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Contradicciones y verdades sobre el liberalismo


Aseveraciones injustas y contradictorias aparecen en un artículo reciente, elaborado por un amigo que quizás por distintas ausencias que lo reclamaron en posiciones diplomáticas en el exterior, no tuvo el tiempo suficiente, y menos en los últimos siete años, de seguir de cerca los problemas del liberalismo nacional.
Dejando la impresión de que los partidos liberales están próximos a su fin porque no cuentan hoy con "los hombres y mujeres que le dieron prestigio ni con el espíritu y las ideas que otrora normaron y honraron su comportamiento y realizaciones públicas", nos parece pertinente y oportuno dejar establecido nuestras posiciones al respecto.
En gran parte del artículo al que me refiero, se deja la impresión de que el Liberalismo ya es una especie doctrinaria y programática en extinción. Nada más incierto y nada más injusto.
Un artículo de prensa no permite entrar en detalles para precisar muchos conceptos pero nos atrevemos a presentar algunos de los más sobresalientes para rebatir esta publicación.
Lo que ha ocurrido en Panamá antes y después de la invasión es sencillamente lo que le puede ocurrir a cualquier país cuando la corrupción empieza a corroer las entrañas mismas de la sociedad. Y esto es lo que ha venido sufriendo Panamá en las últimas tres décadas. La primera, aquella en donde una dictadura militar acabó primero con todos los Partidos Políticos e impuso condiciones para dejarlos reactivarse. Las distintas instancias en que este desarrollo se dio, fueron acompañadas de corruptelas imposibles de eliminar y que muchos políticos honestos tuvieron que aceptar para dar paso a realizaciones futuras convenientes para el país.
Muchos civiles, "figuras prestigiosas", del pasado participaron del mando militar sobre el civil que significaron 21 años de dictadura.
El Partido Liberal y los otros Partidos no estuvieron exentos de estas circunstancias. Las ofertas de empleos, honores, dádivas y privilegios que se dieron en ese tiempo doblaron a muchas personalidades. Diríamos que no fueron muchos los dirigentes de las distintas corrientes políticas que se mantuvieron fieles a sus principios y a las doctrinas de sus Partidos y que constituyeron el substratum de la dirección civilista que coadyuvó a dar al traste con la hegemonía militar.
Todos los Partido doctrinarios sufrieron crisis y la continúan sufriendo en el presente.
Cuando se dice, en el artículo aludido, que "los viejos liberales debieron haber optado por una retirada o un cambio en la última década", sencillamente no saben las tremendas vicisitudes que vivieron los que trataron de mantener vigente e incólume al liberalismo. No saben, por hablar del último quinquenio, que fueron principalmente tres Legisladores, quienes asumieron la postura histórica más importante y valiente de la oposición. En ese lapso, en que el Liberalismo tuvo que reinscribirse, se corría hacia el desenlace de unas elecciones en donde la ambición por recibir el Canal de Panamá se convirtió en una obsesionante idea. Partidas circuitales monstruosas, profusión de becas ilegítimas para amarres de dirigentes políticos de otros bandos, dádivas millonarias de materiales de construcción y toda clase de enseres domésticos para comprar el voto. Todo eso contribuyó a que sólo los Partidos con muchos fondos locales e internacionales decidieran esta última contienda política.
No negamos la responsabilidad que nos cabe en esa conducción. La asumimos plenamente. Pero no se diga ahora que esto ha sido objeto de una sauna, hermenéutica política dentro de un clima de aproximada transparencia y legitimidad electoral. Por que si los votos los contó el Tribunal Electoral, la corrupción que se dio alrededor de las urnas de votación asesinaba a mansalva principios, doctrinas y programas políticos.
Los principios liberales, la doctrina liberal, tal como lo dice el articulista, se fundamentan en lo que dio vida al Liberalismo: "Libertad, igualdad y fraternidad" y yo añadiría, democracia y justicia social. Por que el Liberalismo moderno incorporó esta justicia social contrapuesta al neoliberalismo. El Liberalismo es una doctrina para siempre y no necesita cambiar de nombre.
Las ideas liberales han sido expuestas siempre por distintas dirigencias del Liberalismo. En este último período electoral hubo profusión de pronunciamientos y posiciones liberales plasmadas en debates, en innumerables presentaciones a través de los distintos medios de comunicación, en programas partidarios, etc. Lo que no hubo fue, y así debo admitirlo, un cofre lleno de dinero para comprar conciencias y corromper ciudadanos. Pero tengo la satisfacción de saber, que aún cuando el Liberalismo en las últimas décadas no ha contado con ayudas millonarias internas y externas, logísticas desorbitantes, etc. con que contaron otros Partidos, siempre la presencia liberal se mantuvo. En política también se dan los ciclos. Estamos en uno en que todavía no se han presentado los síntomas del cambio ineludible o los imponderables que a veces vienen como milagros a ayudar a configurar mayor decencia en el devenir de la política nacional. En ese momento regresará el Liberalismo en todo su esplendor.

101 años de Panamá América

 
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