Contra el crimen
La causa primaria de la espiral de violencia que en los últimos años azota al país está en el narcotráfico. Por razones obvias, los tentáculos internacionales de esta red delincuencial organizada le asignan a Panamá el rol de centro de distribución con destino hacia mercados de EE.UU. y Europa.
Los cargamentos de droga que a diario incauta la Policía Nacional son muestra irrefutable de la vulnerabilidad de nuestras fronteras. Los puntos de acceso terrestre, marítimo y aéreo parecieran estar a disposición del narcotráfico. Pero, parte de la droga se queda en el país, desatando una lucha por el control de calles y barrios, convirtiéndolos en un campo de batalla, desatando una intolerable inseguridad ciudadana.
La capacidad de fuego y financiera del crimen organizado, supera con creces la capacidad de fuego oficial. Y lo peor es que queda expuesta al influjo de ese poderío, la debilidad de nuestra estructura judicial, de nuestro sistema económico, y de nuestras instituciones democráticas. Si el orden estatal muestra tales síntomas, nos quedaría declarar al mundo nuestra impotencia, y trasladar a "nuestros amigos del Norte" la solución del problema, o como Nación soberana, asumir nuestra responsabilidad, y enfrentar esta agresión. La nueva codificación penal ha aumentado las penas, pero este remedio posee una eficacia reducida para contrarrestar el ataque frontal del narcotráfico contra el Estado Nacional.
Por el agravamiento de los problemas sociales causados por el flagelo, su represión supera el límite de lo delictual e ingresa en la esfera de la seguridad nacional. La imagen del policía descolorido y desmotivado debe ser reemplazada por la de un nuevo uniformado capaz de asistir sonriente a una anciana que intenta cruzar una calle, y, a la vez, capaz de enfrentar al narcotraficante como a un verdadero enemigo de la Nación. ¿Riesgos? Es cierto que la experiencia sustenta temores y aprehensiones en el fortalecer la institución de seguridad pública; luego, entonces, urge un acuerdo político sobre la necesidad de someter su accionar al control judicial. ¿Conveniencias? Todas.
El Estado Nacional debe sobreponerse a aquello que conspire contra la democracia, haciendo uso de todos sus poderes y recursos disponibles, a fin de recuperar en beneficio de los ciudadanos, el disfrute de la seguridad ciudadana perdida.