios económicos del Estado por el orden de los 20 millones de balboas, a objeto de sufragar sus gastos de funcionamiento, beneficios conque no cuenta el resto de los ciudadanos.
Dicha situación hace que en la práctica, los partidos y sus candidatos lleven una gran ventaja en los torneos electorales frente a todas aquellos que no pertenecen a dichos colectivos políticos.
Por otra parte tenemos que, por regla general, todos los funcionarios electos, una vez que toman posesión del cargo, desde ese mismo momento y día empiezan no sólo a pensar, sino a trabajar arduamente para su reelección, por lo que deponen a segundo y tercer lugar las funciones públicas para las cuales fueron electos y en su lugar a trabajar en su interés personal, orientando sus labores a buscar y fomentar su propio clientelismo.
Ellos no trabajan en interés de la comunidad a la cual están llamadas a servir, sino en el suyo. Todo lo que hemos venido señalando son factores negativos y realmente distorsionantes de nuestra democracia, para los cuales, por cierto existen remedios, sobre todo ahora que soplan fuertes vientos de cambios constitucionales.
En este sentido proponemos, desde ahora, que un buen cambio constitucional sería introducir el principio de No Reelección inmediata para los representantes de corregimientos, concejales, alcaldes, gobernadores (en su momento) y legisladores, incluyendo a sus suplentes.
Lo anterior provocaría que cada cinco años habría una renovación total de todas las personas que, mediante elección popular, ocupan cargos públicos.
Dicha propuesta jamás será aceptada y menos aprobada por los actuales legisladores pues, en mi opinión, primero se les seca la mano. Esta reforma sólo la puede adoptar la Asamblea Constituyente y así lo proponemos.
Da la impresión de que nuestros jóvenes no saben que pertenecen a un cuadro histórico, humano y social. Hay que crearles y afinarles el sentido de pertenencia, que se sientan respaldados por nuestra cultura. Enseñarles las grandes figuras que ha producido la Patria y que ellos supinamente ignoran aún en la conmemoración del Centenario republicano que no pasó de simples fiestas estilo carnaval.
Todavía es hora de rectificar. La filosofía de la educación precede a toda técnica pedagógica. Si no sabemos qué clase de hombre pretendemos formar, ninguna enseñanza será efectiva y menos formativa.
La educación es un medio; el hombre es un fin, cada hombre, todo el hombre. Quienes nos hemos dedicado a enseñar hemos de preguntarnos si cumplimos a cabalidad nuestra misión. Educar es más una vocación que una profesión.
Nuestra Constitución se opone al continuismo presidencial, cuando en su artículo 173 prohíbe la reelección inmediata. En el país todos deseamos un sistema democrático representativo participativo, en el sentido que la mayor cantidad de personas pueda ejercer a cargos de elección popular.
Pero el sistema imperante, con la partidocracia existente, hace que estos puestos sean ocupados por miembros de los partidos políticos, dado que éstos cuentan a su favor con vastas organizaciones de sus representantes y un clientelismo exagerado.
Hoy tenemos la situación que estos partidos políticos tradicionales no sólo detentan los órganos de poder, sino que además reciben subsidios económicos del Estado por el orden de los 20 millones de balboas, a objeto de sufragar sus gastos de funcionamiento, beneficios conque no cuenta el resto de los ciudadanos.
Dicha situación hace que en la práctica, los partidos y sus candidatos lleven una gran ventaja en los torneos electorales frente a todas aquellos que no pertenecen a dichos colectivos políticos.
Por otra parte tenemos que, por regla general, todos los funcionarios electos, una vez que toman posesión del cargo, desde ese mismo momento y día empiezan no sólo a pensar, sino a trabajar arduamente para su reelección, por lo que deponen a segundo y tercer lugar las funciones públicas para las cuales fueron electos y en su lugar a trabajar en su interés personal, orientando sus labores a buscar y fomentar su propio clientelismo.
Ellos no trabajan en interés de la comunidad a la cual están llamadas a servir, sino en el suyo. Todo lo que hemos venido señalando son factores negativos y realmente distorsionantes de nuestra democracia, para los cuales, por cierto existen remedios, sobre todo ahora que soplan fuertes vientos de cambios constitucionales.
En este sentido proponemos, desde ahora, que un buen cambio constitucional sería introducir el principio de No Reelección inmediata para los representantes de corregimientos, concejales, alcaldes, gobernadores (en su momento) y legisladores, incluyendo a sus suplentes.
Lo anterior provocaría que cada cinco años habría una renovación total de todas las personas que, mediante elección popular, ocupan cargos públicos.
Dicha propuesta jamás será aceptada y menos aprobada por los actuales legisladores pues, en mi opinión, primero se les seca la mano. Esta reforma sólo la puede adoptar la Asamblea Constituyente y así lo proponemos.
Da la impresión de que nuestros jóvenes no saben que pertenecen a un cuadro histórico, humano y social. Hay que crearles y afinarles el sentido de pertenencia, que se sientan respaldados por nuestra cultura. Enseñarles las grandes figuras que ha producido la Patria y que ellos supinamente ignoran aún en la conmemoración del Centenario republicano que no pasó de simples fiestas estilo carnaval.
Todavía es hora de rectificar. La filosofía de la educación precede a toda técnica pedagógica. Si no sabemos qué clase de hombre pretendemos formar, ninguna enseñanza será efectiva y menos formativa.
La educación es un medio; el hombre es un fin, cada hombre, todo el hombre. Quienes nos hemos dedicado a enseñar hemos de preguntarnos si cumplimos a cabalidad nuestra misión. Educar es más una vocación que una profesión.