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Contrarios ayer, aliados hoy


La política panameña no ha dejado de ser el mar de sargazos que ha sido siempre, cubierto de semi-algas (léase partidos políticos), que flotan en la superficie o que se conservan medio hundidas, aunque algunas de ellas van muriendo, poco a poco, de putrefacción. El símil cae bien, sobre todo en la historia bastante conocida de partidos que no duran muchos años, flotando en la palude.
Sólo por razones históricas del Centenario republicano fueron mencionados en los documentos del año que pasó los legendarios partidos Liberal y Conservador, desaparecidos hace muchos años. Ya al mediar el siglo XX, esos dos partidos, que nos legó la separación de Colombia, habían fenecido, lo mismo que sus adalides valiosos. El Conservador fue el primero en hacer mutis por el foro, y cuando en los años treinta algunos jóvenes que se sentían herederos de las huestes de Amador Guerrero, de Obaldía, y de Don Santiago de la Guardia, se reunieron para fortalecer la proyectada vigencia del otrora célebre Partido Conservador, no pudieron pasar de echarle algo de tierra a las lápidas que guardaban los retos de sus antiguos paladines políticos, ya definitivamente sepultados.
Otro tanto sucedió con el Partido Liberal de los Porras, de los Chiari, de los derrotados del Puente de Calidonia y de otros hombres que ya habían rendido su jornada bajo las toldas del pendón rojo. Todavía algunos herederos de sangre, de liberales desaparecidos hace décadas, pretenden a veces resucitar los viejos nombres de sus viejos parientes liberales, sin que hubiera sido posible cuajar con un mínimo de fuerzas en sus propósitos de exhumación. También anotamos la desaparición temprana de partidos neófitos de la segunda mitad del siglo XX.
La sustancia ideológica no ha sido materia prima en la procesión de nuestros partidos políticos. Incluso, el Partido Demócrata Cristiano panameño que todavía en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial trataba de mantenerse como partido ideológico, al lado de sus congéneres de Costa Rica, Venezuela, Brasil y Chile, ya estaba en su época de la palidez ideológica y su desteñimiento orgánico. En los últimos años, escudándose en la decisión internacional revisionista de cambios capitales hacia dentro y hacia fuera de los partidos de la Internacional Democristiana, el Partido panameño inició las sendas de reformas internas y alianzas electorales, que estimaban salvadores para guardar la existencia numérica electoral.
En este camino, se alió al arnulfismo en 1989 y con el líder en ciernes Alberto Vallarino en 1994, quien no pudo triunfar en la elección presidencial, pero selló la subsistencia electoral del PDC. Y en este último quinquenio, el partido a que nos estamos refiriendo se vio obligado a compactarse nada menos que con el Partido Revolucionario Democrático (de los Torrijos, de los Noriega y de los Pérez Balladares) su enemigo a muerte hasta 1998.
Persecuciones y sangre abrieron un foso profundo en la Democracia Cristiana y el PRD, todavía durante el período presidencial de Pérez Balladares (1994-1999). Pero la derrota electoral acercó a ambas minorías en la Asamblea Legislativa, que fue el comienzo de lo que después se transformó en luna de miel, en la que están ahora, por encima de "diferencias ideológicas, persecución y sangre". El Pacto META y ahora la Alianza Patria Nueva, jalonan en los últimos años las maniobras del Partido Demócrata Cristiano (PDC), que siguiendo parte del catecismo electoral de la Internacional Democristiana, ha hecho cambiar el antiguo nombre al de Partido Popular (PP). Pero ni "las viejas" alianzas de 1989 y 1999 (con partidos distintos), ni la nueva de este año eleccionario con el PRD podrán servirle a los populares (ex democristianos de décadas pasadas), en su "maniobrerismo", sobre todo con el fin de subsistir como partido en mayo próximo. ¿Qué tiene que ver la supuesta ideología del ahora Partido Popular con la "ideología" del PRD?
Llama la atención que el PRD actual parece no tener mucha confianza en la fuerza eleccionaria decadente del "nuevo" PP, y por ello ha confiado la candidatura de la Segunda Vicepresidencia al Dr. Rubén Arosemena, ubicando en su Primer Vicepresidencia a una persona que hasta ayer fue miembro de un partido que desde hace varios meses candidatizó para Presidente de la República al Dr. Endara, ex presidente y ex miembro hasta hace poco del Partido Arnulfista, ayer de Arnulfo y hoy de Mireya.
Este último giro de parientes muy allegados que se ubican en nóminas contendientes en lo electoral, también confirma la orfandad ideológica de los partidos políticos panameños durante todo el siglo XX, y además al romper la primera contienda eleccionaria del siglo XXI, prueba que ni siquiera la posibilidad de nuevos propósitos al entrar un nuevo siglo hace alterar la práctica y políticas nacionales, más fuertes y poderosas que cualquier clase de ideología, sea la que entre nosotros se invoque.
Todo lo anterior explica nuestra denominación del presente artículo: Contrarios ayer, aliados hoy. Ni siquiera el esfuerzo dialéctico del Dr. Ricardo Arias Calderón, en su artículo del último domingo, con el título "Un acontecimiento político", que se refiere a la Alianza Patria Nueva, puede convencer que median razones de política nacional, que expliquen la recién bautizada compactación entre el PRD y el PP (ex democristiano).

101 años de Panamá América

 
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